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caffeine curve, originalmente cargada por emdot.

January 22, 2010

com-posibilidad (olvido)

Get weak all the time, may just pass the time,
Me in my own world, yeah you there beside,
The gaps are enormous, we stare from each side,
We were strangers for way too long.

Hoy perdí 20 minutos. Por ahí. Eso no solía ocurrir. He olvidado cómo detenerme, he olvidado cómo pensar y cómo escribir. No puedo olvidar que siempre lo recordaba, pero no puedo recordarlo ahora. Ahora busco universales, razones suficientes y formas lógicas; determino el mundo desde mi centro. Había palabras que, de inmediato, se encadenaban y me llevaban a lugares más lejanos de lo que había imaginado. Al regresar, aún conservaba su sabor en la boca, recordaba. Sabía escribir, sabía dejarme llevar por una idea. ¡Vaya! si hasta tenía ideas sobre las ideas y sabía separarlas de mis propias ideas, que por básicas y sencillas quedaban de lado durante la escritura. He olvidado esa práctica, esa dedicación funcional del organismo para desgajarme sobre el teclado, descomponerme en cientos de partículas que se recomponían en la escritura (mi espacio de composibilidad). Ha sido un olvido activo, no decidido pero sé que ha ocurrido como efecto de otras prácticas, de la búsqueda de espacios diferentes, de conversaciones extendidas, de gestos que me han sido arrancados. Posibilidades suplantadas por posibilidades diferentes que no me llevan a otros lugares, que me han engañado. No por eso me he detenido. No por eso perdido el camino correcto, puesto que nunca lo conocí. No podría decir que lo encontraré, pero tampoco que no existe. No podría cambiar nada de lo que tengo por algo mejor, pero lo haría dada la oportunidad. Tampoco es seguro que pudiera reconocer esa oportunidad. No conozco tampoco el arrepentimiento sincero, no podría ignorar lo que tengo, ni podría preferirlo a lo que he perdido –puesto que he olvidado lo que tenía–. En cualquier caso, no soy tan diferente ahora. Estoy tan perdido como antes, quizás con ratas diferentes de producción/consumo, quizás ahora me atraviesan palabras a las que les tengo menos aprecio que antes y no me dejo arrastrar tan fácilmente. Quizás estoy viejo. De pronto se ha reemplazado en mi el arrojamiento por una lentitud anterior, quizás estoy aprendiendo todo de nuevo. Me sigo observando, desde el exterior, con ojos celosos, críticos e implacables. Siempre soy mi propia víctima. Sigo atravesándome en el camino de otros –que han cambiado–, sigo olvidándome de mi por otros –eso no ha cambiado–. Sí, sigo errando, y todo lo que he escrito al respecto no me ha ayudado –ni lo hará, lo sé– a encontrar esa otra ruta, al menos mientras la pretenda única, vertical, completamente diferenciada del resto. He perdido, he olvidado, he errado, no he hecho nada más que vivir. But most of all, I did it my way.

sonida: I remember nothing, Joy Division.

April 18, 2009

la semana pasada leí extasiado doscientas páginas de La posibilidad de una isla de Houellebecq; leí en la hamaca, en la playa, mirando la linea infinita, la arena abandonada, cocinando con leña, en el futuro, en esa era medieval, en mi propia distensión. Estaba allá, todo eso ocurría (ocurrió) con la toda la naturalidad del caso: en vacaciones me voy para la playa. Como si nunca hiciera falta nada más; como si la playa existiera, como si hubiera una conexión de causalidad entre mi decisión de ir a la playa en vacaciones y tostarme la espalda leyendo a Houellebecq (y todo lo demás que ocurrió, que se seguía también con la misma naturalidad, ese orden perfecto, esa realidad, esas palabras que podrían nunca haber estado ahí [que nunca habrían podido estar ahí]). Una de esas vacaciones que planeas, enfrentando contratiempos, sorprendiéndote con las coincidencias que permiten que todo ocurra más fácil, registrándolo todo, tal y como debe ser; y terminaron, también, como era de esperarse: no quedamos atados en la repetición infinita de la marea, no morimos, no nos olvidamos; aquí sigo y las vacaciones se convirtieron en recuerdos, en un relato, cada vez más corto, para los que preguntan. Ahora acabo de abrir el libro y leo, es el primer párrafo, lo que seguía desde cuando cerré por última vez el libro en mis vacaciones a falta de luz:

Poco antes de llegar, la carretera seguía una playa de arena negra sembrada de pequeños guijarros blancos; tengo que reconocer que era extraño, por no decir perturbador. Al principio miré con atención, luego aparté la mirada; aquella inversión de los valores me trastornaba un poco. Si el mar hubiera sido rojo, seguramente habría sido capaz de aceptarlo; pero seguía siendo tan desesperadamente azul como siempre.

De haberlo leído allá, ¿habría visto yo el mar rojo? ¿Hubiera cambiado algo? ¿He vuelto otro? Tal vez todo seguiría siendo tan desesperadamente azul como siempre; no lo hubiera notado siquiera. Luego, la literatura, y veo hacia atrás, ahora el escorzo; todo explota en colores, esa palabra que estuve buscando todo el tiempo, que podría haber sido arena (sin colores, sin atributos, sólo en el aturdimiento de su presencia), ahora abandona su necesidad: todo es tan desesperadamente azul, como el mar. No lo hubiera notado, no escribiría. ¿A dónde se ha ido la escritura? escribía hoy mismo. Se había quedado en la playa, esperando la arena, que dejó de venir. La literatura la ha traído de vuelta y ahora escribo.

***

Todos. Toda la gente que has conocido en los últimos 3 años, como si fuera la última escena de tu vida. Unos saludan, efusivos, con un abrazo; otros se alejan; otros más, inesperados, te preguntan en palabras certeras por tu vida, sonríes sorprendido, recorres el lugar atestado de gente; desconocidos, pero todos como especialmente seleccionados para estar ahí esa noche, para que nada pasara desapercibido: no tenías nada que hacer ahí, sin embargo, todos han venido. Es tu despedida. Como si algo así fuera a hacer cambiar algo de repente, como si mañana pudieras efectivamente abandonarlo todo e irte a meditar en una montaña de Laos. Como si esperar una despedida no fuera demasiado. Y sin embargo, todos desfilan, casi, haciéndose notar, otros obligándote a atravesar el lugar para decir dos o tres palabras en un tono que sólo la muerte podría cambiar. Pero un vacío. Más palabras o menos palabras, alguien que se daba la vuelta, alguien que te prometía: saturación.

sonida: A Sweet Quasimodo Between Black Vampire Butterflies For Maybeck, Charlemagne Palestine.

en: escritura, olvido, outsiders, playa, recherche, saturación — pin2 @ 12:46 am