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george Russell – The Lydian Chromatic Concept of Tonal Organization.

http://www.mediafire.com/?2vjfn4idtjy
sonida: canción, autor.

April 14, 2010

569 (post rescatado del olvido)

no piensas con categorías, no usas condicionales, no hay análisis. Hay pliegues, hay retornos, líneas y desplazamientos, memorias que resultan en memorias, acciones que resultan en retornos, afecciones anónimas. Y así, poco a poco se desintegra el tiempo. No sólo porque permanezcas siempre en ese estado de somnolencia (que se comprende a veces como simple desencanto del mundo), no sólo porque desaparezcan tus escrituras, porque tus notas sean ordenadamente incomprensibles (o inútiles), es porque pasa el tiempo: sucede el tiempo, tiempo tras tiempo, ocurre el tiempo, se instala y te atraviesa.

sonida: section 9,the polyphonic spree.

en: Uncategorized, escritura, silencio, soultripping, undead — pin2 @ 11:05 am
March 20, 2010

.Ñ.


February 9, 2010

las horas certeras

En casa, la noche. La escritura te espera. El disco, que sólo gira, conoce mil formas más de estar ahí, de no moverse y avanzar, de recorrer mil mundos. En casa mueles café mientras hierve el agua, preparas una taza más. Todas esas presencias que te hacen compañía en la noche, la música que ocupa el espacio, las sombras que definen cada sonido, y el olor del café al romper la taza, un instante de comunicación como el que no lograrás con nadie más. Accesorios que terminan por convertirse –para tormento de los profesores de filosofía del lenguaje– en sustantivos, en entes determinados idénticos a sí mismos, que ordenan las últimas horas del día, las horas inútiles, las horas certeras. Sólo tienen por función disuadir el tiempo, hacerlo invisible, inútil. No es sólo un problema de percepción, nada se intensifica, es una duración diferente, que comparte las inexistencias particulares de eso que te guía, olores, sonidos, sombras. Saturado el espacio con su presencia, tú no puedes más que romperte en mil pedazos con ellas, tras ellas, tal que, en todo caso, al final de la noche sea posible una recomposición que incluya la mayor parte de tí, aunque sea para irte a dormir sin frío. Qué ocurre durante esas horas, cómo te desenvuelves, qué es lo que permanece invariable y lo que se modifica sin cesar entre esos dos instantes –enmarcados por el acto preciso de prender y apagar la luz de la sala–, es algo que tal vez nadie, y mucho menos tú mismo, podrán comprender. Más certera es la matemática, su división infinita del tiempo y la simultánea desaparición y creación del mundo que esos procedimientos implican, según Bergson, más precisa para decir que no, que en tu cabeza no ha ocurrido nada. Ni siquiera has envejecido.

January 22, 2010

com-posibilidad (olvido)

Get weak all the time, may just pass the time,
Me in my own world, yeah you there beside,
The gaps are enormous, we stare from each side,
We were strangers for way too long.

Hoy perdí 20 minutos. Por ahí. Eso no solía ocurrir. He olvidado cómo detenerme, he olvidado cómo pensar y cómo escribir. No puedo olvidar que siempre lo recordaba, pero no puedo recordarlo ahora. Ahora busco universales, razones suficientes y formas lógicas; determino el mundo desde mi centro. Había palabras que, de inmediato, se encadenaban y me llevaban a lugares más lejanos de lo que había imaginado. Al regresar, aún conservaba su sabor en la boca, recordaba. Sabía escribir, sabía dejarme llevar por una idea. ¡Vaya! si hasta tenía ideas sobre las ideas y sabía separarlas de mis propias ideas, que por básicas y sencillas quedaban de lado durante la escritura. He olvidado esa práctica, esa dedicación funcional del organismo para desgajarme sobre el teclado, descomponerme en cientos de partículas que se recomponían en la escritura (mi espacio de composibilidad). Ha sido un olvido activo, no decidido pero sé que ha ocurrido como efecto de otras prácticas, de la búsqueda de espacios diferentes, de conversaciones extendidas, de gestos que me han sido arrancados. Posibilidades suplantadas por posibilidades diferentes que no me llevan a otros lugares, que me han engañado. No por eso me he detenido. No por eso perdido el camino correcto, puesto que nunca lo conocí. No podría decir que lo encontraré, pero tampoco que no existe. No podría cambiar nada de lo que tengo por algo mejor, pero lo haría dada la oportunidad. Tampoco es seguro que pudiera reconocer esa oportunidad. No conozco tampoco el arrepentimiento sincero, no podría ignorar lo que tengo, ni podría preferirlo a lo que he perdido –puesto que he olvidado lo que tenía–. En cualquier caso, no soy tan diferente ahora. Estoy tan perdido como antes, quizás con ratas diferentes de producción/consumo, quizás ahora me atraviesan palabras a las que les tengo menos aprecio que antes y no me dejo arrastrar tan fácilmente. Quizás estoy viejo. De pronto se ha reemplazado en mi el arrojamiento por una lentitud anterior, quizás estoy aprendiendo todo de nuevo. Me sigo observando, desde el exterior, con ojos celosos, críticos e implacables. Siempre soy mi propia víctima. Sigo atravesándome en el camino de otros –que han cambiado–, sigo olvidándome de mi por otros –eso no ha cambiado–. Sí, sigo errando, y todo lo que he escrito al respecto no me ha ayudado –ni lo hará, lo sé– a encontrar esa otra ruta, al menos mientras la pretenda única, vertical, completamente diferenciada del resto. He perdido, he olvidado, he errado, no he hecho nada más que vivir. But most of all, I did it my way.

sonida: I remember nothing, Joy Division.

January 19, 2010

hay algo

que se me escapa. No es una idea, es apenas un intento mínimo de escribir, de dejar ese rastro. Es rastro de algo, de algo que ya ha ocurrido, pero cuyo contenido, más allá de esa misma ocurrencia, ya no existe. Por eso, cuando intento escribirlo, caigo en cada lugar común, recorriendo con la torpeza de un principiante las agrupaciones más básicas de ideas y palabras, prediseñadas, de uso común, y no escribo nada. Puedo, al menos, detenerme a tiempo, puedo reconocer el barrizal que he creado y suprimirlo sin vergüenza. Vuelvo a empezar. No he escrito más de tres hojas en los últimos dos meses, un hecho que sólo para no avergonzarme de mí mismo justifico creyendo que es por las fiestas. Tiempo de ocio e incapacidad mental. Recuerdo, sin embargo, que precisamente en ésta época inmóvil comenzaba a escapar del tiempo encerrándome en un cuarto de la finca a escribir en la agenda que tuviera en ese momento. Recuerdo una negra, otra café. Nunca escribí más de 10 páginas de ninguna; me escondía. Un día, al entrar al Starbucks de Union Square, comprendí que escapo de la escritura como de mí mismo, que dispongo todos los obstáculos con premeditación para prolongar ese estado de ignorancia ante mí mismo, sabiendo que, una afuera, en la escritura, todo lo que no escriba serán mentiras para mí. Esta reflexión, por ejemplo, me ha acechado desde entonces. Uf, hay algo ahí. La escritura. Vuelve. Una vez más, no puedes esquivarla. Así escribía ese día. Ahora releo esa libreta negra, –que no se llena, que me evita–, y recibo de nuevo, desde esa tarde frente a un white chocolate mokaccino, un sentimiento pesado, sereno pero irrefrenable, que comenzaba a decir adiós. No dejé fechas ese día, fue la última semana, después de la tormenta y del puente, que permanecen ahí, que marcaron el libro de Serres. Fechas inútiles. Importa más el tono, esa segunda persona que sacaste quién sabe de dónde y que en la relectura cobra una fuerza insospechada, un peso terrible que se aprovecha de conocer esos lugares íntimos, toda una disposición que escapa de la escritura, que se constituye en ese escape, que fracasa, apresado, vacío, convertido en una trampa que explotará después. No releo con cuidado cuando escribo porque siempre creo que esta relectura posterior, tres o cuatro meses después, es más significativa [update: acabo de releer esta frase y encontré un error justo aquí. ¿qué puedo decir?]. En especial en esta clase de textos inútiles de autodescubrimiento. No puedo decir lo mismo que Anaïs, no me ha poseído suficiente la escritura como para vivir en virtud del diario. (No he sido tan sabio, quiero decir, de admitirlo; nunca un enfrentamiento tan directo).

Esto no es una idea nueva, pero ciertas reglas de ortografía y gramática me obligan a insertar un salto. La frase anterior me hizo detener –aunque la escritura no alcanza a trazar esos hiatos apropiadamente–, y ahora lucho por terminar esta entrada para que sea digna de publicarse. O no. Nunca ha habido criterios editoriales aquí, sólo exploraciones. Que todavía siga escribiendo –y evitando escribir–, significa que todo ha sido provechoso y al mismo tiempo infructuoso. Ya hice el primer cambio.

sonida: Seymour Stein, Belle & Sebastian

July 17, 2009

me corté el pelo yo mismo

y es que las marcas que la ciudad no alcanza a realizar físicamente sobre tí, las debes hacer por tí mismo, al menos ser su herramienta. La ciudad te marca con tu propia mano. ¿Y cuál es esa escritura de la que escapas continuamente? Es la misma que persigues, por supuesto, la misma que no olvidas y no te deja olvidar. Es la que llena las páginas del moleskine en el subway, es la que marca tu piel, es la que deja tu nombre en los bouchers de las tiendas, de los restaurantes, del alcohol y la música que sirven de combustible para este viaje errático. Y eso lo sabes: aunque se trate diariamente de un nuevo concierto, de una nueva forma de producir sonidos desde la computer o de experimentar cada vez el desmembramiento que la música de Palestine produce, ahora a través de tus audífonos verdes, aunque te refieras a las cosas en términos de frecuencia y velocity, estás aquí para escribir. Quizás llegues a casa y lances ese EP que planeas, o que hagas un concierto, un drone interminable o lo que sea, tu viaje no estará completo a menos que de él resulten unas cuantas palabras bien alineadas, a menos que te dejes alcanzar por la escritura que te persigue, a menos que hagas marcas tú también. Por ahora no debes preocuparte, aunque ya lleves la mitad del tiempo aquí. Si lo piensas, es bastante. Y sin embargo, encuentras intersticios como éste. Estás solo, vas a estarlo durante todo el día, pero sólo hasta ahora puedes derramarte, perder la compostura. (Es decir, sentir cómo el espacio dentro de tu cabeza se hace tan grande como el cuarto que la contiene, sentir cómo el cuerpo ya no necesita de sus partes.) Atento a los sonidos, atento a los cambios de temperatura, con ese sacrificio que haces al apagar el ruidoso a/c para oir las teclas, para oir cómo cruje la casa al calentarse en el verano. Lo único que esperas es que el cuerpo se desintegre. Necesitas un grito, necesitas que tus gafas exploten (o que se pierdan en Central Park, en honor al Titán), necesitas alguna técnica para fotografiar tu cuerpo mientras pierde toda consistencia, cuadro por cuadro. Es como si pretendieras salir ileso de ese enfrentamiento con Bacon, con Giotto y con Caravaggio, con Rembrandt aunque escaso, con toda la pintura del Renacimiento, con Aquelao en forma de toro; es como si, después de haber mirado a Sócrates a los ojos (cuencas vacías para piedras preciosas robadas hace mucho tiempo), después de haber visto a Aristóteles con sombrero italiano y de haber atravesado los grandes salones de tantas galerías donde se despliega el imperio Romano, quisieras pronunciar de nuevo tu nombre y sentirlo ligero, sentir su posibilidad. Pero bueno, cuatro horas dentro del Knitting Factory y su drone eterno, sus bandas acumulando decibeles ya hicieron lo suyo para sacar todo lo que había dentro de tí y dejarte hecho una costra, de nuevo.

sonida: bookmusic, Will Redman.

May 11, 2009

Lasciate ogne speranza, voi ch’intrate

y al final de todo, sólo se trata de tomar decisiones. No voy a clase, no termino la carrera. El mundo no es la continuidad sino sus rupturas, y el resultado de todo no va más allá de una tranquilidad extraña en el pecho y una mañana que ahora es más larga. Ya puedes poner el café, aunque ya se ha acabado. Y te enfrentas a nuevos compromisos, siempre hay nuevos compromisos y sólo cambias uno por otro. Porque el cristianismo se metió por donde no lo esperabas, ahora eres culpable. Y aunque vayas a la deriva, saltando de un significado a otro, de una conexión a otra, no habrá más que vacíos: ¿cuál es la seguridad que hay cuando vas de clave de lectura en clave de lectura, buscando siempre una nueva perspectiva sin apropiarte de ninguna? Tal vez la pregunta parte de una incomprensión mutua ante el problema: la seguridad está perdida desde la entrada, es una de las premisas. Y quisieras pasarte hyperviculando tu vida, siempre un click más. ¿Acaso esperas llegar a un lugar del que ya no quieras salir? ¿O eres un nómada de por vida? Por ahora, deja tus viajes de lado y concéntrate en la escritura, ese movimiento deleuziano que te lleva más lejos que nada.

sonida: Uh!, Juana Molina.

April 15, 2009

Interroga sobre la constitución de la existencia y plantea una respuesta que no interfiera con el despliegue de la realidad.

siempre hay caos en el comienzo, siempre hay un burbujeante destello del absoluto en el origen, ursprung y sólo intentas llevarlo un poco más adelante, limitando las negaciones que constituye cada determinación, cada tag que escribes, intentando permanecer en lo indeterminado, sin convertirte en un idealista, no; siempre atado, atado a lo que sea, atado al silencio.

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sonida: Ashes on the ground, Yo la Tengo.

en: escritura, recherche, soultripping — pin2 @ 3:17 am
March 15, 2009

donald judd, 15 untitled works in concrete, 1980-1984

estaba listo. Todo iba a ser de la misma manera que había sido siempre, repetición del dia, paso por paso, con los mismos resultados, según deducciones lógicas e infinitas, asegurando la equidistancia de los puntos y la equivalencia de las variables, una parada del bus que aboliría el azar, mirada por la ventana sólo para constatar que cada nube permanece en su sitio, o que recorre el camino para ocuparlo, mirada al reloj para constatar que pronto dispararían el cañón que constataría que era la hora en la que el cañón debía a ser disparado, a la hora del té, todos a sus posiciones, el café—porque aquí tomamos más café que té—ya estaba listo, la misma temperatura, y las letras iban cayendo en orden, una tras otra, asegurando la posición de la anterior y previendo la siguiente, scrabble universal que escribiría el orden del mundo, que se escribiría al mismo tiempo en una moleskine, en una hypomnenata, en un cuaderno del taller de encuadernación y en un jean book, y en hojas de papel sueltas, agrupadas luego por ganchos universales o en carpetas de plástico verde transparente, siempre ese verde, el mismo verde, para conservarlas sin arrugas, siempre limpias, conservar el contenido impecable, así como el orden infinito que lo dicta, conservar el presente infinito, y el orden infinito que lo controla, que te controla, que te impulsa a escribir, un poco, quizás un poquito, depronto por un lado no más, que te impulsa a escribir—otra cosa—a escribir siempre según ese orden—romperl—nunca distinto, nunca nuevo, cristalino, eterno, medieval, como tus dias, como tus dias, como tus dias, como la vida que te recorre, como las conversaciones en las que saturas incoherencias y que no se rompen que no se rompen como la escritura parafernalia mística caos del mundo permanencia incandescencia y el pensamiento se retira para imponerse y se niega para afirmarse en la presencia infinita del vacío que el pensamiento ha dejado en su retirada vaca(sic) nueva, mugre limpia y nuevas conexiones que te rompen que te rompen que te rompen y que de nuevo repiten el dia y vuelves a empezar cada vez por la mañana a la misma hora y la misma alarma y el mismo recorrido, el dia siempre nuevo, siempre igual, siempre lleno de contenido siempre igual, deducciones a priori, el a priori del a priori, el mundo intacto, impecable, igual a sí mismo, contenido dentro de la permanencia del ser y permanencia atada a tu cotidianidad y a las palabras, a las palabras, siempre idénticas a sí mismas, siempre infinitas en su valor de verdad, formalizaciones eternas, inmutables, verdades lógicas, tautologías, tautologías, el mundo real, la tautología real, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post. Terminó su café y salió a la calle. No llovía.

sonida: big sky, Yo la tengo.

March 10, 2009

bo()du*m

un poco de escritura. Ahora que hay silencio. Unas líneas que se muevan entre líneas, unas palabras que lloren su opacidad, todo lo que falta. Después del silencio, después de todo el trabajo y a través de todo lo que ha sido necesario, volver a estar en el mismo punto, el sol brillando ahí a dos metros y una ventana y un vacío que te impiden alcanzarlo. Ausencia de intencionalidad, el espacio sonoro no se pliega sobre una sola fuente, se distiende y ocupa todos los rincones, adquiere todas las tonalidades, un sonido que contiene todos los sonidos, (como la luz blanca contiene todos los colores). Ocurre lo mismo, siempre ocurre lo mismo: el silencio es eso que desaparece cuando intentas decir qué es. Eso que muchos llamarán divino, aquello que la escritura no cesa de perseguir, eso que envuelve la taza de café que descansa, casi vacía, tan cerca de tu brazo que puedes tumbarla en cualquier momento.

Este es el momento en el que reconoces cuánto tiempo ha pasado, cuánto te has movido, y sin embargo qué tan poco has avanzado. Un momento que es igual a todos los momentos, que después reconocerás como el momento en el que ya estabas en otra parte pero aún no lo sabías, esa parte que será integrada luego como comienzo, como el origen de algo que ahora desconoces, y que has perseguido por siempre. También has escapado, y eso está bien; ahora no podrías volver atrás, aunque quisieras. Ahora, en lo que escribes, habla lo que has olvidado, pero en cuanto olvidado, te resulta ilegible. Quizás olvides haberlo olvidado y puedas volverlo a leer, o quizás la creatividad si se agote con la edad, quizás el crecimiento y el olvido sí sean lo mismo y ahora no estés más que nunca caminando en círculos, círculos lógicos y dialécticos, los más viciosos de todos. Este es el tipo de cosas que puedes escribir sólo ahora, mientras la mañana se distiende, mientras el mundo te abraza y buscas la salida.

El retorno no será vacío, pero tampoco es buscado. Espera.

sonida: la espera.

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