chocolate y matisse
de la diseminación a la dispersión a la pérdida del pensamiento. Lo que a veces determina y demuestra su inmanencia a veces retorna desconocido y lo hace huir. La inmanencia es tan válida como activa, mientras su espacio entre lo visible sea siempre productivo, mientras se escape a la metafísica o a la reclusión, sea académica o capitalista. La inmanencia es la forma más activa de estar-ahí, si por eso se entiende responder cada vez inmediatamente a las condiciones, de cualquier tipo, que la determinan. Y así el espacio llamado virtual, que lo es en tanto real, pero también en tanto efectúa una apertura de las posibilidades infinitas de su propio espacio. A parte de eso, es completamente actual, activo y sujeto también a todas las fuerzas que actúan sobre él. Es un campo de fuerzas, también, pero el tipo de combates que se libran ahí es mucho más desigual, a velocidades intrazables y que atraviesan estratificaciones que aún no están mapeadas. Los textos, el pensamiento, recorren el espacio, imparables, diseminación como nunca antes se ha visto. Se trata de la disponibilidad, de la aperturidad y el acceso, se trata del mundo, del comportamiento de la palabra, de sus huídas, del olvido. El olvido del olvido, como en Blanchot, que no depende de que todo esté ahí sino que permanezca como lo que se olvida, que no se olvide aunque se olvide, que nunca se olvide de ser olvidado. No se trata de una comunidad creativa en la que todo vale y todo sirve, se trata del pensamiento, únicamente el pensamiento, que brota, que se oculta, que viaja y se transporta, en textos, en cuerpos, en .pdf, con etapas de actividad y etapas de receso, de calma, de silencio. No es, por lo tanto, una apología a los derechos infinitos y a una comunidad imposible; sólo respeto ante la palabra, ante su silencio, y ante lo que puede, cuando no está atada por reglas que pertenecen a otros juegos.
Una especie de solidaridad con la palabra, con el pensamiento, y con un profesor que ha tenido el mismo compromiso, y que, sin conocerlo, me ha acompañado desde hace años. Tres textos que tenía guardados antes de la caída de las páginas de Heidegger y Derrida en español. Parásitos del capitalismo, pensamiento transversal y pensamiento, sólo pensamiento.
El Ser Escrito – Jacques Derrida
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Introducción a qué es la metafísica – Martin Heidegger
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La época de la imagen del mundo – Martin Heidegger
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sonida: not a robot but a ghost, Andrew Bird.
nada más que máquinas. Nada más que agotamiento, pérdida de productividad, insectos entre los engranajes. Tan máquina que el mundo sigue su curso. Tan automático que te descompones mientras todo lo demás continúa. Quizás alguna pieza se rompa por tu causa y así comiences o te introduzcas en una cadena, nada más que efectos mecánicos regulados, nada más que realidad. La escritura y el café, tus mecanismos. Maquinismos de microbios, minucias, maldiciones. Máquina sonora, de propagación de frecuencias, de organizaciones aleatorias y de pensamientos difusos, desordenados, sin meta, sin fin. Argumentaciones circulares, tipo vórtex, que abren nuevas dimensiones de pensamiento y luego van a la basura, bolas de papel. Ningún metalenguaje que supere tu propia reflexividad, tu propio embotamiento físico, observaciones absurdas sobre el presente, notas difusas en un cuadernillo que se olvida, que te olvida, que pierdes, que te disfraza en tu propia monotonía, recogiendo palabras, fragmentos de partes de ideas que pasan al vuelo, procesos maquínicos: a la caza del pensamiento. Pimienta. Gengibre. Café.
¿Y por qué todo eso? Tal vez olvidas salir, como de costumbre, a cazar colores. Tal vez pasas mucho tiempo con los ojos abiertos. O por alguna razón, siempre olvidadizo, confundes esa luz misteriosa del domingo a las 5 con el fin de tu vida y decides dejarlo todo, final final no va más, y luego te despiertas el lunes con resaca de pensamiento, la cruda, colgado: amaneces muerto. Cazar colores no es lo mismo que perseguir palabras. No. Eres diferente cada vez, eres nuevo cada vez, nombras las palabras cada vez: los colores siempre son los mismos. Cazar colores está más del lado de la permanencia, del orden del mundo, aunque siempre vayas por los mismos colores. O quizás por eso mismo. Y en el hastío que sientes luego, el mismo color, el mismo color, en esa saturación rígida de existencia comprimida, te descubres. Los colores no se aplican. Nada como un accidente o una idea de segundo grado o lo que afecta a lo que subyace, a lo idéntico a sí mismo. No, no son los colores ese otro, ese intento de devenir que pretenden pensar los aristotélicos. Si tu vas tras los colores es tras su permanencia, tras su primacía, como devenir, sí, pero en un nivel más originario. Tal vez los griegos todavía no veían a 64k. Así como Pedro y todos los nuevos nativos digitales, pronto aprenderás a referirte a los colores por su código hexadecimal, podrás componer procesos de desarrollo automatizados para tus colores y hacerlos variar en sincronía con tus procesos digestivos, tal vez. Y vuelves a ser máquina, sólo que conectado ahora con el resto del mundo, por los colores, y por lo que será tu gran descubrimiento, tu salto a la fama mundial, la codificación hexadecimal de los olores. Nunca más volverás a estar solo.
sonida: Mama lay softly on the riverbed, Morrissey.
para el concurso de seventeen donde regalan un uglydoll.
Quisiera tener
a Peaco en mis brazos. Él es lo mejor!!! se parece mucho a mí, es mi par
eja perfecta. Los
dos somos tímidos, pero por dentro somos muy explosivos, y a los dos nos encanta bailar.
Me encantan sus tres ojos, tiene mucho est
ilo pero además permiten verlo al interior. Con Peaco a mi lado nada volver
ía a ser como antes. Me encanta!!
