i‘ve been looking so longat this pictures of youthat I almost believe that they’re realI’ve been living so long with my pictures of youthat I almos believe that the pictures are all I can feel
remembering youstanding quiet in the rainas I ran to your heart to be nearand we kissed as the sky [...]
Comenzar es apenas demorarse más en terminar. No estoy más cerca, pero es un nuevo lugar.
Pronto más actualizaciones.
estas son las cosas que te obligan a escribir. Nada fuera de lo común, nada que sacuda tan radicalmente el espacio de tranquilidad en el que te escondes, pues ya no podrías decir nada –y no hay que especular sobre la posibilidad de que ocurra lo contrario, dado el agujero oscuro del que has salido hace no tanto como para mirarlo desde lejos–, nada que puedas simplemente describir y señalar, nada que no quede reducido a la tristeza de su insignificancia en cualquier intento leve, en cualquier frase breve, en cualquier acumulación sucesiva de palabras que se olvidan y se olvidan, porque sólo es necesario que haya un momento en el que todo esté moviéndose en todas direcciones y que tú –o algo en tí, alguien ahí, que escribe–, detengas todo un instante, que rompas ese tejido uniforme con un corte preciso –preciso como móvil, como distendido, como siempre en la posibilidad de ser otro o de nunca haber estado ahí en primer lugar–, un corte que puede hacerse entender en la pobreza del instante en el que, tras haberte esforzado por recolectar tantas letras, por componer con ellas una oración, organizando cada palabra de manera que la siguiente esté prefigurada y sin embargo su aparición nunca sea redundante, de tal manera que siempre haya espacio para una más, y obtener de todo eso una frase en la que esa tristeza alcanza a quedar insinuada, expresada, quizás no más que por la vía negativa de eso que nunca podrás decir del todo no porque no haya palabras sino porque puedes seguirlas encadenando una tras otra y así más y más perder lo que había al principio que era quizás más una mirada o un apretón en el hombro o el gesto rompemundos-congelainstantes de bajar la cabeza para evitar una palabra que pasa volando por tu lado se estrelle con to boca que está así mismo ocupada en construir y lanzar otras palabras, quizás con una densidad diferentes, que no harían daño si se estrellaran, si encontraran algo –alguien– en donde estrellarse, pero claro, eso es lo que falta, eso es lo que te movió a escribir en primer lugar. Ah.
sonida: ara, The sound of Lucrecia.

estaba listo. Todo iba a ser de la misma manera que había sido siempre, repetición del dia, paso por paso, con los mismos resultados, según deducciones lógicas e infinitas, asegurando la equidistancia de los puntos y la equivalencia de las variables, una parada del bus que aboliría el azar, mirada por la ventana sólo para constatar que cada nube permanece en su sitio, o que recorre el camino para ocuparlo, mirada al reloj para constatar que pronto dispararían el cañón que constataría que era la hora en la que el cañón debía a ser disparado, a la hora del té, todos a sus posiciones, el café—porque aquí tomamos más café que té—ya estaba listo, la misma temperatura, y las letras iban cayendo en orden, una tras otra, asegurando la posición de la anterior y previendo la siguiente, scrabble universal que escribiría el orden del mundo, que se escribiría al mismo tiempo en una moleskine, en una hypomnenata, en un cuaderno del taller de encuadernación y en un jean book, y en hojas de papel sueltas, agrupadas luego por ganchos universales o en carpetas de plástico verde transparente, siempre ese verde, el mismo verde, para conservarlas sin arrugas, siempre limpias, conservar el contenido impecable, así como el orden infinito que lo dicta, conservar el presente infinito, y el orden infinito que lo controla, que te controla, que te impulsa a escribir, un poco, quizás un poquito, depronto por un lado no más, que te impulsa a escribir—otra cosa—a escribir siempre según ese orden—romperl—nunca distinto, nunca nuevo, cristalino, eterno, medieval, como tus dias, como tus dias, como tus dias, como la vida que te recorre, como las conversaciones en las que saturas incoherencias y que no se rompen que no se rompen como la escritura parafernalia mística caos del mundo permanencia incandescencia y el pensamiento se retira para imponerse y se niega para afirmarse en la presencia infinita del vacío que el pensamiento ha dejado en su retirada vaca(sic) nueva, mugre limpia y nuevas conexiones que te rompen que te rompen que te rompen y que de nuevo repiten el dia y vuelves a empezar cada vez por la mañana a la misma hora y la misma alarma y el mismo recorrido, el dia siempre nuevo, siempre igual, siempre lleno de contenido siempre igual, deducciones a priori, el a priori del a priori, el mundo intacto, impecable, igual a sí mismo, contenido dentro de la permanencia del ser y permanencia atada a tu cotidianidad y a las palabras, a las palabras, siempre idénticas a sí mismas, siempre infinitas en su valor de verdad, formalizaciones eternas, inmutables, verdades lógicas, tautologías, tautologías, el mundo real, la tautología real, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post. Terminó su café y salió a la calle. No llovía.
sonida: big sky, Yo la tengo.