13.4.06
absoluto reposo
absoluto reposo de las gotas de lluvia a un centímetro del suelo, de las olas sembradas de luz de luna, de sonidos lejanos que encuentran el camino a casa. Reposo de un gato que sueña tendido en el suelo, reposo de sus bigotes. Absoluto reposo de cada sonido de una melodía en el espacio, [...]
En la relación del presenciar (Construir, habitar, pensar), cercanía y lejanía ya no son experimentados como opuestos con relación a una perspectiva sino como el emerger de algo en su distancia, donde esta distancia pertenece tanto a ese emerger como su cercanía. “Que este pensar transporte en sí la lejanía a ese lugar. [...] Desde aquí puede ser que estemos mucho más cerca de ese puente y a lo que espacía, que quien lo utiliza diariamente, como un indiferente cruzar el río”.
sonida: Navy Wives, White Rabbits
la pregunta nunca ha sido formulada. Pocas veces he pasado siquiera de enunciar uno o dos componentes. Me pierdo. A veces, al leer descubro que esa pregunta no es mía, aunque me concierte enteramente. Pero así como comparto mi pregunta, olvido mi inquietud. Se desdibuja en formulaciones más eruditas, que incluyen sistemas, etapas y esencias (nada desechable pero ahora imposibles de conservar) y desaparezco. Tanto se desplaza la pregunta que extraño el pensamiento.
Hoy la pregunta no se refiere a mí, pero pasa por mí. Por los otros. ¿Qué hay de mí en otros, cuando preguntan mi nombre, cuando soy alguien, cuando terminan de escribir y al enviar yo soy el destinatario, resumido, reunido, planteado y esperado. O cuando, muy temprano, golpean en mi puerta? ¿Quién soy yo cuando me odian? Después de ser yo, por completo, en uno o dos instantes, es imposible reconocerme en otro. Después de una o dos palabras, es imposible reconocerme como yo. Una palmada en la espalda, que resignifica en un instante el mundo, dos o tres giros en un centro único, vuelve a ser mía tras una mirada atrás, desplazamiento infinitesimal. Y de nuevo, se diluye, en palabras que intentaban demarcar el territorio. ¿Son mis enemigas? La pregunta, cruda: ¿quién soy para los que están a mi alrededor?
sonida: dancing behind my eyelids, Múm.
“Let X equal the quantity of all quantities of X. Let X equal the cold. It is cold in December. The months of cold equal November through February.
There are four months of cold and four of heat,
leaving four months of indeterminate temperature. In February. It snows.
In March. The lake is a lake of ice.
In September. The students come back
and the bookstores are full.
Let X equal the month of full bookstores. The number of books approaches infinity as the number of months of cold approaches four.
I will never be as cold now as I will in the future. The future of cold is infinite. The future of heat is the future of cold. The bookstores are infinite and so are never full except in September.”
Y a esta hora, el silencio. Restituir el silencio. No se puede restituir el silencio, no se puede el silencio. No se debe hablar de lo que no se puede hablar. No se puede hablar del silencio. No se puede buscar el silencio. Pero a esta hora, simplemente te invade. Te sientas, a su lado, con un hueco en el estómago, a punto de caer dormido. Las letras, pequeñas imágenes del mundo que se amontonan bajo tus dedos, sólo intentan hacerte perder la razón. Es lo místico, eso que comprendes menos que cualquier cosa que creas comprender, lo que más sentido tiene cuando decides callar. Y el mundo se pierde. In an exothermic reaction, such as the synthesis of ammonia or a combustion reaction, the heat released by the reaction increases the disorder of the surroundings. In some cases, the entropy of the system may decrease, as when a gaseous reactant is converted into a solid or liquid. However, provided that ∆H is large and negative, the release of energy as heat into the surroundings increasese their entropy so much that it dominates the overall change in entropy and the reaction is spontaneous. No debes preguntar entonces por qué se desvanece tu mente. Incluso aunque no alcances a comprenderlo, tus efectos exceden el mundo, en tanto que lo hacen girar sobre cada acción que realices. Incluso la negación de la acción. Incluso el silencio. Y ahora intentas unir dos palabras, esas dos que ayer brillaban, que no te dejaban dormir, que te gritaban con las voces de todos, escondido bajo las cobijas a las tres de la tarde intentando silenciar el mundo—engañado por la idea de que luego lo ibas a poder escribir mejor—, ahora lo perdiste. El pico de la creatividad. Pero tú no crees en eso. Eso es de matemáticos o físicos teóricos, tu creatividad se trata de algo diferente, aún no existe. Has recorrido un buen camino, todavía eres capaz de resistirte a la lógica, de callar, de mantener la compostura ante el ser de lo que es, entusiasmado por alguien como Blanchot—aunque no puedas pasar del primer capítulo de su libro—, inactividad, ratherness, huyendo de ideas fáciles como quien escapa de la lluvia (sin correr, apenas caminando con la mirada un poco alta para que las gotas saturen los ojos), como quien se refugia tras una ventana mientras alguien más, con el agua hasta las rodillas, se esfuerza por evitar una inundación. El agua, piensas, puede. Sabio Heráclito. Pero únicamente te persigues (te proteges) a tí mismo, únicamente evitas hablar para no traicionarte, para no avalanzarte con la confianza de quien habla y es escuchado por esos caminos torpes del filosofar. En filosofía, eres tu mayor enemigo, tu crítico más mordaz, eres tu propia mancha de café, expandiéndose, aumentando la entropía de un sistema que nunca comprenderás, que se corre en tí, autómata espiritual, [steampunk divino], lluvia sobre lima, y su silencio. Y todos los silencios, y todos los que fuiste, y todo lo que desconoces, y la nada, y tu ignorancia.
sonida: taladro.
Claramente habría que poner todo el capítulo para que lo significativo de ese fragmento pudiera servir de algo aquí; y ese, creo yo, es el problema de la filosofía. Es el problema de lo intrazable, de lo inaprehensible. De todo lo que se queda por fuera cuando se escribe sobre algo. Ese problema, ciertamente no de longitud, es el que condena a la revista a la mentira, cuando pretende presentar a manera de artículo algo de la fascinación del escritor. Todo se escapa y el artículo se decide por datos, el resultado palpable de una investigación, y eso es la academia. Luego negarse a ser académico equivale a volver a la soledad, buscar de nuevo ese contacto inmóvil con el problema que produjo la fascinación en primer lugar, aun a costa de no decir nada.
De la soledad al anónimo colectivo se gana, para el escritor, un campo infinito. Cuando el escrito deja el escritorio, los problemas ya no son del que escribe, son de nadie. Eso no los hace más fáciles de localizar, pero sí los dispersa, de modo que alguien más pueda ir tras ellos. Eso en caso de que sean problemas filosóficos, esto es, que conciernan a la vida (y según eso es quizás en la academia donde se separan). No se trata de una “actitud” o una forma de ser, se trata sólo de ese momento inesperado cuando todo se detiene, cuando de repente una idea logra ganar consistencia y se instala ahí delante: ya no se puede leer o hacer nada más, todo se refiere a ese problema, inexpresado (inexpresable), que siempre nos deja con esa necesidad de ir por un par de palabras y encadenarlas de alguna manera, aunque sea para no olvidarlo.
sonida: Sunday, Jimmy Eat World.
6.5
For an answer which cannot be expressed the question too cannot be expressed.
The riddle does not exist.
If a question can be put at all, then it can also be answered.
6.51
Scepticism is not irrefutable, but palpably senseless, if it would doubt where a question cannot be asked.
For doubt can only exist where there is a question; a question only where there is an answer, and this only where something can be said.
6.52
We feel that even if all possible scientific questions be asnwered, the problems of life have still not been touched at all. Of course there is then no question left, and just this is the answer.
6.521
The solution of the problem of life is seen in the vanishing of this problem.
(Is not this the reason why men to whom after long doubting the sense of life became clear, could not then say wherein this sense consisted?)
6.522
There is indeed the inexpressible. This shows itself; it is the mystical.
6.53
The right method of philosophy would be this: To say nothing except what can be said, i.e. the propositions of natural science, i.e. something that has nothing to do with philosophy: and then always, when someone else wished to say something metaphysical, to demonstrate to him that he had given no meaning to certain signs in his propositions. This method would be unsatisfying to the other — he would not have the feeling that we were teaching him philosophy — but it would be the only strictly correct method.
6.54
My propositions are elucidatory in this way: he who understands me finally recognizes them as senseless, when he has climbed out through them, on them, over them. (He must so to speak throw away the ladder, after he has climbed up on it.)
He must surmount these propositions; then he sees the world rightly.
7
Whereof one cannot speak, thereof one must be silent.
sonida: Transatlanticism, Death Cab for Cutie.
No entiendo el tiempo. No entiendo las palabras. No entiendo el pensamiento, ni lo que (se) trae, ni las palabras o cualquier tipo de manifestación de actividad cerebral/espiritual. No entiendo el arte, no entiendo la música, no entiendo los libros y s unidad y su diversidad o su permanencia o su desintegración permanente. No entiendo la utilidad y no entiendo la explosión sistemática del placer, o el deseo, o la voluntad, o cualquiera de las formas de hablar acerca de la substancia. No entiendo la comida. Sobra decir que no entiendo la substancia, ni la filosofía, ni lo que (se) trae la dialéctica, con su método, preciso, infalible, de clasificarlo todo. No entiendo a Hegel ni a Kant ni a Sócrates. (A ellos no los entiendo en el sentido de ¿qué se traen?) Bueno, tampoco entiendo a Spinoza o a Nietzsche o a los estoicos. No entiendo las palabras no entiendo las palabras no entiendo las palabras no entiendo las palabras.

No entiendo cómo lo hacen. No entiendo el sonido, no entiendo de qué está hecho y por qué hace lo que hace. ¿Qué hace? Rompe el silencio. (Sobra decir que tampoco entiendo el silencio.) No sé a cual de las dos incomprensiones estoy más atado, al silencio o al sonido, o al ruido. No entiendo, y quizás esta es la incomprensión más grande y prolífica que padezco, la diferencia entre el ruido y el sonido. Creo que esa incomprensión la comparten algunos compositores, porque se empeñan en hacer obras con esos objetos extraños que son las triadas, a organizarlas en progresiones y a hablar de ellas en términos de funciones. (No, no entiendo la tonalidad.)
¿Desconfío de lo que no entiendo? Claro que no. Me regocijo en ello. Lo disfruto como un chancho disfruta en su charco de porquería. Me olvido del mundo, de lo que sí entiendo (política, amor, envidia, problemas ambientales, guerra, odio, historia), me olvido de las grandes tareas que me han encomendado, me olvido de mi responsabilidad, de mi lugar en el mundo; me olvido de todo lo que se espera de mí para decir -es que no entiendo-. No entiendo el arte, dije, y por eso intento pensar en ella. Pero tampoco entiendo el pensamiento y por eso intento pensar en él. Pienso el arte como pienso el pensamiento, es decir, igual a como pienso la música y el tiempo. Como algo que no entiendo; parte por parte, siguiendo cada cable y atento a cada descarga eléctrica que recibo por mi operación imprudente, desarmo eso que me presentan a cada día como parte del mundo y de lo que puedo decir -no entiendo.
Ojalá pudiera hacer una etimología de «entender»: en-tender, tender enfrente, disponer. Para realizar ese disponer, que siempre es el disponer algo por parte de alguien (a la mejor manera de la reina metafísica), para realizar ese disponer, decía, es necesario un poseer. Un poseer que depende de la proximidad con la cosa. Lo que no entendemos es porque no lo poseemos. (Y poseer es siempre y como parte constitutiva un ser). Entender es ser (ser como estar) en la posesión de la cosa que se tiende ahí-delante, un tender que se refiere siempre a quien entiende. Se entiende eso que se posee de tal manera que se hace constitutivo. Consecuencia: bien comprendido esto, propiamente no se entiende nada.
Por eso el arte, la música, el tiempo y todas esas cosas que no entendemos. Se nos enfrentan como algo que nunca podemos poseer, cuya diferencia con nosotros es total e inaprehensible; de alguna manera, lo que no entendemos nos entiende a nosotros, porque al disponerse al frente nuestro, nos tiende como eso que es diferente de lo que ya es. (Sin llegar a afirmar que algo meramente “es”.) La aperturidad de la obra de arte, o del tiempo, consiste en que nos absorbe cada vez, nos hace parte constitutiva de lo que son, y nos extiende (entiende) como lo enteramente diferente. Somos lo que la obra entiende.
Doble escolio: El doble en de entender: no puede sino significar esa doble apropiación de lo que significa el entender, como la absorción de lo que es diferente para hacerse constitutivo (el primer en) y la posterior disposición de eso absorbido en el tender (segundo en). Si esto no es claro, atiéndase a la expresión en el tender, como la separación efectiva de los dos momentos. Escolio al escolio: el er final en entender no responde simplemente a la forma del infinitivo del verbo, porque llegado este punto es difícil incluso asegurar de que se trate de un verbo sin más. Ese er consiste en la forma incompleta de un nuevo en que siempre está en realización, que ocurre cada vez que el entender se hace efectivo como entienden: Esa es en realidad la única forma posible de conjugar (a falta de una palabra mejor) el entender. En el entienden, lo que absorbe y dispone es así mismo absorbido y dispuesto en el último en para convertirse en una unidad, ternaria en su interior, pero siempre expresiva de algo indivisible. El entender, terminado en un en incompleto, se convierte a través del entienden en lo que los antiguos ya habían denominado ENTENDIMIENTO. Pero yo no entiendo el entendimiento.
imágenes tomadas del Flickr de EYEBEAM para la exposición Unthetered: a sculpture garden of readymades:
sonida: fork tattering.
vuelvo a la escritura intempestiva. Vuelvo a dejarme absorber, a perderme en el café, a olvidar el mundo. Una vez más intento abandonarlo todo, perder el mundo, perder el presente, y con ellos perder el desencanto, el tedio, el vacío total que se derrama a mi alrededor cada vez que intento fijar la mirada en algo. Estoy erguido en mi lugar, sólo mis manos se mueven, intento ser cada una de las personas que están a mi alrededor, intento apropiarme de sus odios y sus placeres, excitarme sin vergüenza con cada párrafo que leen, con cada sorbo del café horrible que venden en la universidad. Me hago sus mismas preguntas, no las mías, sino las que los mantienen en vilo, a cada uno, incluso aunque no lo sepan, aunque vivan la vida tonta y descerebrada del universitario promedio, saturada de chismes, desgarrada en su vacío, pero ciega al mundo; habito con ellos ese mundo, lo hago mío, me convierto en un narcisista más. Y todo es pura emoción. Transversalidad de sentimientos, ¿cómo más podría sentir algo si ya no soy yo mismo? Casi no soporto el volumen de la música en los audífonos, me ciega, inseparable de los estímulos visuales, relaciono por completo cada sonido con cada imagen, aunque en principio no tengan ninguna relación. Los colores, la música, el ruido, el café. La gente que se sienta en mi mesa, están tan cerca, estoy entre ellos, pero de alguna manera no estoy ahí, me he disuelto por completo en cada uno he perdido toda materialidad, toda permanencia. Y no soy yo mismo quien lo comprueba (¿cómo podría?) sino la indiferencia de los demás ante el espacio que debería ocupar. Es curioso que lo que más conserve ahora sea el lenguaje, con sintaxis completa, con frases que, al menos en su construcción, tienen sentido. Muchas conclusiones cartesianas se desprenderían. Lo niego todo, sin embargo, todo lo que quieran achacarme. Escribo con una furia que Descartes no conoce, con un desprecio que asustaría a Bergson, (pues incluso es desprecio por él mismo), desprecio por una, dos, tres, cuatro mujeres y un hombre que se han sentado en mi mesa, que me miran de vez en cuando, como si hubiera sido yo quien hubiera invadido su espacio. Yo, que no existo.
***
Naked City, free nowave punk, música inefable. No es suficiente con decir que efectivamente rompen la temporalidad sin recurrir a artefactos más complejos que el sonido puro, que el espacio se satura cada vez más con distorsiones y feedback, un beat inexacto, inconsecuente, que sólo define el comienzo cada vez nuevo de cada parte cada vez nueva, de cada acorde. Si aumenta la intensidad, si cada vez el espacio se reduce más a lo que la distorsión permite, es únicamente porque ese mismo espacio se dilata, porque el único espacio que existe es el de esa distorsion expansiva: multiplicación fractal de las ondas sonoras, amplificación de cada una de las ondas hasta que se convierte cada una en un universo independiente. Así, cuando aparecen los gritos, desgarrados y brutales, no hay qué preguntar quién grita, por quién doblan las campanas, porque no doblan por tí o por mí, no doblan por nadie, son puras consecuencias, resonancia de la resonancia, amplificación desmedida de décadas y décadas de silencio contenido. Quien grita es la voz, esa que ha sido tantas veces transformada, entrenada, adiestrada para alcanzar registros, efectos y giros que sean agradables al oido de la policía musical. Grita la música contenida, como puro efecto de su resonancia sobre sí misma, como burla frente a las ambiciones infantiles de los dispositivos de catarsis en la ópera. Es sonido.
sonida: Leng Tch’e, Naked City.
rompí todas mis expectativas, acabé con mis sueños, negué mis planes. Me rehusé sistemáticamente a establecer cualquier tipo de proyección, de pensar en términos de deseos y objetivos que enfocaran mis acciones hacia un fin idealizado, desarticulé paso por paso cualquier clase de plan a futuro, five-year plan, que pudiera plantearse y que me involucrara, por encima de mí mismo. Todo esto por medio de reflexión intensa, de racionalismo punto por punto, contemplando cada encadenamiento lógico y rompiéndolo con su negación aun más lógica; negué mi pasado, mi futuro, mis proyecciones, incluso me negué a consumir cualquier tipo de contenido en donde se privilegiara esta forma teleológica de pensamiento. Mi vida, es ahora, decía, y no lo que yo idealice de ella, no es ese plan inexistente que organiza toda mi experiencia actual como medios para un fin que no es más que una fantasía; no voy a gastar mis esfuerzos y energía en un relato del que no tengo la más mínima certeza y que puede convertirse en mi condena. Desde la tonalidad hasta la narración, desde la lógica formal hasta el materialismo histórico, rechacé todo lo que estableciera un recorrido predeterminado para mi vida, fuera yo el centro o no. Tanto me daba si tal o tal filosofía situaba mis desiciones por encima del mundo, organizando la historia desde mi perspectiva, como si negaba por completo mi capacidad de acción sumiéndome dentro de un proceso histórico en el que yo sólo sería producto, cualquier alusión a un encadenamiento lógico-causal en los acontecimientos de mi vida se me hacía repugnante y lo leía con desprecio, para refutarlo punto por punto, con indefectible furia, defendiendo el ahora, el acontecimiento puro, la aparición de la verdad, el ser. El deseo, afirmaba, no es de algo que carezco, es lo que me mueve y lo que me produce cada vez, es lo que hago en cada momento, no se trata de apropiación sino de producción, soy el deseo, deseo de deseo.
Ahora estoy aburrido. Estoy, podría decirse, alienado, en un mundo organizado exclusivamente con todos los sistemas que yo negué, sin posibilidad de comprender mi situación, mis recorridos y mis posibilidades. De mí se espera en el mundo que actúe según todo eso que he refutado, que tenga un plan, un ideal, deseos, sueños. Ahora no tengo nada de eso, me enfrento a cada situación con la expectativa de el instante, despreciando cualquier resultado o proyecto. Y todo está vacío. El mundo no funciona en presente, la realidad desnuda no tiene esa riqueza que esperaba descubrir al negar mis expectativas, cada lugar tiene menos realidad, cada vez menos significado, a medida que yo niego eso que comprendo como proyecciones. Ya puedo leer libros sin pensar en el final, pero entonces nada me sorprende, todo viene dado, el impacto de la sorpresa, de la causalidad, de la necesidad de los acontecimientos o de los argumentos que los autores se han esforzado por construir (de esa forma artificial y engañosa, diría antes), se me hace insignificante, pero descubro que no se han esforzado por llenar esos libros de la realidad que busco, y que de hecho no la han visto porque quizás no existe. El mundo es aburrido, los libros son aburridos, las imágenes, a menos que logre disociarlas por completo de mí mismo y perderme en ellas sin ningún pensamiento, son aburridas, pobres, sosas. Y es que me da lo mismo si gano o pierdo, si tengo o no tengo, si me llaman o no, si mencionan mi nombre. Todo es inmediatez, nada tiene efectos sobre el futuro y nada responde a ningún esfuerzo, luego no necesito hacer nada, el mundo no depende de mí, estoy disociado de él por completo. Del mundo no queda nada si yo decido no actuar sobre él, y lo decido porque sé que aunque actúe no habrá diferencia. Miro ahora la ventana a mi lado. La caída no es muy larga, pero si llevo hasta el extremo mis razonamientos, no hay relación entre la altura y una muerte posible, tanto da si me tiro o no. Y tanto da, si muero, quedo cuadrapléjico, o si salgo volando por la ventana, me elevo por encima de los edificios y recorro la ciudad desde el cielo, desde ese lugar privilegiado, donde todo es bello. Acercarse y alejarse, encontrar las diferencias, lo que se pierde en el acercamiento, lo que se pierde en la distancia, lo que se pierde al mirar y al dejar de hacerlo, todo lo significante es lo ausente, lo que me interesa es exclusivamente lo que se pierde, pero como se pierde no puedo tenerlo, no puedo verlo, no puedo disfrutarlo; me aburro.
sonida: canción, autor.
everything feels like the movies
everything must feel like a movie. Go beyond mere material situations and poetize: translate events into non linguistic narrations, thus producing an extra reality (such as photons made by electrons swapping energy levels inside atoms). This new reality exists in between, not as a deeper or more important reality but as «added value» for daily experience. Living a poetized life thus means opening the potentiality of daily reactions and is made possible only in such and such conditions e.g. love. Three dimensions: [reality]t[narration]t[reality'], (t for translation.)
Translation because no new realities can be created ex nihilo; in experiencing “life as a movie”, external codification comes back from a different medium, dissolving the impression of a unique experience and dissolving the self into a collective common ground, which enriches experience and thus produces «added value» to life: reality’. Life opens itself ona dialog and a multimediatic, multicultural experience of the self, in constant movement and translation.
sonida: Im Rhein, Im Schönen Strome, Robert Schumann.
Omnis determinatio est negatio
B. Spinoza
tener que soportar cada vez la desmembración completa al recibir la acción de todas las fuerzas del mundo sobre cada centímetro cuadrado del cuerpo ya sin forma. Perder la forma y sentir las temporalidades, perder el tiempo y conocer el silencio de la deformación, la pérdida absoluta que hace al silencioso volver en sí cada vez para experimentar su propia destrucción de nuevo. Destrucción por las miradas, el fuego enjuiciador (también alimenticio) que el silencioso absorbe. Cada determinación, como negación, le arranca un trozo de piel, lo rompe al aplicar sobre él la fuerza del mundo, el peso de la historia, la realidad. Pero estas fuerzas lo reconocen, lo encuentran en medio del infinito y lo nombran, al menos como un objetivo de ataque. El silencioso deja de ser silenciado, su nombre resuena, existe.
sonida: King Volcano, Bauhaus.