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Pues que me encontré aquesto y me hizo sonreír… le da una imagen completamente diferente a todo. En la misma página hay un ensayo como interesante al respecto.

Edifying Thoughts of a Tobacco Smokerfrom the Second Little Clavier Book for Anna Magdalena Bach
How oft it happens when one’s smoking:The stopper’s missing from its shelf,And one [...]

February 9, 2010

las horas certeras

En casa, la noche. La escritura te espera. El disco, que sólo gira, conoce mil formas más de estar ahí, de no moverse y avanzar, de recorrer mil mundos. En casa mueles café mientras hierve el agua, preparas una taza más. Todas esas presencias que te hacen compañía en la noche, la música que ocupa el espacio, las sombras que definen cada sonido, y el olor del café al romper la taza, un instante de comunicación como el que no lograrás con nadie más. Accesorios que terminan por convertirse –para tormento de los profesores de filosofía del lenguaje– en sustantivos, en entes determinados idénticos a sí mismos, que ordenan las últimas horas del día, las horas inútiles, las horas certeras. Sólo tienen por función disuadir el tiempo, hacerlo invisible, inútil. No es sólo un problema de percepción, nada se intensifica, es una duración diferente, que comparte las inexistencias particulares de eso que te guía, olores, sonidos, sombras. Saturado el espacio con su presencia, tú no puedes más que romperte en mil pedazos con ellas, tras ellas, tal que, en todo caso, al final de la noche sea posible una recomposición que incluya la mayor parte de tí, aunque sea para irte a dormir sin frío. Qué ocurre durante esas horas, cómo te desenvuelves, qué es lo que permanece invariable y lo que se modifica sin cesar entre esos dos instantes –enmarcados por el acto preciso de prender y apagar la luz de la sala–, es algo que tal vez nadie, y mucho menos tú mismo, podrán comprender. Más certera es la matemática, su división infinita del tiempo y la simultánea desaparición y creación del mundo que esos procedimientos implican, según Bergson, más precisa para decir que no, que en tu cabeza no ha ocurrido nada. Ni siquiera has envejecido.

January 29, 2010

(función cuaderno de notas)

Copio esto bajo el encanto del lector que por fin lee algo que ha querido escribir siempre.

Ese humilde monosílabo let [supongamos que] que precede a las conjeturas y demostraciones en la matemática pura, en la lógica formal, representa la licencia arbitraria y la ilimitación del pensamiento, del pensamiento que manipula los símbolos como el lenguaje manipula las palabras y la sintaxis.

Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento.
George Steiner

en: infinito, m'skine, outsiders, palabras, piensa, recherche, sofa — pin2 @ 7:28 pm
March 15, 2009

donald judd, 15 untitled works in concrete, 1980-1984

estaba listo. Todo iba a ser de la misma manera que había sido siempre, repetición del dia, paso por paso, con los mismos resultados, según deducciones lógicas e infinitas, asegurando la equidistancia de los puntos y la equivalencia de las variables, una parada del bus que aboliría el azar, mirada por la ventana sólo para constatar que cada nube permanece en su sitio, o que recorre el camino para ocuparlo, mirada al reloj para constatar que pronto dispararían el cañón que constataría que era la hora en la que el cañón debía a ser disparado, a la hora del té, todos a sus posiciones, el café—porque aquí tomamos más café que té—ya estaba listo, la misma temperatura, y las letras iban cayendo en orden, una tras otra, asegurando la posición de la anterior y previendo la siguiente, scrabble universal que escribiría el orden del mundo, que se escribiría al mismo tiempo en una moleskine, en una hypomnenata, en un cuaderno del taller de encuadernación y en un jean book, y en hojas de papel sueltas, agrupadas luego por ganchos universales o en carpetas de plástico verde transparente, siempre ese verde, el mismo verde, para conservarlas sin arrugas, siempre limpias, conservar el contenido impecable, así como el orden infinito que lo dicta, conservar el presente infinito, y el orden infinito que lo controla, que te controla, que te impulsa a escribir, un poco, quizás un poquito, depronto por un lado no más, que te impulsa a escribir—otra cosa—a escribir siempre según ese orden—romperl—nunca distinto, nunca nuevo, cristalino, eterno, medieval, como tus dias, como tus dias, como tus dias, como la vida que te recorre, como las conversaciones en las que saturas incoherencias y que no se rompen que no se rompen como la escritura parafernalia mística caos del mundo permanencia incandescencia y el pensamiento se retira para imponerse y se niega para afirmarse en la presencia infinita del vacío que el pensamiento ha dejado en su retirada vaca(sic) nueva, mugre limpia y nuevas conexiones que te rompen que te rompen que te rompen y que de nuevo repiten el dia y vuelves a empezar cada vez por la mañana a la misma hora y la misma alarma y el mismo recorrido, el dia siempre nuevo, siempre igual, siempre lleno de contenido siempre igual, deducciones a priori, el a priori del a priori, el mundo intacto, impecable, igual a sí mismo, contenido dentro de la permanencia del ser y permanencia atada a tu cotidianidad y a las palabras, a las palabras, siempre idénticas a sí mismas, siempre infinitas en su valor de verdad, formalizaciones eternas, inmutables, verdades lógicas, tautologías, tautologías, el mundo real, la tautología real, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post. Terminó su café y salió a la calle. No llovía.

sonida: big sky, Yo la tengo.

January 19, 2009

{citas y nombres} Buscapalabras

huyes de la escritura de la misma manera en que te acercas a ella. Te refugias, te pierdes y te niegas a permanecer en su interior, pero tampoco es el afuera lo que te da tranquilidad. Y es que lo has experimentado miles de veces. Te atrae, te seduce, siempre com promesas, con posibilidades, miles de libros que se escriben línea por línea en tu mente antes de siquiera acercarte a la luminosa pantalla a dejar un par de marcas. Solucionas todos los problemas, operas tu lógica infalible, invocas ideas y referencias, citas y nombres, cuidadosamente seleccionados y organizados more geometrico. Todo esto ocurre entre las sábanas, en la ducha, en un instante eterno entre dos sorbos de café, mientras caminas extasiado por el centro; momentos de sentido. La escritura ya ha comenzado, ya te ha atrapado, luego te darás cuenta de su fragilidad. Nada tan volátil como una buena idea, nada tan peligroso. En cada palabra que escribes te implicas, te impones, padeces su peso infinito. Buscapalabras, olvidainstantes; tú y la escritura, como zonas que se mezclan y se anulan cada vez, se pierden y se confunden, se olvidan de sí mismos, tú olvidas la escritura, la escritura hace que te olvides de tí mismo, del mundo. Despensamiento, y luego una búsqueda loca por las palabras, una persecución desaforada, psicótica, que te lleva más allá de tí mismo: un retorno tan brusco que te rompes, conoces la escritura. Desearías que fuera al contrario. Lo que se esconde, lo que escondes, y también lo que sólo aparece, te toma por sorpresa, efectúa una disolución brutal en tu cerebro, liquidificación. Huyes de tantas palabras, las esquivas con tropos que luego explotan en tu cara, trampas para tí mismo, pantallas y máscaras, más palabras que odias, palabras que son mundos que son personas que son destrucción que son agujeros negros en donde te pierdes, disolución total, materia intensiva, el pensamiento como partículas subatómicas en el acelerador que es tu pobre y destrozada hypomnemata, abandonada por tí y por tus lectores, y por los otros que la leen, que la usan, que la padecen. Aunque eso es desear mucho: no pasa de ser un lugar de olvido. Si algo se acelera aquí es la desaparición. Puedes quejarte aún más, todavía hay sangre que corre dentro de tí, todavía se confunden tus fluidos, todavía saboreas la bilis negra que ha manchado tu camisa. Porque te enfrentas a tu cuerpo. Sabes que tu máquina no es tan sofisticada todavía como para formular preguntas, así que repites las que caen sobre tí. Sólo las repites porque tampoco puedes resolverlas. Así, tu cuerpo sólo pesa. Pesa, huele y duele: en una palabra, estorba. Y luego te odias, ¿de cuándo acá eres cristiano neoplatónico? De Agustín debías tomar otra cosa, algo más, el pensamiento, la vida, no sus taras religiosas, no su odio. Just hang on, suffer well. No, hoy no vas a escribir sobre música, no podrías. Vuelve al cuerpo, entiende el cuerpo. Entiende agenciamientos, entiende la relación que mantienes con la pantalla luminosa, con el suave teclado que anticipa tus letras, que dispone todo tu pensamiento. El teclado es el mapa de tu mundo, es el código más claro y más indescifrable que puedas encontrar: gastarás toda tu vida en resolverlo. Cada palabra que escribas es un intento más por comprender lo que ese orden fantástico esconde, no sólo es Q W E R T Y y la O al lado de la P pero lejos de la R, que está justo encima de la F, no sólo la Z X C juntas con la S encima, no sólo la O y la L tan cerca, no encontrarás palabras así, pero las reconocerás, las verás brillar también, iluminarse desde adentro, en resonancia con el mundo, comprendes el pensamiento. Navegarás en el Hudson algún día, permanecerás en el ala del avión mientras se hunde, como si caminaras sobre el agua, tus huesos se congelarán, tus heridas se convertirán en un pozo violeta y púrpura, black and blue, con toda la porquería de NY asentándose dentro de tí. If god has a masterplan that only he understands I hope it’s your eyes he sees through. Recuerda ahora esa terraza, cualquiera de ellas, pero todas con ella. Recuerda ahora, quizás estás viviendo los mejores años de tu vida. Recuérdalo. Esta tarde vas a tomar café, esta tarde vas a leer, y vas a olvidar, y quizás todo lo que escribiste va a volver esta noche (porque el olvido no es selectivo, ay Loriga). Quizás puedas escribir algo más.

sonida: Tokyo ya no nos quiere, Lori Meyers.

October 26, 2008

Escribir es participar de la afirmación de la soledad donde amenaza la fascinación. (…) Es pasar del Yo al Él, de modo que lo que me ocurre no le ocurre a nadie, es anónimo porque me concierne, se repite con una dispersión infinita.

El espacio literario, Maurice Blanchot. p. 27.

Claramente habría que poner todo el capítulo para que lo significativo de ese fragmento pudiera servir de algo aquí; y ese, creo yo, es el problema de la filosofía. Es el problema de lo intrazable, de lo inaprehensible. De todo lo que se queda por fuera cuando se escribe sobre algo. Ese problema, ciertamente no de longitud, es el que condena a la revista a la mentira, cuando pretende presentar a manera de artículo algo de la fascinación del escritor. Todo se escapa y el artículo se decide por datos, el resultado palpable de una investigación, y eso es la academia. Luego negarse a ser académico equivale a volver a la soledad, buscar de nuevo ese contacto inmóvil con el problema que produjo la fascinación en primer lugar, aun a costa de no decir nada.

De la soledad al anónimo colectivo se gana, para el escritor, un campo infinito. Cuando el escrito deja el escritorio, los problemas ya no son del que escribe, son de nadie. Eso no los hace más fáciles de localizar, pero sí los dispersa, de modo que alguien más pueda ir tras ellos. Eso en caso de que sean problemas filosóficos, esto es, que conciernan a la vida (y según eso es quizás en la academia donde se separan). No se trata de una “actitud” o una forma de ser, se trata sólo de ese momento inesperado cuando todo se detiene, cuando de repente una idea logra ganar consistencia y se instala ahí delante: ya no se puede leer o hacer nada más, todo se refiere a ese problema, inexpresado (inexpresable), que siempre nos deja con esa necesidad de ir por un par de palabras y encadenarlas de alguna manera, aunque sea para no olvidarlo.

sonida: Sunday, Jimmy Eat World.