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la gripa en méxico y la muerte en pereira, originalmente cargada por .postbop.
la gripa en méxico y la muerte en pereira
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March 20, 2010

.Ñ.


March 2, 2009

De las redes del pensamiento, la dispersión y el olvido. Acerca de Horacio Potel y su presencia.

de la diseminación a la dispersión a la pérdida del pensamiento. Lo que a veces determina y demuestra su inmanencia a veces retorna desconocido y lo hace huir. La inmanencia es tan válida como activa, mientras su espacio entre lo visible sea siempre productivo, mientras se escape a la metafísica o a la reclusión, sea académica o capitalista. La inmanencia es la forma más activa de estar-ahí, si por eso se entiende responder cada vez inmediatamente a las condiciones, de cualquier tipo, que la determinan. Y así el espacio llamado virtual, que lo es en tanto real, pero también en tanto efectúa una apertura de las posibilidades infinitas de su propio espacio. A parte de eso, es completamente actual, activo y sujeto también a todas las fuerzas que actúan sobre él. Es un campo de fuerzas, también, pero el tipo de combates que se libran ahí es mucho más desigual, a velocidades intrazables y que atraviesan estratificaciones que aún no están mapeadas. Los textos, el pensamiento, recorren el espacio, imparables, diseminación como nunca antes se ha visto. Se trata de la disponibilidad, de la aperturidad y el acceso, se trata del mundo, del comportamiento de la palabra, de sus huídas, del olvido. El olvido del olvido, como en Blanchot, que no depende de que todo esté ahí sino que permanezca como lo que se olvida, que no se olvide aunque se olvide, que nunca se olvide de ser olvidado. No se trata de una comunidad creativa en la que todo vale y todo sirve, se trata del pensamiento, únicamente el pensamiento, que brota, que se oculta, que viaja y se transporta, en textos, en cuerpos, en .pdf, con etapas de actividad y etapas de receso, de calma, de silencio. No es, por lo tanto, una apología a los derechos infinitos y a una comunidad imposible; sólo respeto ante la palabra, ante su silencio, y ante lo que puede, cuando no está atada por reglas que pertenecen a otros juegos.

Una especie de solidaridad con la palabra, con el pensamiento, y con un profesor que ha tenido el mismo compromiso, y que, sin conocerlo, me ha acompañado desde hace años. Tres textos que tenía guardados antes de la caída de las páginas de Heidegger y Derrida en español. Parásitos del capitalismo, pensamiento transversal y pensamiento, sólo pensamiento.

El Ser Escrito – Jacques Derrida

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Introducción a qué es la metafísica – Martin Heidegger

http://www.megaupload.com/?d=UPRRF136

La época de la imagen del mundo – Martin Heidegger

http://www.megaupload.com/?d=ARHCGLD0

sonida: not a robot but a ghost, Andrew Bird.

February 27, 2009

Casiotone for the painfully alone



1. Old Panda Days (w/ Nick Krgovich)
2. Lesley Gore On The T.A.M.I. Show (version)
3. White Corolla
4. White On White
5. Holly Hobby
6. Lonesome New Mexican Nights
7. The Only Way To Cry
8. It’s A Crime
9. Missoula
10. Hot Boyz (w/ Dear Nora)
11. Born In The U.S.A. (w/ Concern)
12. Streets Of Philadelphia (w/ Concern)
13. Graceland
14. Sunday St

15. Voice Of The Hospital

Just come back to yourself, merely standing there, looking for one or two broken LEDs on the floor. Become a LED, love a LED. There are not enough sinewaves to make you forget what you’ve been through. Everything will be over but the music will always be there, and there are many colors you can shine with.

CFTPAABBL_Vic.zip
en: casiotone, electricidad, outsiders, r0bot, sofa — pin2 @ 2:36 am
February 16, 2009

#FF00F0

nada más que máquinas. Nada más que agotamiento, pérdida de productividad, insectos entre los engranajes. Tan máquina que el mundo sigue su curso. Tan automático que te descompones mientras todo lo demás continúa. Quizás alguna pieza se rompa por tu causa y así comiences o te introduzcas en una cadena, nada más que efectos mecánicos regulados, nada más que realidad. La escritura y el café, tus mecanismos. Maquinismos de microbios, minucias, maldiciones. Máquina sonora, de propagación de frecuencias, de organizaciones aleatorias y de pensamientos difusos, desordenados, sin meta, sin fin. Argumentaciones circulares, tipo vórtex, que abren nuevas dimensiones de pensamiento y luego van a la basura, bolas de papel. Ningún metalenguaje que supere tu propia reflexividad, tu propio embotamiento físico, observaciones absurdas sobre el presente, notas difusas en un cuadernillo que se olvida, que te olvida, que pierdes, que te disfraza en tu propia monotonía, recogiendo palabras, fragmentos de partes de ideas que pasan al vuelo, procesos maquínicos: a la caza del pensamiento. Pimienta. Gengibre. Café.

¿Y por qué todo eso? Tal vez olvidas salir, como de costumbre, a cazar colores. Tal vez pasas mucho tiempo con los ojos abiertos. O por alguna razón, siempre olvidadizo, confundes esa luz misteriosa del domingo a las 5 con el fin de tu vida y decides dejarlo todo, final final no va más, y luego te despiertas el lunes con resaca de pensamiento, la cruda, colgado: amaneces muerto. Cazar colores no es lo mismo que perseguir palabras. No. Eres diferente cada vez, eres nuevo cada vez, nombras las palabras cada vez: los colores siempre son los mismos. Cazar colores está más del lado de la permanencia, del orden del mundo, aunque siempre vayas por los mismos colores. O quizás por eso mismo. Y en el hastío que sientes luego, el mismo color, el mismo color, en esa saturación rígida de existencia comprimida, te descubres. Los colores no se aplican. Nada como un accidente o una idea de segundo grado o lo que afecta a lo que subyace, a lo idéntico a sí mismo. No, no son los colores ese otro, ese intento de devenir que pretenden pensar los aristotélicos. Si tu vas tras los colores es tras su permanencia, tras su primacía, como devenir, sí, pero en un nivel más originario. Tal vez los griegos todavía no veían a 64k. Así como Pedro y todos los nuevos nativos digitales, pronto aprenderás a referirte a los colores por su código hexadecimal, podrás componer procesos de desarrollo automatizados para tus colores y hacerlos variar en sincronía con tus procesos digestivos, tal vez. Y vuelves a ser máquina, sólo que conectado ahora con el resto del mundo, por los colores, y por lo que será tu gran descubrimiento, tu salto a la fama mundial, la codificación hexadecimal de los olores. Nunca más volverás a estar solo.

sonida: Mama lay softly on the riverbed, Morrissey.

February 7, 2009

ahora resulta que entre más lees, menos puedes escribir. Esas palabras que antes te desbordaban, que se organizaban de formas tan sorprendentes y coherentes, no están más. Podrás odiar la imagen del “pantano de la filosofía”, pero sin duda algo así parece tragarse ahora las palabras. Se va el sentido, se va la coherencia, se va la necesidad. Pero no, no es un pantano, es sólo un reto más grande: el mundo no es tan sencillo, ten más cuidado, hay que ir despacio para moverse más rápido. Suena a los consejos que te daban los profesores, quizás reconociendo en ti esa etapa que dejaron y que ahora tu mismo reconoces. El mundo, el pensamiento. A veces era muy fácil dar con la respuesta, seguir ese camino que, innovador y rebelde, no era más que el primer impulso. Ahora vas tras uno, tras otro, todo pierde consistencia, pierdes tus fundamentos: es mejor pensar y olvidar que nunca haber pensado. O algo así. Pero no te detengas, o mejor, no vuelvas a empezar por ese otro lado, no lo olvides. Ya te enfrentaste al afuera, ya viste el vacío, ahora te toca aventurarte y recorrerlo: el mundo empieza por aquí. Y quedan también las sospechas, queda el pensamiento, el recuerdo del enthousiasmos que te atravesaba, que lo dirigía todo. ¿Acaso era una ilusión? Ese terremoto del pensamiento, ese éxtasis y estupor ante las ideas, el mundo desplegándose en sentido, nunca determinado, nunca cerrado, pero significativo, simplemente en explosión. Dispersión, discreción, disolución: el pensamiento tiene consistencias tan variables, que a veces se te olvida el mundo.

Lo que no debes perder es la escritura, el éxtasis, la lectura. Desde muchas perspectivas estás mejor así, sin suelo, es lo que siempre has buscado: “se un extranjero, siempre.” La escritura cada vez como problema, el pensamiento cada vez como límite, las ideas cada vez destruyendo y reconfigurando tus moléculas de nuevo: Lo que a veces parece anarquía adolescente se convierte aquí en compromiso ciego, allí en liberación hueca, más acá en pereza intelectual, y a la vuelta de la esquina en conservadurismo. De hecho todos son términos intercambiables. En medio de todo has encontrado una mirada, una clave: desde el silencio se escucha mejor el rumor del pensamiento: el mundo se despliega, el fuego ha estado ahí desde siempre, tú estás ahí, abierto, el mundo implacable cada vez, y tus palabras se retiran. Cada vez entiendes menos y el mundo se abre más. Sin duda no es el pensamiento lo que dejas de entender, no es el mundo lo que deja de tener sentido para tí, pero con cada inscripción que se implanta sobre el mundo, con cada nueva destrucción, vuelan las palabras, [...]

Vuelve a escribir vuelve a escribir vuelve a escribir. Tardes al sol, agotamiento físico destructor/deshilvanador/desmolecularizador. Persigues el ser, lo Uno, te adentras en el silencio: no hay nada como tu propia lectura, eso permanece. Pero debes permanecer abierto, disfruta las ideas, permite que cada idea te destruya una y otra vez, aunque no sea nueva, aunque no brille, aunque no refleje al mundo sobre cada una de sus caras mientras te penetra, destrozando tu piel, desencajando todos los huesos para conformar anomalías siempre nuevas; hay ideas que son sólo repeticiones, pero pertenecen al pensamiento, pertenecen a su conectibilidad infinita, tienen el poder de desplegarse, de dar un giro inesperado y descarrilar el tren que tan lentamente te transportaba: ese tren destruirá al siguiente y de nuevo serás nuevo.

La escritura. Entre la necesidad y el esfuerzo se juega el compromiso. Tú olvidas compromisos, sucumbes al agotamiento e ignoras la lógica imposible, pero la escritura permanece, ahí donde ya no hay nada, ahí donde fuiste, donde el mundo será mundo, persiguiéndote y rompiéndote los huesos. La escritura permanece en ese rincón cálido, sentado, ciego a tu vida o a lo necesario, infame o inmune, 11:11:11, redefines el sufrimiento. El caso es que permanece, puedes volver, aunque todo lo que hayas escrito sea basura.

sonida: Here comes Mary, The Raveonettes.

January 19, 2009

{citas y nombres} Buscapalabras

huyes de la escritura de la misma manera en que te acercas a ella. Te refugias, te pierdes y te niegas a permanecer en su interior, pero tampoco es el afuera lo que te da tranquilidad. Y es que lo has experimentado miles de veces. Te atrae, te seduce, siempre com promesas, con posibilidades, miles de libros que se escriben línea por línea en tu mente antes de siquiera acercarte a la luminosa pantalla a dejar un par de marcas. Solucionas todos los problemas, operas tu lógica infalible, invocas ideas y referencias, citas y nombres, cuidadosamente seleccionados y organizados more geometrico. Todo esto ocurre entre las sábanas, en la ducha, en un instante eterno entre dos sorbos de café, mientras caminas extasiado por el centro; momentos de sentido. La escritura ya ha comenzado, ya te ha atrapado, luego te darás cuenta de su fragilidad. Nada tan volátil como una buena idea, nada tan peligroso. En cada palabra que escribes te implicas, te impones, padeces su peso infinito. Buscapalabras, olvidainstantes; tú y la escritura, como zonas que se mezclan y se anulan cada vez, se pierden y se confunden, se olvidan de sí mismos, tú olvidas la escritura, la escritura hace que te olvides de tí mismo, del mundo. Despensamiento, y luego una búsqueda loca por las palabras, una persecución desaforada, psicótica, que te lleva más allá de tí mismo: un retorno tan brusco que te rompes, conoces la escritura. Desearías que fuera al contrario. Lo que se esconde, lo que escondes, y también lo que sólo aparece, te toma por sorpresa, efectúa una disolución brutal en tu cerebro, liquidificación. Huyes de tantas palabras, las esquivas con tropos que luego explotan en tu cara, trampas para tí mismo, pantallas y máscaras, más palabras que odias, palabras que son mundos que son personas que son destrucción que son agujeros negros en donde te pierdes, disolución total, materia intensiva, el pensamiento como partículas subatómicas en el acelerador que es tu pobre y destrozada hypomnemata, abandonada por tí y por tus lectores, y por los otros que la leen, que la usan, que la padecen. Aunque eso es desear mucho: no pasa de ser un lugar de olvido. Si algo se acelera aquí es la desaparición. Puedes quejarte aún más, todavía hay sangre que corre dentro de tí, todavía se confunden tus fluidos, todavía saboreas la bilis negra que ha manchado tu camisa. Porque te enfrentas a tu cuerpo. Sabes que tu máquina no es tan sofisticada todavía como para formular preguntas, así que repites las que caen sobre tí. Sólo las repites porque tampoco puedes resolverlas. Así, tu cuerpo sólo pesa. Pesa, huele y duele: en una palabra, estorba. Y luego te odias, ¿de cuándo acá eres cristiano neoplatónico? De Agustín debías tomar otra cosa, algo más, el pensamiento, la vida, no sus taras religiosas, no su odio. Just hang on, suffer well. No, hoy no vas a escribir sobre música, no podrías. Vuelve al cuerpo, entiende el cuerpo. Entiende agenciamientos, entiende la relación que mantienes con la pantalla luminosa, con el suave teclado que anticipa tus letras, que dispone todo tu pensamiento. El teclado es el mapa de tu mundo, es el código más claro y más indescifrable que puedas encontrar: gastarás toda tu vida en resolverlo. Cada palabra que escribas es un intento más por comprender lo que ese orden fantástico esconde, no sólo es Q W E R T Y y la O al lado de la P pero lejos de la R, que está justo encima de la F, no sólo la Z X C juntas con la S encima, no sólo la O y la L tan cerca, no encontrarás palabras así, pero las reconocerás, las verás brillar también, iluminarse desde adentro, en resonancia con el mundo, comprendes el pensamiento. Navegarás en el Hudson algún día, permanecerás en el ala del avión mientras se hunde, como si caminaras sobre el agua, tus huesos se congelarán, tus heridas se convertirán en un pozo violeta y púrpura, black and blue, con toda la porquería de NY asentándose dentro de tí. If god has a masterplan that only he understands I hope it’s your eyes he sees through. Recuerda ahora esa terraza, cualquiera de ellas, pero todas con ella. Recuerda ahora, quizás estás viviendo los mejores años de tu vida. Recuérdalo. Esta tarde vas a tomar café, esta tarde vas a leer, y vas a olvidar, y quizás todo lo que escribiste va a volver esta noche (porque el olvido no es selectivo, ay Loriga). Quizás puedas escribir algo más.

sonida: Tokyo ya no nos quiere, Lori Meyers.

December 5, 2008

lost and found [inconclusoconcluido]

[encontrado en mi carpeta de documentos, con fecha del 26 de septiembre de 2008. No me acuerdo bien de ese día, pero sí de la idea.] {update: completado por @Rainoverlima de filmX}

la máquina de hacer capucchino que hay en JSB nunca deja de hacer vapor. En una noche de fin de semana se usa poco–aquí, como en todas partes, el ron y la cerveza fluyen más por la noche que el café–pero siempre está ahí, respirando. El silbido átono, regular, imperturbable, domina el ambiente y se mezcla, como puede, con la música que suena. Desde el jazz que empieza a sonar temprano en la tarde, ya sea que desemboque en una noche tranquila con bossa nova o en una descarga imparable de latin jazz–siempre según la gente que esté en las mesas esa noche–o que esté todo tan pesado que lo único por hacer sea deslizarse por la escala blues, dejar de pensar, ser un desconocido entre desconocido, ese silbido, como un drone, satura de tal modo la música que, nueva o conocida, es única en JSB. El apéndice por donde sale ese vapor eterno, pese a eso, siempre está cubierto con una placa blanca, años y años de uso, que los baristas expertos rechazarían sin pensarlo; esta máquina, que lleva aquí más tiempo que las paredes, que los discos y fotos que las cubren, que los personajes, quienes también hacen parte del inventario, que comentan sin descanso los discos y las fotos que cubren las paredes, esta máquina única y eterna impone sus propias reglas, y su café le da la autoridad que luego pueda necesitar. Improbable es la única palabra que recoge el sentido de lo que ocurre cada noche, cuando esa atmósfera húmeda y anisada de la ciudad adquiere consistencia suficiente; cambios de presión imperceptibles, intrazables, hacen que, ahí adentro, quizás activado por el flujo de vapor que sale del sucio apéndice en la parte de atrás de la barra, se condense una atmósfera

…donde las discusiones se llevan sensaciones como ese sonido del saxofón cruzado con la acerada mirada del músico. Una franja entre la blanca placa y lo que marca el ritmo. Una franja de tiempo y nebulosa. Todo es música, el silbido de la máquina, los pasos nerviosos de las muchachas que sonríen entre el humo y las miradas de sus acompañantes.

El músico espera.

sonida: I’m so tired, The Beatles.

June 26, 2008

Ch. 61

es el peso de la historia lo que no me deja levantar. O la incertidumbre. Puede ser la inseguridad frente al presente, ¿lo has considerado? Que si lo he considerado… Aparece en mí con la misma frecuencia que los latidos de mi corazón, sus armónicos exagerados entrando en consonancia con las pulsaciones electromagnéticas de mi cerebro casi anulan todo pensamiento, mis entrañas vibran con una simpatía imposible; esa duda se produce en mí antes de que yo mismo exista. Sí, es dificil pensar en la posibilidad de uno o dos pasos, cuando el abismo es tan grande. Y sobre todo con esa manera de llover ¡es que mira! Sí, casi que produce otro mundo ahí afuera y nos reduce a nosotros a pequeños especímenes en recipientes de vidrio; la ciudad nos mira y se burla de nosotros, la ropa mojada y los hombros temblando, un nuevo medio acuoso exterior que nos repele y nos hacina en lugares como este, donde no somos nadie, donde nada permanece. La escritura lo nombra, pero ese mundo nos preexiste, todos venimos del mar, a fin de cuentas. Pero lo repelemos, mira como se encogen tus pies dentro de los zapatos mojados, ¿crees que quieren protegerse, o será más bien que intentan convertirse en aletas? Ese es un devenir interesante, y tenemos varias pruebas. Pero igual, ¿qué harías con aletas en la ciudad? Es que decir que es acuosa no es decir que sea el mar, es una ciudad acuosa, lluviosa, y sólo eso. No hay forma de adecuarte a ella, te repele, sólo la habitan los edificios que miran silenciosos, las luces que intentan iluminar cada una de las gotas que caen para confundirse con ellas, los charcos que reflejan esos edificios y cada una de sus gotas en un esfuerzo incomprensible por unir los dos mundos, límite interesante son los charcos. No más límite que tú mismo: cuerpo y alma, carne y electromagnetismo, cogitatio y extensio, hardware y software, acción y pasión, deseo y deber, eres un límite entre todos, eres el “y” asignificante que reúne estas sustancias inexistentes en las narraciones incoherentes de los dictadores que te narran a diario y te asignan tu lugar cada vez, negando toda posibilidad de movimiento, de devenir, de ek-sistencia. Oscurece, sabes que podrías llenar páginas y páginas de tu bitácora electrónica antes de que algo saliera mal en el sistema, la falla eres tú. En cualquier momento, por cualquier descuido, los grandes ventanales que te mantienen a salvo de ese exterior agresivo que tanto admiras podrían explotar, producto de tu inseguridad. Por eso, es el peso de la historia, ya te lo había dicho. Es como la mirada de esa pequeña niña, no tienes forma de comprender lo que significa, no puedes recibir su mensaje de salvación más que abdicando de lo que llamas conciencia y perdiendo la forma, tu forma. ¿Primero era un “y” asignificante y ahora tengo forma? Tienes que escoger un discurso, no eres claro. Eres lo que quieras ser, el plano de consistencia es un corte transversal del caos, en ese caos están todas las posiblidades, el plano lo escoges tú, o escoges padecer el que escojan otros por tí, el criterio y los efectos son los mismos. Tú escoges tu propia oscuridad. Quisiera ser la ciudad, quisiera ser la luz que describías arriba, quisiera ser parte del charco, o quizás un cable de luz, imagína cómo debe sentirse en la lluvia, casi inmune, con toda esa electricidad pasando a través de él, ahí hay más posibilidades que en todo un edificio. Eso es la electricidad, nunca la comprenderemos, a lo más que podemos aspirar es a ser baterías en un sembrado como en the matrix. Ah, si quieres coger imágenes de la mitología, también puedes recordar a Johnny Mnemónico, su cabeza a punto de explotar por cargar 120Gb, ¿qué será la energía, a estas alturas? Tengo una respuesta rápida para ti: es eso que ya no tienes, y que te impide seguir escribiendo.

sonida: la lluvia, esa extraña entidad inclasificable.