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Demane “Puma” Williams
Demane “Puma” Williams

Nació en 1920 en Hillside, New Jersey, hijo de un militar negro y una cocinera china, tuvo una infancia bastante desordenada, vivió en 5 ciudades diferentes antes de cumplir los 15 años, y perdió un dedo del pie en un accidente en la cocina. Su padre, Fred Williams tocaba [...]

February 9, 2010

las horas certeras

En casa, la noche. La escritura te espera. El disco, que sólo gira, conoce mil formas más de estar ahí, de no moverse y avanzar, de recorrer mil mundos. En casa mueles café mientras hierve el agua, preparas una taza más. Todas esas presencias que te hacen compañía en la noche, la música que ocupa el espacio, las sombras que definen cada sonido, y el olor del café al romper la taza, un instante de comunicación como el que no lograrás con nadie más. Accesorios que terminan por convertirse –para tormento de los profesores de filosofía del lenguaje– en sustantivos, en entes determinados idénticos a sí mismos, que ordenan las últimas horas del día, las horas inútiles, las horas certeras. Sólo tienen por función disuadir el tiempo, hacerlo invisible, inútil. No es sólo un problema de percepción, nada se intensifica, es una duración diferente, que comparte las inexistencias particulares de eso que te guía, olores, sonidos, sombras. Saturado el espacio con su presencia, tú no puedes más que romperte en mil pedazos con ellas, tras ellas, tal que, en todo caso, al final de la noche sea posible una recomposición que incluya la mayor parte de tí, aunque sea para irte a dormir sin frío. Qué ocurre durante esas horas, cómo te desenvuelves, qué es lo que permanece invariable y lo que se modifica sin cesar entre esos dos instantes –enmarcados por el acto preciso de prender y apagar la luz de la sala–, es algo que tal vez nadie, y mucho menos tú mismo, podrán comprender. Más certera es la matemática, su división infinita del tiempo y la simultánea desaparición y creación del mundo que esos procedimientos implican, según Bergson, más precisa para decir que no, que en tu cabeza no ha ocurrido nada. Ni siquiera has envejecido.

December 24, 2009

bitácora

  1. no hay nostalgias, no hay distancia. No hay nada que como recuerdo se presente para representar algo que difiere del presente. No hay otro. No hay olvido, porque nada ha pasado, porque nada contiene una diferencia mínima que permita siquiera pensarlo como lo mismo. Hay una permanencia, indescriptible, indisoluble, que no cesa pero que tampoco puede ubicarse. Lo que empieza, en parte, es que ha sido analizada, desde todas las dimensiones que permiten sus variables, hasta expresar su insignificancia, la ausencia total de sentido que la activa.
  2. No hay hacia, no hay adelante, no hay nada que aún no sea y que se pueda definir, como idealizando, de manera tal que cada variable se conforme a una regla. No hay un espacio indefinido pero maleable, completo pero vacío, absolutamente femenino (si, la chora, o kora en “español”, deseo frustrado) que pueda absorber y dar forma a la realidad a partir de lo que ahora se proyecta.
  3. ¿Y entonces?
  4. Esta tarde encontré un libro que se llama Gödel, Escher, Bach. Todavía no logro comprender de qué se trata. Nunca lo voy a poder leer. [ahora en wikipedia veo que en inglés se llama Gödel, Escher, Bach: An Eternal Golden Braid, tal parece que hay un problema con la traducción que no alcanza al título; uno de los capítulos que leí es sobre las traducciones del Jabberwocky]. Podría decir al respecto que:
  • Se me olvidó lo que le dijo Aquiles a la tortuga.
  • No me importa lo que le dijo Aquiles a la tortuga.
  • Es obvio que le dijo Aquiles a la tortuga es falso.
  • Si lo que le dijo Aquiles a la tortuga es falso, es obvio que nada es verdadero.
  • Si es obvio que nada es verdadero, lo que le dijo Aquiles a la tortuga es falso.
  • Me perdí.
Así, tras haber tomado dos martini y dos cervezas en JSB, escribo esto y me voy a dormir. Estos son los días de navidad de comienzos de siglo, extraños, sospechosamente felices, marcados por la ausencia

sonida: [sonó] alguno de los conciertos de Brandemburgo y tal vez la misa en F, Johann Sebastian Bach.

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December 27, 2008

la playa (lo cursi)


la playa (lo cursi), originalmente cargada por .postbop.

No escribí entonces. Escribí para ella, que en gran medida es escribir para mí, pero nunca será suficiente, nunca estará tan adentro. Nunca escribí. Ahora regreso y pronto me voy, de nuevo, a buscar, a perder. Ahora hay silencio, hay un espacio, una detencion en la que todo es perfecto. Y ahora sí escribo. Y voy a escribir, y luego voy a seguir haciéndolo hasta desangrarme. Pero entonces no leo. Entonces leí. Desde esa gran terraza, ese espacio gigante atravesándome las pupilas, las Martens increibles y su viaje eterno; el viento que me arrancaba la piel y la reemplazaba por una costra salada e igual de blanca. Entonces leí. Caulfield fui yo.

Perhaps the safest thing we can say about Holden is that he was born in the world not just strongly attracted to beauty but, almost, hopelessly impaled on it.
Original book jacket copy, possibly partially written by Salinger

No fui yo. Fuimos todos, lo olvidamos, lo evitamos. Holden al extremo, en picada, en un descapotable, con Sal Paradise y Dean Moriarty y Galatea y los demás (todos los que quieras, todos fuimos) y fuimos todos y cruzamos el mundo y destruimos el mundo y lo olvidamos. Y hubieramos disparado si el miedo no hubiera sido tanto, si el silencio no hubiera sido tan resistente. Sólo era mirar hacia abajo, ver nuestras botas, caminando, caminando, ver los zapatos enterrados en la arena, caminando ligeros, la arena no entra porque son altos, ni siquiera por los huequitos, los vendedores de la playa hablándonos en inglés, en español, en papúa, las RayBan(de imitación) ocultando nuestra mirada y el iPod silenciando sus gritos, su orgullo herido al ser ignorados, -mi piel es mejor que la suya-, te decían, con toda la razón. Todo lo que quieran. Entonces no leí y no escribí, pero hice fotos. -Beautiful, decían los negros de la playa. -Déjalo, sól es colombiano, decía otro.

Luego leí. Terminé con Caulfield y fuí Vila-Matas que fue Tabucchi que fue Hemingway que fue tantos más. Tantos más fuí que no recuerdo siquiera haber leído los cuentos antes, sólo ya sabía que iba a pasar, entonces no leí, fuí. Todos los días fueron uno, variaciones, inversos-retrógrados de lo mismo. Claro, porque estaba con Phillip y con Einstein en la playa. Mr. Bojangles, repetía, mientras el jet despegaba, ahora solo, con otro destino. Entonces leí y no leí y miré por la ventana. Ya había sido Holden, ya podía ser cualquiera. Jackbox, oyes ahora, Mr. Bojangles, oía entonces. Ahora vuelvo a la segunda persona, confidente, selfwatchingfromtheoutside, y lo evito (!) porque sí, porque ya empecé en primera, porque el que fuiste no es el mismo que eres, sino que son, y ninguno es sólo únicamente. Literalmente (y) en todos los sentidos. Todo luego pasaría rápido, tan rápido como no pasa nada rápido en ese lugar; tan rápido como lo que está siempre detenido, tan veloz como una roca al destruir su cráneo.

Acumulaba odios, limpiaba alacenas, quitaba la grasa del mundo. Entonces entre lo que pude componer, pensé. Entonces leí. Entonces escribí. En general, todo ocurrió sin que me diera cuenta, yo sólo observaba.

December 5, 2008

lost and found [inconclusoconcluido]

[encontrado en mi carpeta de documentos, con fecha del 26 de septiembre de 2008. No me acuerdo bien de ese día, pero sí de la idea.] {update: completado por @Rainoverlima de filmX}

la máquina de hacer capucchino que hay en JSB nunca deja de hacer vapor. En una noche de fin de semana se usa poco–aquí, como en todas partes, el ron y la cerveza fluyen más por la noche que el café–pero siempre está ahí, respirando. El silbido átono, regular, imperturbable, domina el ambiente y se mezcla, como puede, con la música que suena. Desde el jazz que empieza a sonar temprano en la tarde, ya sea que desemboque en una noche tranquila con bossa nova o en una descarga imparable de latin jazz–siempre según la gente que esté en las mesas esa noche–o que esté todo tan pesado que lo único por hacer sea deslizarse por la escala blues, dejar de pensar, ser un desconocido entre desconocido, ese silbido, como un drone, satura de tal modo la música que, nueva o conocida, es única en JSB. El apéndice por donde sale ese vapor eterno, pese a eso, siempre está cubierto con una placa blanca, años y años de uso, que los baristas expertos rechazarían sin pensarlo; esta máquina, que lleva aquí más tiempo que las paredes, que los discos y fotos que las cubren, que los personajes, quienes también hacen parte del inventario, que comentan sin descanso los discos y las fotos que cubren las paredes, esta máquina única y eterna impone sus propias reglas, y su café le da la autoridad que luego pueda necesitar. Improbable es la única palabra que recoge el sentido de lo que ocurre cada noche, cuando esa atmósfera húmeda y anisada de la ciudad adquiere consistencia suficiente; cambios de presión imperceptibles, intrazables, hacen que, ahí adentro, quizás activado por el flujo de vapor que sale del sucio apéndice en la parte de atrás de la barra, se condense una atmósfera

…donde las discusiones se llevan sensaciones como ese sonido del saxofón cruzado con la acerada mirada del músico. Una franja entre la blanca placa y lo que marca el ritmo. Una franja de tiempo y nebulosa. Todo es música, el silbido de la máquina, los pasos nerviosos de las muchachas que sonríen entre el humo y las miradas de sus acompañantes.

El músico espera.

sonida: I’m so tired, The Beatles.

July 11, 2007

same (dis)variations

enfrentarme de nuevo a la escritura, aunque no tengo ganas/razones para escribir. Enfrentarme por necesidad, por atracción incomprensible de las palabras, por enfocar los flujos en un polo al menos definido, al menos enmarcado dentro de una sola corriente aparente que les permita proyectarse, permanecer y romper algo. Romper. Una revisión rápida de textos pasados me enfrenta conmigo mismo. Enfrentamientos con personas rápidas me enfrenta con mi pasado, sin textos. Enfrentamientos conmigo mismo me enfrentan al mundo. Las posiciones nunca son estables, los flancos siempre descubiertos. Siempre llevo las de perder. Atesoro los dos temas sobre los que quiero escribir, con la sensación de que no están completos en mi cabeza para redactarlos, pero luchan y se retuercen por escapar, por ser dichos. 1. Atesoro (vuelve esa palabreja) los momentos y situaciones que me han causado dolor, tal vez por conservar alguna especie de honor o dignidad, que no deje pasar el dolor en vano, no lo comprendo todavía. 2. Siempre pintan el Connatus como un deseo y una voluntad positiva de vivir. Hasta donde me acuerdo del curso de Spinoza, el Connatus es sólo la fuerza para conservar el estado actual, casi como la inercia, pero no sé de dónde sale esa connotación feliz y positiva que la recorre. El Connatus, entendido únicamente como permanecer en su ser de algo, se me aparece como una de las cosas más terribles que pueda concebirse. Negación de los flujos, de las salidas, del cambio, de la diferencia, del fin y de la muerte. Tal vez el concepto tenga alguna forma de evitar estas connotaciones y convertirse en la alegría de vivir con que la he leído, tal vez yo lo entendí mal, por eso está aquí sólo como anotación. Esas dos cosas son las que me recorren la mente en estos días mientras camino oyendo música variada. También los libros leídos: El libro del desasosiego, The Curious incident of the dog in the night-time,The Wind-Up Bird Cronichles y Cuatro años a bordo de mí mismo, hacen estragos y causan felicidades inmensas en mí con cada página que pasa. Ha sido una temporada de productiva lectura. —Temo por mi escritura, temo por mi música, temo por mi pensamiento. Siento que todo se desvanece en la mediocridad, se olvida, se esquiva o simplemente desaparece. A veces, siento ante mi vida la indeterminación que tiene un día de vacaciones en la mañana. Sé que hay cosas que van a pasar, algunas tienen hora y lugar, pero están tan poco ancladas a nada en el suelo real que siento que una corriente repentina puede llevárselas lejos y hacerlas naufragar, dejándome sólo ante (o desde) mis perspectivas, con proyectos, espacios, objetos y caricias inutilizadas/inutilizables.


(una vez más, son las dos de la mañana)

sonida: Goldberg Variations, Johann Sebastian Bach.

July 3, 2007

idleheart (faces in the sky)

look out. It’s right in there, just waiting for you. Think! Move fast. It’s coming, from where you least expect it. Stop building boats for a sea you’ll never sail. It’s egoistic. Look out, sometimes the words you say come out backwards; you just can’t handle words can you? Here! does it hurt? How many times are you going to run away? Is it so scary? Is she so bold? And what do you do? Where have you been, all this time; it’s not enough to sit on a corner and cry. Birds, wind-up birds, birds with faces in the sky, birds long ago forgotten, birds that wake you up for another nice, slow coffee morning. Nobody cares if you’re happy or not, in that sense. I mean, it’s your business, and no one else’s. Then you come back, show your face, expect nothing. Put away your heart in a little heart-shaped-shoe box, put a label with nothing on it and hide it away. Idleheart. After all, you can’t use it now.

You don’t know where it’s going, you don’t get it, you can’t grasp anything of it. You don’t know how life works, you try to do everything by the book, then you turn around and mess it up and the next day it’s all the same bowl of cereal. Round and round. Go back. Go back! Idleheart, this world is not for you. Idleheart, she’s the one for you. Come back. Look out! this is the same as before. And then, after all is over, you will just go on walkin on and on, in the street, in the rain, in the stars. Find nice people under the rocks, find nice puppets on the floor. Find your way between the roses and enter the void. Go inside a deep well, mix yourself with your computer’s existence, wordworld (which gives sense to everything else), go round and round and round the world. Then again, your old topics surface. Existence, reality, meaning, love. Birds and music mix up into your mind’s fluid, as it becomes again and again just a passage for the world. Your heart lies inside that box, under your bed, safe from harm. Get some sleep.

sonida: Cabeza de Medusa, Gustavo Cerati.

en: (home), selfwatchingfromtheoutside — pin2 @ 3:17 am
June 28, 2007

late night (day trippin’)

cada día voy encontrándolas. Las mismas personas, que cada seis meses retornan (retorno yo). “Qué bueno verlo”, “hace cuánto tiempo”… -seis meses. siempre son seis meses. Es el mismo recorrido, son los mismos sentimientos y casi casi son las mismas imágenes. Cada vez se cargan de nuevos significados (ahora, y para siempre, con la luz de las luciérnagas). No son los mismos libros, no son los mismos temas, pero de alguna manera la sensación de repetición infinita los agrupa todos dentro del mismo vacío. Me repito. Ya hago parte del mobiliario, me esperan, cada seis meses, con las mismas preguntas, el mismo chit-chat sin dirección y las promesas “tenemos que vernos”, me siento repetido. Pero hay personas que realmente rompen la continuidad, de la manera que yo más lo espero, pero lo hacen; “psiquiátricos”, nos llama, y yo comprendo, puedo establecer la diferencia aunque el término me suene a prejuicio. Yo también he visto la diferencia, todos los que entramos (solos) en ese lugar la comprendemos. Es un año y medio. Es más, son 5 años. Soy parte del mobiliario. No puedo evitar sentirme repetido.

Sí, existen rasgos, gestos y acontecimientos. Existen encuentros que reactivan las repeticiones, que las diferencian. De alguna manera, la repetición sólo se concibe como repetición cuando hay un elemento recurrente que permite identificarla, si no, es eternidad… Y de entre esos elementos sobresalen acontecimientos que existen únicamente en ese momento. Se repetirán las situaciones, pero no los acontecimientos. Enfrentarme a lo que se enfrentan los demás, mientras yo me encierro en mis libros, me enfrenta a mi constante evasión, pero me enfrenta más aun a mis miedos y a mi futuro, sin embargo, de alguna manera, me orienta. La eternidad tiene un aspecto un poco más agradable al comprenderla como aquellos acontecimientos que persisten independientemente de las situaciones, que las abarcan y se sobreponen a ellas para resignificarlas y orientarlas. El sentido. El sentido surge de los acontecimientos que actúan como mojones en medio del caos, de la entropía y de la repetición eterna de situaciones ridículas. ¿Cuál es el sentido de volver cada seis meses? ¿Qué busco aquí? Contacto, tal vez, con situaciones invariables. Que me permitan establecer un suelo (diferente a un origen, un hogar o algo similar, que no busco). Un rincón, un espacio, realmente JSB.

sonida: hurt, Johnny Cash.

en: (home), outsiders, soultripping — pin2 @ 3:13 am
June 23, 2007

borderline (computernoise)

build a wall. Of the city. Off the city. Of(f) my mind. Bring the images I collect and put them together. Keep things out. Keep things inside. My wall is my mind is my borderline. My images inside my images inside my mind keep me safe from harm. Keep my views mine. Keep me in contact with the city. A wall of the city, which holds it back while showing itself to me. It´s a wall it´s a city it´s my mind. It´s all images. drawingpictures of music and life. Just images. Just me. Keeps growing, feeding from the city. Becomes bigger than me, I walk inside. My wall is my mind is my head is myself.

sonida: computernoise (warm noise).

en: (home), esquiZO, selfwatchingfromtheoutside, visual — pin2 @ 5:06 am
December 30, 2005

aqui

una avenida se extiende desde mi casa hasta el café. Es recta y plana, o casi. No tan recta. Recorre la ciudad como la espina dorsal del cuerpo de un animal que se asienta en el estómago, siendo esta avenida el punto más alto. Recorro esta avenida varias veces. Sus lugares, repetición el uno del otro, con algunas variaciones. Algunos lugares interesantes. Su gente, repetición el uno del otro, con otras variaciones. Recorro la avenida y me cruzo con esta gente. Gente sin un papel. Me encuentro caras conocidas, saludo, me saludan, todo es igual. Compro un café, me siento a leer. Intento una llamada, no hay batería. Las horas pasan, la gente mira, grita, habla, las páginas pasan. Estoy enamorado de la Torre del Cable. Se apoya sobre robustas bases de cemento, y construída de palitos de madera se eleva, no tan alto, hacia el cielo vacío de Manizales. Su figura es algo extraña, no es lo suficientemente alta como para compensar lo ancha que es, luciendo entonces un poco chata. Un rectángulo chato, con una pirámide tampoco tan alta ni tan esbelta en la punta. Siempre se me ha figurado una versión manizaleña de la torre Eiffel. La asociación es fácil de hacer, pero se ignora por evidente el retrato tan maravilloso de la ciudad que constituye. Sin embargo estoy enamorado de ella. Enmarcada entre una sombrilla y una llama, cubierta por árboles que no logran esconderla, iluminada con luces de ambiente verdes y moradas, endémicas de aquí, sobresale en el cielo cubierto de luces y promete una imagen poética escondida solo al que se detenga a mirarla, y elimine de su cabeza todas las asociaciones. Es realmente bonita, el verde y el morado la llevan a otros lugares, tal vez lo que la hace tan banal e ignorada sea su mismo entorno. La gente cambia, mira, habla, grita. Ahora yo me voy. Una vez más la avenida, “no quiero ver gente sin un papel” dice Ludmila. Que no venga a Manizales. Estoy solo. No del todo, estoy con música diversa y Vila-Matas, suficiente compañía, más en esta ciudad. Este es un lugar para estar solo. Solo así se piensa. Solo estando solo se lee. Especialmente aquí. Un grupo en Manizales produce licor. En Manizales, si no se está solo, se bebe. Por eso todos beben, les da miedo estar solos. Es inconcebible el que bebe su soledad, solo conocía un caso de un solo bebedor, y hoy no estaba solo. El que está solo no bebe, en Manizales hay que tener muchos adentro para estar solo afuera. Los que no pueden estar solos se escudan en los grupos, y en el licor. Por eso salir solo, para no beber, para pensar, para escuchar y leer. En Manizales solo se puede estar solo, pero nadie está solo. Se dice de Manizales que es la tierra del nihilismo. Por alguna razón creo en esto, no soy Manizaleño. El que lo cree, se va. Los que están solos van a JSB. Los que creen van a JSB. Van a beber. Otros más van a JSB, pero no vuelven. La puerta de JSB es una ventana que da al mundo, los que creen en el mundo entran por esa puerta y salen por esa ventana, en JSB está la salida de Manizales, y está en la espina dorsal. Los nihilistas creen que es un bar gay. Eso los mantiene alejados. De nuevo la calle, la avenida. De repente, en este momento, con buena música, con mente despejada y alimentada, la avenida es un buen lugar. La gente simplemente pasa, los lugares se repiten uno a otro en una secuencia que se hace esquiva a los nihilistas y a los bebedores, porque ninguno concibe las secuencias. Se bebe, se grita, se repite. Los conozco, y me siento tan adentro que estoy afuera. No me repito, estoy alerta, y creo en el mundo y en la música y en los libros. Hasta en las conversaciones, en algunas. Hay días de beber, pero este es mejor.

lo que suena: Mothers, Albert Ayler & Don Cherry

en: (home), outsiders, relatos, soultripping — pin2 @ 1:45 am