Si puedes responder afirmativamente a dos o más de las siguientes preguntas, no tengo nada más para decirte:
1. Tienes un French Poodle (no quiero ni saber el nombre).
2. Has leído con gusto un libro de Pablo Coelho o de Carlos Cuautemoc.
3. Piensas que alguno de los dos es bueno.
4. Te gusta la pintura de Fernando [...]
la explosividad contenida y siempre devastadora de las mañanas. El tiempo inexorable (que es ya no decir nada); choques de temperatura y el mundo que arremete por la ventana. Todo lo que aún resuena de ayer, todo lo que queda inconcluso, todo lo que hoy-tiene-que-ser. Todo eso, increíble, no cabe en una sola taza de café, lo has aprendido a la fuerza. Debes olvidar tus certezas con un poco de música, mirar el reloj, escribir unas palabras que retumbarán de nuevo en tu cabeza, aunque sea para callar esas otras palabras de anoche que aún se agitan. Leer el cielo. Leer los minutos y sentir el tiempo, en cada trago de café. No podrías retratarlo todo aunque quisieras, una obra total de la mañana, completa con flautas que imitan los pajaritos (transcripción cortesía de Messiaen); la mañana sólo existe como unidad en lo que se perfila, nunca en lo que puedas llegar a poseer realmente. No hay otra cosa. Todo marcha, muchas dimensiones, distribución espacial de la experiencia; el sonido se expande por el cuarto, te mueves en sincronía, de forma calmada y coordinada. Piezas cortas, con forma de pera quizás, intentos sencillos que intentan atrapar al mundo de un solo movimiento, como los 9 minutos de la sinfonía de Webern, una totalidad diferente, un espectro, una superficie deslumbradoramente cristalina que se empaña cuando te acercas, en la mañana, con tu taza de café.
sonida: sinfonía op. 21, Anton Webern.
escribo porque afuera hace frio. Afuera. Porque el silencio es diferente, porque el internet es lento. Porque tengo que probarme a mí mismo que puedo enfrentar el odio, porque tengo que mantenerme con vida, porque sí, porque me dijeron que escribir era bueno para la salud, porque escribo y el mundo explota, porque exploto desde el mundo y escribo, y sólo de eso se trata. V.M.T, nombre de un robot que no escribe: produce el mundo. Escribo mientras pasa el tiempo, el tiempo del tiempo, eras completas. No retrocedo, porque no soy tan buen escritor, sólo (solo) me muevo a tropezones hacia adelante, letra por letra, corrigiendo cada dos palabras y dejando pasar cientos de errores, sólo para avanzar, para no permanecer sentado en esta cafetería fría (frívola), para esperar a que salga el sol y poder sentarme con las gafas oscuras y leer y perderme y olvidarme para que cuando vuelva sea un poco menos sabio, un poco menos saturado: leo para crear un vacío dentro de mí, que lleno escribiendo. Y viceversa, en realidad. Mientras escribo, se agota la batería. El café ya se acabó también, mis fuerzas, quedan pocas. Escribir es congelar energía, secuencias de código que diosgoogle almacenará para que alguien más consuma mientras produce otras secuencias, expansión fractal de universos vacíos, como las hipotecas. Ahora sale el sol, todo aumenta de temperatura, mi escrito se balancea y se aproxima al vacío. Una duda más y decidiré no publicarlo (“publicarlo”), quedará almacenado únicamente en el entendimiento de dios preo nunca accesible a nadie más, fracasará. El pensamiento no se puede ver, puede pasar al frente tuyo, puede estar produciendo la revolución más improbable y tu vas a seguir aquí, con el cafeshito.
En mi grupo nuevo toca un japonés. De lujo, es todo lo que puedo pensar. Ahora hago parte de mi propia novela, ahora pertenezco a una ola, ahora mi fracaso no será estruendoso, sólo fatal. Hacemos revoluciones todos los días, pero las olvidamos. Whowatchestheselfasheiswatchedfromtheoutside? Glenn Branca, profundo en tu interior; sólo reciclas.
sonida: atlas sound micromix.