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giran, miran, la poderosa decisión en soledad. Impactos locales a través de pulsaciones continuas. acercalejamientos inconstantes entregados a la realidad. intermitencias globales reducidas a niveles oscilantes de no-dirección. direcciones impersonales hacia giros personales. reflejos y retornos, estallidos imprevisibles que surgen del fondo de un silencio, silencios que se enfrentan y se retan en medio de [...]

November 19, 2009

Big Ideas: Don’t get any – Radiohead cover by James Houston

en: Uncategorized — pin2 @ 11:40 pm
November 18, 2009

arena (palabras)

“el hombre es un modo de ser tal que en él se funda esta dimensión siempre abierta, jamás delimitada de una vez por todas, sino indefinidamente recorrida, que va desde una parte de sí mismo que no reflexiona en un cogito al acto de pensar por medio del cual la recobra; y que, a la inversa, va de esta pura aprehensión a la obstrucción empírica, al amontonamiento desordenado de los contenidos, al desplome de las experiencias que escapan a ellas mismas, a todo el horizonte silencioso de lo que se da en la extensión arenosa de lo no pensado. (…) Cómo puede ser [el hombre] el sujeto de un lenguaje que desde hace millares de años se ha formado sin él, cuyo sistema se el escapa, cuyo sentido duerme un sueño casi invencible en las palabras que hace centellear un instante por su discurso y en el interior del cual está constreñido, desde el principio del juego, a alojar su palabra y su pensamiento, como si éstos no hicieran más que animar por algún tiempo un segmento sobre esta trama de posibilidades innumerables? (314)

Las palabras y las cosas. Michel Foucault.

sonida: canción, autor.

en: arena, despensa(miento), escritura, outsiders, recherche — pin2 @ 1:35 am
November 17, 2009

vamos al norte


vamos al norte, originalmente cargada por .postbop.

en: Uncategorized — pin2 @ 2:01 pm
November 9, 2009

[tan efímero que no alcanza a soportar el peso de un título]

estas son las cosas que te obligan a escribir. Nada fuera de lo común, nada que sacuda tan radicalmente el espacio de tranquilidad en el que te escondes, pues ya no podrías decir nada –y no hay que especular sobre la posibilidad de que ocurra lo contrario, dado el agujero oscuro del que has salido hace no tanto como para mirarlo desde lejos–, nada que puedas simplemente describir y señalar, nada que no quede reducido a la tristeza de su insignificancia en cualquier intento leve, en cualquier frase breve, en cualquier acumulación sucesiva de palabras que se olvidan y se olvidan, porque sólo es necesario que haya un momento en el que todo esté moviéndose en todas direcciones y que tú –o algo en tí, alguien ahí, que escribe–, detengas todo un instante, que rompas ese tejido uniforme con un corte preciso –preciso como móvil, como distendido, como siempre en la posibilidad de ser otro o de nunca haber estado ahí en primer lugar–, un corte que puede hacerse entender en la pobreza del instante en el que, tras haberte esforzado por recolectar tantas letras, por componer con ellas una oración, organizando cada palabra de manera que la siguiente esté prefigurada y sin embargo su aparición nunca sea redundante, de tal manera que siempre haya espacio para una más, y obtener de todo eso una frase en la que esa tristeza alcanza a quedar insinuada, expresada, quizás no más que por la vía negativa de eso que nunca podrás decir del todo no porque no haya palabras sino porque puedes seguirlas encadenando una tras otra y así más y más perder lo que había al principio que era quizás más una mirada o un apretón en el hombro o el gesto rompemundos-congelainstantes de bajar la cabeza para evitar una palabra que pasa volando por tu lado se estrelle con to boca que está así mismo ocupada en construir y lanzar otras palabras, quizás con una densidad diferentes, que no harían daño si se estrellaran, si encontraran algo –alguien– en donde estrellarse, pero claro, eso es lo que falta, eso es lo que te movió a escribir en primer lugar. Ah.

sonida: ara, The sound of Lucrecia.