y así, las hormigas regresaron al lugar de donde salieron; los ojos de la mujer nunca volverían a ser los mismos.
lo que suena: la distritofobia, Ricardo Gallo.
es algo entre los amigos. Fotos, o saberlos tan olvidadizos y arrojados como tú. El perdón al que estás obligado porque sabes que hubieras hecho lo mismo. O el perdón que les das ahora, aún sabiendo que nunca lo leerán aquí, o tu pena inmensa por haber arruinado esa noche. Llegas a escribir, después de haberlo olvidado. ¡Olvidaste escribir! Bueno, todo depende de eso, todo reposa sobre las letras, esas mismas que te repulsan, a las que tratas de acercarte siempre por los lados, siempre en la transversalidad indetectable, tal vez para que te acepten una vez estés adentro, tal vez para hacerla volar en mil pedazos (y a ti mismo con ella, porque no eres más que letras). Como el olor a espárragos que ahora está en todo tu apartamento, como la ventana al frente, como el escritorio amplio y despejado, los libros al frente, el café caliente, la noche fría y la cara un poco quemada por el sol de la tarde. Sí, ha sido un buen día. Un domingo. Un buen domingo. Un buen domingo significa: hice cosas agradables, tranquilas, divertidas y especiales durante el día, suficientes para que ahora, a las 8:00, no tengo remordimientos y puedo sentarme en mi escritorio ordenado, en mi cuarto limpio, en mi apartamento agradable, a escribir unas notas, trabajar e irme a dormir. Veo la noche nueva con mis nuevas gafas, veo otras cosas. El domingo pasa desapercibido, el sol ayuda, el sol que nunca es idéntico a sí mismo, el sol que te dirige, el sol que coordinas. O que te controla. En realidad, todo es idéntico a sí mismo menos tú, sólo tú eres el que hace y percibe cambios en un mundo que es el mismo siempre. Tú eres devenir. Ya casi es marzo, la primavera. Aquí siempre es otoño, tu chaqueta nueva, tu bufanda, botas y sombrilla lo atestiguan. Los domingos de sol, vino y lectura en el jardín sólo significan que nada está bajo tu control, que pase lo que pase, estarás arrojado a los días. Vamos por una ontología, una teleología, que nunca es la que esperabas. Vamos por lo mismo, sujetos, causas y fines, sustancias y accidentes, la potencia de lo virtual, symbebekos e hypokeimenon, (vov), y todo lo demás. Todo para entender algo. Sin figuras retóricas, pura escritura, pura realidad. [Y las palabras, que nunca se controlan, que escapan de tu boca, la coprolalia, vergüenza pura, arrojado]
sonida: L’apologie, Benjamin Biolay & Chiara Mastroiani.
la lectura y el silencio. La distancia, los paseos y el olvido. La espera. O perder el tiempo. O hablar, toda la tarde, buscando el silencio, buscando la forma de decir el silencio. Y luego el silencio ahí, al frente tuyo, mirándote con ojos tan poderosos que no puedes callar. O conoces el silencio o lo padeces. Hay algo ahí, después del último aforismo del tractatus, eso que se esconde detrás de cada párrafo de las investigaciones, ¿por qué L.W fue el que más se acercó a eso, si ni siquiera lo buscaba? ¿fue por su “genialidad”, contraída durante la guerra, o expandida, diseminada en barcos y largas caminatas en Noruega? Ya quisiera yo ser un genio y poder ir de vacaciones a Noruega, luego a la guerra, y volver con un libro que pusiera fin a la filosofía. Yo sólo quiero poder mirarla a los ojos y soportar el silencio y habitar el silencio y sabernos ahí y Cage y Feldman y Donald Judd y Blanchot y esas cosas.
sonida: (Silence goes a little something like:
this). Andrés Gualdrón
esa es link por dentro. Y eso es París.
sonida: who is Ishmael, Steve Reich.