necesito dejar de asociar mi estado de ánimo, mi yo, con los resultados de mi producción, intelectual, musical o lo que sea. Necesito dejar de asociarlo con la manera en la que me perciban los demás, necesito dejar de asociarlo con la manera en la que el mundo me parezca o no interesante. Necesito, vaya, [...]
Copio esto bajo el encanto del lector que por fin lee algo que ha querido escribir siempre.
Ese humilde monosílabo let [supongamos que] que precede a las conjeturas y demostraciones en la matemática pura, en la lógica formal, representa la licencia arbitraria y la ilimitación del pensamiento, del pensamiento que manipula los símbolos como el lenguaje manipula las palabras y la sintaxis.
Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento.
George Steiner
y es que las marcas que la ciudad no alcanza a realizar físicamente sobre tí, las debes hacer por tí mismo, al menos ser su herramienta. La ciudad te marca con tu propia mano. ¿Y cuál es esa escritura de la que escapas continuamente? Es la misma que persigues, por supuesto, la misma que no olvidas y no te deja olvidar. Es la que llena las páginas del moleskine en el subway, es la que marca tu piel, es la que deja tu nombre en los bouchers de las tiendas, de los restaurantes, del alcohol y la música que sirven de combustible para este viaje errático. Y eso lo sabes: aunque se trate diariamente de un nuevo concierto, de una nueva forma de producir sonidos desde la computer o de experimentar cada vez el desmembramiento que la música de Palestine produce, ahora a través de tus audífonos verdes, aunque te refieras a las cosas en términos de frecuencia y velocity, estás aquí para escribir. Quizás llegues a casa y lances ese EP que planeas, o que hagas un concierto, un drone interminable o lo que sea, tu viaje no estará completo a menos que de él resulten unas cuantas palabras bien alineadas, a menos que te dejes alcanzar por la escritura que te persigue, a menos que hagas marcas tú también. Por ahora no debes preocuparte, aunque ya lleves la mitad del tiempo aquí. Si lo piensas, es bastante. Y sin embargo, encuentras intersticios como éste. Estás solo, vas a estarlo durante todo el día, pero sólo hasta ahora puedes derramarte, perder la compostura. (Es decir, sentir cómo el espacio dentro de tu cabeza se hace tan grande como el cuarto que la contiene, sentir cómo el cuerpo ya no necesita de sus partes.) Atento a los sonidos, atento a los cambios de temperatura, con ese sacrificio que haces al apagar el ruidoso a/c para oir las teclas, para oir cómo cruje la casa al calentarse en el verano. Lo único que esperas es que el cuerpo se desintegre. Necesitas un grito, necesitas que tus gafas exploten (o que se pierdan en Central Park, en honor al Titán), necesitas alguna técnica para fotografiar tu cuerpo mientras pierde toda consistencia, cuadro por cuadro. Es como si pretendieras salir ileso de ese enfrentamiento con Bacon, con Giotto y con Caravaggio, con Rembrandt aunque escaso, con toda la pintura del Renacimiento, con Aquelao en forma de toro; es como si, después de haber mirado a Sócrates a los ojos (cuencas vacías para piedras preciosas robadas hace mucho tiempo), después de haber visto a Aristóteles con sombrero italiano y de haber atravesado los grandes salones de tantas galerías donde se despliega el imperio Romano, quisieras pronunciar de nuevo tu nombre y sentirlo ligero, sentir su posibilidad. Pero bueno, cuatro horas dentro del Knitting Factory y su drone eterno, sus bandas acumulando decibeles ya hicieron lo suyo para sacar todo lo que había dentro de tí y dejarte hecho una costra, de nuevo.
sonida: bookmusic, Will Redman.
¿cuál es el tiempo de escribir? Porque ahora, en la noche, en el silencio, deja de ser lo mismo ese instante de sentarse a digitar. Se interpone la cabeza, ese dolor, se traban un poco los dedos y se demoran, o quizás son sólo perezosos y exigen un poco de café para empezar a moverse de nuevo, saltando de una letra a otra antes saber qué idea viene a continuación [en la escritura, el pensamiento va primero]. Y cuando a veces parece que todo es saturación, cuando los párrafos espantan y empiezas a practicar esa lectura rápida, grosera, falsa que a veces logra que te salgas con la tuya, dejar un reguero. O esa otra lectura, ahora exigida, que lleva a cuestas su propia escritura, esa transposición de párrafos en los que te desintegras y desintegras al autor para componer esos textos de nadie, esas palabras eternas. Con esa escritura que a veces muestra la esquizofrenia, que se mueve y no se mueve, tan ligera, entre el discurso indirecto libre y la voz autoritaria del autor. Eres un comentarista, leyendo y releyendo a tus antepasados, para sumar unas cuantas páginas sin valor alguno al relato de vida. Yo creo en el advenimiento de los futuros.
Y no es a través de otros lugares, no es en la mesa de algún bistró sabanero donde encontrarás eso que se escapa, que te sacude y te guía entre libros, lo inefable, lo silenciosamente olvidado de la filosofía y que se mueve, quizás no lento pero a velocidades que no alcanzas a comprender, que surge cada vez entre los renglones y se escapa justo ahí cuando vas a transcribirlo, y por eso las páginas vacías de tu moleskine, y por eso las notas equivocadas y por eso las corcheas que se van quedando atrás, atrás, atrás hasta convertirse en la anterior, dispositivo típico de Reich, diseñado cómo no para superponer esas realidades, para plastificar el tiempo, porque dónde si no se muestra lo inefable sino en la música, o en el tiempo, sin llegar a idealizarla y volverla a perder, porque si es en la música no es en cualquier música, no es en tu Mozart o en una linda (*) sinfonía de Haydn o tras el poder demoledor de una explosión wagneriana, no es por supuesto y tristemente en cualquier preludio de Debussy en el que vas a intuir así de repente que el mundo se baila a la francesa, que nada como una fiesta decadente de la Belle Époque para encontrar al ser que poco a poco sale de entre los bosques como un fauno porque nada de eso hay en Debussy, sólo colores, sólo irrupciones cromáticas del tiempo en varias dimensiones, el emerger del sonido puro desde el océano oscuro de la tonalidad y todo lo que quieras decir, todo lo que dices y dices olvidando que lo que andabas buscando era nada más que lo inefable.

estaba listo. Todo iba a ser de la misma manera que había sido siempre, repetición del dia, paso por paso, con los mismos resultados, según deducciones lógicas e infinitas, asegurando la equidistancia de los puntos y la equivalencia de las variables, una parada del bus que aboliría el azar, mirada por la ventana sólo para constatar que cada nube permanece en su sitio, o que recorre el camino para ocuparlo, mirada al reloj para constatar que pronto dispararían el cañón que constataría que era la hora en la que el cañón debía a ser disparado, a la hora del té, todos a sus posiciones, el café—porque aquí tomamos más café que té—ya estaba listo, la misma temperatura, y las letras iban cayendo en orden, una tras otra, asegurando la posición de la anterior y previendo la siguiente, scrabble universal que escribiría el orden del mundo, que se escribiría al mismo tiempo en una moleskine, en una hypomnenata, en un cuaderno del taller de encuadernación y en un jean book, y en hojas de papel sueltas, agrupadas luego por ganchos universales o en carpetas de plástico verde transparente, siempre ese verde, el mismo verde, para conservarlas sin arrugas, siempre limpias, conservar el contenido impecable, así como el orden infinito que lo dicta, conservar el presente infinito, y el orden infinito que lo controla, que te controla, que te impulsa a escribir, un poco, quizás un poquito, depronto por un lado no más, que te impulsa a escribir—otra cosa—a escribir siempre según ese orden—romperl—nunca distinto, nunca nuevo, cristalino, eterno, medieval, como tus dias, como tus dias, como tus dias, como la vida que te recorre, como las conversaciones en las que saturas incoherencias y que no se rompen que no se rompen como la escritura parafernalia mística caos del mundo permanencia incandescencia y el pensamiento se retira para imponerse y se niega para afirmarse en la presencia infinita del vacío que el pensamiento ha dejado en su retirada vaca(sic) nueva, mugre limpia y nuevas conexiones que te rompen que te rompen que te rompen y que de nuevo repiten el dia y vuelves a empezar cada vez por la mañana a la misma hora y la misma alarma y el mismo recorrido, el dia siempre nuevo, siempre igual, siempre lleno de contenido siempre igual, deducciones a priori, el a priori del a priori, el mundo intacto, impecable, igual a sí mismo, contenido dentro de la permanencia del ser y permanencia atada a tu cotidianidad y a las palabras, a las palabras, siempre idénticas a sí mismas, siempre infinitas en su valor de verdad, formalizaciones eternas, inmutables, verdades lógicas, tautologías, tautologías, el mundo real, la tautología real, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post. Terminó su café y salió a la calle. No llovía.
sonida: big sky, Yo la tengo.
everything feels like the movies
everything must feel like a movie. Go beyond mere material situations and poetize: translate events into non linguistic narrations, thus producing an extra reality (such as photons made by electrons swapping energy levels inside atoms). This new reality exists in between, not as a deeper or more important reality but as «added value» for daily experience. Living a poetized life thus means opening the potentiality of daily reactions and is made possible only in such and such conditions e.g. love. Three dimensions: [reality]t[narration]t[reality'], (t for translation.)
Translation because no new realities can be created ex nihilo; in experiencing “life as a movie”, external codification comes back from a different medium, dissolving the impression of a unique experience and dissolving the self into a collective common ground, which enriches experience and thus produces «added value» to life: reality’. Life opens itself ona dialog and a multimediatic, multicultural experience of the self, in constant movement and translation.
sonida: Im Rhein, Im Schönen Strome, Robert Schumann.
Omnis determinatio est negatio
B. Spinoza
tener que soportar cada vez la desmembración completa al recibir la acción de todas las fuerzas del mundo sobre cada centímetro cuadrado del cuerpo ya sin forma. Perder la forma y sentir las temporalidades, perder el tiempo y conocer el silencio de la deformación, la pérdida absoluta que hace al silencioso volver en sí cada vez para experimentar su propia destrucción de nuevo. Destrucción por las miradas, el fuego enjuiciador (también alimenticio) que el silencioso absorbe. Cada determinación, como negación, le arranca un trozo de piel, lo rompe al aplicar sobre él la fuerza del mundo, el peso de la historia, la realidad. Pero estas fuerzas lo reconocen, lo encuentran en medio del infinito y lo nombran, al menos como un objetivo de ataque. El silencioso deja de ser silenciado, su nombre resuena, existe.
sonida: King Volcano, Bauhaus.