llora, que estoy a tu ladollora, que el humo permaneceacoge tu llanto y te acerca a millora, con las dos manosllora, si quieres, con mis ojoslos pensamientos, en otro coqueteocon penas y dolores se licúanllora, que yo los bebo con dulzurallora, que hoy no es ayer.
lo que suena:(algo en radiónica)
Get weak all the time, may just pass the time,
Me in my own world, yeah you there beside,
The gaps are enormous, we stare from each side,
We were strangers for way too long.
Hoy perdí 20 minutos. Por ahí. Eso no solía ocurrir. He olvidado cómo detenerme, he olvidado cómo pensar y cómo escribir. No puedo olvidar que siempre lo recordaba, pero no puedo recordarlo ahora. Ahora busco universales, razones suficientes y formas lógicas; determino el mundo desde mi centro. Había palabras que, de inmediato, se encadenaban y me llevaban a lugares más lejanos de lo que había imaginado. Al regresar, aún conservaba su sabor en la boca, recordaba. Sabía escribir, sabía dejarme llevar por una idea. ¡Vaya! si hasta tenía ideas sobre las ideas y sabía separarlas de mis propias ideas, que por básicas y sencillas quedaban de lado durante la escritura. He olvidado esa práctica, esa dedicación funcional del organismo para desgajarme sobre el teclado, descomponerme en cientos de partículas que se recomponían en la escritura (mi espacio de composibilidad). Ha sido un olvido activo, no decidido pero sé que ha ocurrido como efecto de otras prácticas, de la búsqueda de espacios diferentes, de conversaciones extendidas, de gestos que me han sido arrancados. Posibilidades suplantadas por posibilidades diferentes que no me llevan a otros lugares, que me han engañado. No por eso me he detenido. No por eso perdido el camino correcto, puesto que nunca lo conocí. No podría decir que lo encontraré, pero tampoco que no existe. No podría cambiar nada de lo que tengo por algo mejor, pero lo haría dada la oportunidad. Tampoco es seguro que pudiera reconocer esa oportunidad. No conozco tampoco el arrepentimiento sincero, no podría ignorar lo que tengo, ni podría preferirlo a lo que he perdido –puesto que he olvidado lo que tenía–. En cualquier caso, no soy tan diferente ahora. Estoy tan perdido como antes, quizás con ratas diferentes de producción/consumo, quizás ahora me atraviesan palabras a las que les tengo menos aprecio que antes y no me dejo arrastrar tan fácilmente. Quizás estoy viejo. De pronto se ha reemplazado en mi el arrojamiento por una lentitud anterior, quizás estoy aprendiendo todo de nuevo. Me sigo observando, desde el exterior, con ojos celosos, críticos e implacables. Siempre soy mi propia víctima. Sigo atravesándome en el camino de otros –que han cambiado–, sigo olvidándome de mi por otros –eso no ha cambiado–. Sí, sigo errando, y todo lo que he escrito al respecto no me ha ayudado –ni lo hará, lo sé– a encontrar esa otra ruta, al menos mientras la pretenda única, vertical, completamente diferenciada del resto. He perdido, he olvidado, he errado, no he hecho nada más que vivir. But most of all, I did it my way.
sonida: I remember nothing, Joy Division.
y esas palabras, ¿están en tu cabeza? Palabras raras, palabras nuevas, desconocidas, abstrusas. ¿En qué parte de la cabeza? Desconocidas, escondidas, al acecho. Entorpecen la escritura, se imponen ahora entre las ideas, cambian su sentido, invaden el pensamiento. Metafísica. Entran palabras/salen palabras. No hay más procesos, su organización es automática. Los medios, medios son. Los hombres. Las palabras contienen su propio orden lógico, premisas de organización predeterminadas, es su comportamiento, su despliegue. (Por eso no puedes evitar que se fuguen una o dos, que manchan de teleología tu escritura). Salen/entran, ¿intercambio?, ¿Permutación? ¿Cuál es la relación dentro de tal comercio? ¿Se repiten o se anulan? Y así el caminar lento, así las poses, o la mirada distraída, nunca al frente, así el olvido y mirar hacia ambos lados antes de cruzar. La insignificancia del sonido, la materialidad de las ondas, la emotividad de la dominante. El aspecto de las palabras, la combinatoriedad, el peso del enunciado. Supercolisionadores y toneladas de sonido aplastantes, o leves aumentos en la densidad del ambiente, se necesita una onda de 20k a más de 200dB para apagar un pequeño fuego. Se necesita un disco de The Clash y una configuración social lo bastante inflamable para incendiar Londres; a control remoto. Se necesita una noche fría y un plato de ravioli para salir de nuevo a oir otro mundo. Tal vez no haya compañía esta vez.
sonida: Ascension, Glenn Branca.

estaba listo. Todo iba a ser de la misma manera que había sido siempre, repetición del dia, paso por paso, con los mismos resultados, según deducciones lógicas e infinitas, asegurando la equidistancia de los puntos y la equivalencia de las variables, una parada del bus que aboliría el azar, mirada por la ventana sólo para constatar que cada nube permanece en su sitio, o que recorre el camino para ocuparlo, mirada al reloj para constatar que pronto dispararían el cañón que constataría que era la hora en la que el cañón debía a ser disparado, a la hora del té, todos a sus posiciones, el café—porque aquí tomamos más café que té—ya estaba listo, la misma temperatura, y las letras iban cayendo en orden, una tras otra, asegurando la posición de la anterior y previendo la siguiente, scrabble universal que escribiría el orden del mundo, que se escribiría al mismo tiempo en una moleskine, en una hypomnenata, en un cuaderno del taller de encuadernación y en un jean book, y en hojas de papel sueltas, agrupadas luego por ganchos universales o en carpetas de plástico verde transparente, siempre ese verde, el mismo verde, para conservarlas sin arrugas, siempre limpias, conservar el contenido impecable, así como el orden infinito que lo dicta, conservar el presente infinito, y el orden infinito que lo controla, que te controla, que te impulsa a escribir, un poco, quizás un poquito, depronto por un lado no más, que te impulsa a escribir—otra cosa—a escribir siempre según ese orden—romperl—nunca distinto, nunca nuevo, cristalino, eterno, medieval, como tus dias, como tus dias, como tus dias, como la vida que te recorre, como las conversaciones en las que saturas incoherencias y que no se rompen que no se rompen como la escritura parafernalia mística caos del mundo permanencia incandescencia y el pensamiento se retira para imponerse y se niega para afirmarse en la presencia infinita del vacío que el pensamiento ha dejado en su retirada vaca(sic) nueva, mugre limpia y nuevas conexiones que te rompen que te rompen que te rompen y que de nuevo repiten el dia y vuelves a empezar cada vez por la mañana a la misma hora y la misma alarma y el mismo recorrido, el dia siempre nuevo, siempre igual, siempre lleno de contenido siempre igual, deducciones a priori, el a priori del a priori, el mundo intacto, impecable, igual a sí mismo, contenido dentro de la permanencia del ser y permanencia atada a tu cotidianidad y a las palabras, a las palabras, siempre idénticas a sí mismas, siempre infinitas en su valor de verdad, formalizaciones eternas, inmutables, verdades lógicas, tautologías, tautologías, el mundo real, la tautología real, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post. Terminó su café y salió a la calle. No llovía.
sonida: big sky, Yo la tengo.
la explosividad contenida y siempre devastadora de las mañanas. El tiempo inexorable (que es ya no decir nada); choques de temperatura y el mundo que arremete por la ventana. Todo lo que aún resuena de ayer, todo lo que queda inconcluso, todo lo que hoy-tiene-que-ser. Todo eso, increíble, no cabe en una sola taza de café, lo has aprendido a la fuerza. Debes olvidar tus certezas con un poco de música, mirar el reloj, escribir unas palabras que retumbarán de nuevo en tu cabeza, aunque sea para callar esas otras palabras de anoche que aún se agitan. Leer el cielo. Leer los minutos y sentir el tiempo, en cada trago de café. No podrías retratarlo todo aunque quisieras, una obra total de la mañana, completa con flautas que imitan los pajaritos (transcripción cortesía de Messiaen); la mañana sólo existe como unidad en lo que se perfila, nunca en lo que puedas llegar a poseer realmente. No hay otra cosa. Todo marcha, muchas dimensiones, distribución espacial de la experiencia; el sonido se expande por el cuarto, te mueves en sincronía, de forma calmada y coordinada. Piezas cortas, con forma de pera quizás, intentos sencillos que intentan atrapar al mundo de un solo movimiento, como los 9 minutos de la sinfonía de Webern, una totalidad diferente, un espectro, una superficie deslumbradoramente cristalina que se empaña cuando te acercas, en la mañana, con tu taza de café.
sonida: sinfonía op. 21, Anton Webern.
es algo entre los amigos. Fotos, o saberlos tan olvidadizos y arrojados como tú. El perdón al que estás obligado porque sabes que hubieras hecho lo mismo. O el perdón que les das ahora, aún sabiendo que nunca lo leerán aquí, o tu pena inmensa por haber arruinado esa noche. Llegas a escribir, después de haberlo olvidado. ¡Olvidaste escribir! Bueno, todo depende de eso, todo reposa sobre las letras, esas mismas que te repulsan, a las que tratas de acercarte siempre por los lados, siempre en la transversalidad indetectable, tal vez para que te acepten una vez estés adentro, tal vez para hacerla volar en mil pedazos (y a ti mismo con ella, porque no eres más que letras). Como el olor a espárragos que ahora está en todo tu apartamento, como la ventana al frente, como el escritorio amplio y despejado, los libros al frente, el café caliente, la noche fría y la cara un poco quemada por el sol de la tarde. Sí, ha sido un buen día. Un domingo. Un buen domingo. Un buen domingo significa: hice cosas agradables, tranquilas, divertidas y especiales durante el día, suficientes para que ahora, a las 8:00, no tengo remordimientos y puedo sentarme en mi escritorio ordenado, en mi cuarto limpio, en mi apartamento agradable, a escribir unas notas, trabajar e irme a dormir. Veo la noche nueva con mis nuevas gafas, veo otras cosas. El domingo pasa desapercibido, el sol ayuda, el sol que nunca es idéntico a sí mismo, el sol que te dirige, el sol que coordinas. O que te controla. En realidad, todo es idéntico a sí mismo menos tú, sólo tú eres el que hace y percibe cambios en un mundo que es el mismo siempre. Tú eres devenir. Ya casi es marzo, la primavera. Aquí siempre es otoño, tu chaqueta nueva, tu bufanda, botas y sombrilla lo atestiguan. Los domingos de sol, vino y lectura en el jardín sólo significan que nada está bajo tu control, que pase lo que pase, estarás arrojado a los días. Vamos por una ontología, una teleología, que nunca es la que esperabas. Vamos por lo mismo, sujetos, causas y fines, sustancias y accidentes, la potencia de lo virtual, symbebekos e hypokeimenon, (vov), y todo lo demás. Todo para entender algo. Sin figuras retóricas, pura escritura, pura realidad. [Y las palabras, que nunca se controlan, que escapan de tu boca, la coprolalia, vergüenza pura, arrojado]
sonida: L’apologie, Benjamin Biolay & Chiara Mastroiani.
escribo porque afuera hace frio. Afuera. Porque el silencio es diferente, porque el internet es lento. Porque tengo que probarme a mí mismo que puedo enfrentar el odio, porque tengo que mantenerme con vida, porque sí, porque me dijeron que escribir era bueno para la salud, porque escribo y el mundo explota, porque exploto desde el mundo y escribo, y sólo de eso se trata. V.M.T, nombre de un robot que no escribe: produce el mundo. Escribo mientras pasa el tiempo, el tiempo del tiempo, eras completas. No retrocedo, porque no soy tan buen escritor, sólo (solo) me muevo a tropezones hacia adelante, letra por letra, corrigiendo cada dos palabras y dejando pasar cientos de errores, sólo para avanzar, para no permanecer sentado en esta cafetería fría (frívola), para esperar a que salga el sol y poder sentarme con las gafas oscuras y leer y perderme y olvidarme para que cuando vuelva sea un poco menos sabio, un poco menos saturado: leo para crear un vacío dentro de mí, que lleno escribiendo. Y viceversa, en realidad. Mientras escribo, se agota la batería. El café ya se acabó también, mis fuerzas, quedan pocas. Escribir es congelar energía, secuencias de código que diosgoogle almacenará para que alguien más consuma mientras produce otras secuencias, expansión fractal de universos vacíos, como las hipotecas. Ahora sale el sol, todo aumenta de temperatura, mi escrito se balancea y se aproxima al vacío. Una duda más y decidiré no publicarlo (“publicarlo”), quedará almacenado únicamente en el entendimiento de dios preo nunca accesible a nadie más, fracasará. El pensamiento no se puede ver, puede pasar al frente tuyo, puede estar produciendo la revolución más improbable y tu vas a seguir aquí, con el cafeshito.
En mi grupo nuevo toca un japonés. De lujo, es todo lo que puedo pensar. Ahora hago parte de mi propia novela, ahora pertenezco a una ola, ahora mi fracaso no será estruendoso, sólo fatal. Hacemos revoluciones todos los días, pero las olvidamos. Whowatchestheselfasheiswatchedfromtheoutside? Glenn Branca, profundo en tu interior; sólo reciclas.
sonida: atlas sound micromix.