July 21, 2009
plug and play
porque no puedes escapar de la escritura tanto tiempo, porque en algún momento te toca enfrentarlo, salir de tus palabras, volverte otro. Porque, y por más veces que lo repitas no se hace más débil, la ciudad es demasiado para soportarla tú solo. Te desborda. Y la autorreflexión no es otra cosa que un feedback incontrolable, el repliegue sobre tí mismo que se manifiesta en el cuerpo, el crujir de los dientes, el café, los comportamientos suicidas, las miradas furtivas y la fantasía. Y habitar un lugar como estos, donde todo se desborda a sí mismo, es ya ejercer una presión sobre el cuerpo que hay que saber enfrentar. Hay que escribir. Hay que hacerse otro, hay que observarse y hacer que el pliegue no sea introspección sino pliegue real, producción de dimensiones. Hay músicas, hay imágenes, que permiten que el yo se pliegue y a la vez produzca una nueva dimensión en la que ese pliegue es el pliegue originario, susceptible de nuevos pliegues, pero la escritura es la que los produce, la escritura es la que puede trazar el mapa de esos pliegues correctamente. O tan correctamente como puede hacerlo un mapa, se entiende. Ese es el movimiento imponente del monólogo interior, ese movimiento que crea pliegues a la vez que traza mapas, que produce dimensiones y que vacía al yo de su función egoista de contenedor de tristezas. El yo puede erradicarse fácilmente sentado en un café internet, con una copa de vino tinto y los audífonos conectados a su MacBook negro que ilumina levemente las gafas, sin permitir una lectura adecuada de su contenido. El hombre cerrará los ojos, sosteniendo su copa, y planeará por lugares que debido a nuestra posición nos resultan incognoscibles. Por más atención que pongamos a sus gestos, el mapa sólo lo puede trazar él. Nuestro mapa está en otra dimensión, en la que él no es más que un punto, un cruce de coordenadas. Ahora el hombre mira la pantalla con detenimiento, lee, y se ha quitado las gafas para hacerlo. Se frota los ojos en señal de cansancio (atentos a los signos, signos inútiles) pero sigue leyendo. El hombre a su lado, camiseta roja, MacBook de aluminio (quizás Air) bosteza, el vaso de cerveza casi vacío, su cara también está iluminada por el mismo brillo, del mismo color. El mismo que con seguridad me ilumina a mí, pero que sólo otros pueden ver, aura. Los días largos del verano producen estas situaciones de convivencia transitoria, estas vidas transversales que mezclan trabajo, descanso y funciones vitales en combinaciones infinitas de código y formas de preparación de café. Escribir esto no es relatarlo, es hacer parte de ese todo, es integrarse como observador y permitir formar parte de otros mapas, o ser invisible. Detener la escritura produce un hiato, una deriva que puede llevar, por ejemplo, a leer el artículo de Wikipedia sobre el Principado de Liechtenstein [link], un país minúsculo entre Suiza y Austria, con 34.022 habitantes a julio de 2003. Los datos de población, según el artículo de Wikipedia, son como sigue:
Datos que parecen irrelevantes en un post sobre un café internet de SoHo y sus habitantes, pero que causan un poco de conmoción al ser estudiados con detenimiento. No más comentarios al respecto. A las 8:32, la ventana que se alcanza a ver en el otro cuarto ya está oscura, pero el ambiente no ha cambiado. Solitarios y sus máquinas, parejas en todas las combinaciones posibles, dedicados a tareas diversas, ilegibles para el visitante ingenuo. Poco se ha transformado el público del lugar. Hasta ahora se va la última persona que estaba en esta sala cuando llegaste, pero hay varios que estaban desde antes, aunque las distancias que han recorrido en estas 3 horas están fuera de toda medida. El hombre del MacBook, con los ojos aún cerrados detrás de sus gafas de marco grueso se recuesta contra la pared, con las manos en la nuca. Indescifrable. Dos estudiantes, llegados hace unos 20 minutos, observaban con detenimiento la pantalla de un solo computador, y luego, apresurados, grabaron sus comentarios en pequeñas grabadoras, leyendo las notas de sus cuadernos. Incomprensible. Uno de ellos es asiático. El otro tiene pantalones de rayas azules que le llegan hasta la mitad de la pantorrilla y havaianas rojas. Las resonancias entre el website de Jonathan Safran Foer (flash, detalles inteligentes que relacionan el contenido del sitio con la ciudad y con el recorrido del visitante, varias secciones en construcción o incompletas, [link]) y tus propias inquietudes sobre la ciudad te invitan a comprar su nuevo libro, sobre todo ahora que lo viste a mitad de precio. Un pequeño detalle en el sitio, sin embargo, revela que no es que se encuentre en construcción. El sitio web está abandonado desde 2006. No hay óxido en la red, no hay desgaste. Mientras alguien siga pagando el costo anual del alojamiento y el dominio, un sitio web tiene pocas probabilidades de dejar de existir. Muchas más si está alojado en un servicio universitario o gratuito. ‘The sun has been completely eclipsed by the moon, and there is no light coming down to earth’ dice una voz en inglés con fuerte acento hindú, la pequeña pantalla en la esquina inferior de tu pantalla que transmite la señal de NDTV, que rastrea el eclipse que se produce en este momento en China e India. Darkness at Dawn es el titular de la noticia. ‘What you see is the corona of the sun. This is a one lifetime experience’ dice la voz del científico hindú. ‘Seeing the corona is an exhilarating experience’. Taregana es el lugar apropiado para presenciar ese evento, dicen los locutores en ese inglés que cada vez suena más cercano, más neoyorkino. Ahora estamos viendo the Diamond Ring como se ve en Varanasi. ‘A Diamond Ring is a ring that is forever’.
El eclipse ahora ha terminado. Nadie parece haberlo notado aquí en SoHo, aunque no sabemos que ocurre en las pantallas. No es de extrañarse, no hay nada de especial en un eclipse solar que ocurre al otro lado del mundo. El noticiero continúa, la narración se mezcla con todas las conversaciones del lugar.
Registrant:
ERA404 Creative Group, Inc.
PO BOX 2063
Portage, MI 49081
US
Domain Name: JONATHANSAFRANFOER.COM
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Administrative Contact, Technical Contact:
ERA404 Creative Group, Inc. netops@era404.com
PO BOX 2063
Portage, MI 49081
US
269-217-3556
Record expires on 27-Jul-2012.
Record created on 27-Jul-2002.
Database last updated on 21-Jul-2009 20:50:58 EDT.
Domain servers in listed order:
NS1.ERA404.ORG 67.225.162.223
NS2.ERA404.ORG 67.225.162.224
En esto consiste la información que whois provee acerca de jonathansafranfoer.com. Existe desde 2002, morirá en 2012, por ahora, está abandonado. A las 9:12, es hora de acercarse a la barra y pedir una Brooklyn Lager, la cerveza oficial del verano. De hecho no es la mejor hora, pues la happy hour, (en donde la cerveza vale $3) terminó a las 8, pero es necesario llevar un registro del tiempo, de otro modo la escritura en su pliegue, eliminará por completo las referencias temporales mediante las cuales el lector reconstruirá de nuevo esta experiencia. O no. Tampoco había Brooklyn Lager, sino una un poco más aguada, pero con suficientes tonos para saborearla mientras se agota la batería de la computer. Nadie más parece acusar la hora, continúan bebiendo café, agua y jugo de naranja. Los neoyorkinos no son fáciles de complacer. Una corta visita al website de era404, los que aparecen como diseñadores del sitio de Safran Foer (slogan: a new era in Design [link]) nos muestra una foto de un personaje que parece conocido: John Hodgman, (I’m a P.C). La deriva que intenta esquivar la escritura, como vemos, no tiene límites. En el artículo de Wikipedia sobre Hodgman (última modificación julio 17 de 2009 [link]) dice que es usuario de Mac desde 1984. No había muchos Mac en esa época. De repente el tráfico disminuye. Un leve aroma a pastel recorre el lugar mientras los últimos impulsos de deriva nos llevan a través del website de Hodgman (feo, en era404 no tienen un dearrollo muy contundente, por lo que se ve [link]. Quizás sea hora de publicar, cerrar la computer y dedicarse a la lectura del New Yorker (Julio 20, 2009).
sonida: someunknownrocknrollsong.
July 17, 2009
me corté el pelo yo mismo
y es que las marcas que la ciudad no alcanza a realizar físicamente sobre tí, las debes hacer por tí mismo, al menos ser su herramienta. La ciudad te marca con tu propia mano. ¿Y cuál es esa escritura de la que escapas continuamente? Es la misma que persigues, por supuesto, la misma que no olvidas y no te deja olvidar. Es la que llena las páginas del moleskine en el subway, es la que marca tu piel, es la que deja tu nombre en los bouchers de las tiendas, de los restaurantes, del alcohol y la música que sirven de combustible para este viaje errático. Y eso lo sabes: aunque se trate diariamente de un nuevo concierto, de una nueva forma de producir sonidos desde la computer o de experimentar cada vez el desmembramiento que la música de Palestine produce, ahora a través de tus audífonos verdes, aunque te refieras a las cosas en términos de frecuencia y velocity, estás aquí para escribir. Quizás llegues a casa y lances ese EP que planeas, o que hagas un concierto, un drone interminable o lo que sea, tu viaje no estará completo a menos que de él resulten unas cuantas palabras bien alineadas, a menos que te dejes alcanzar por la escritura que te persigue, a menos que hagas marcas tú también. Por ahora no debes preocuparte, aunque ya lleves la mitad del tiempo aquí. Si lo piensas, es bastante. Y sin embargo, encuentras intersticios como éste. Estás solo, vas a estarlo durante todo el día, pero sólo hasta ahora puedes derramarte, perder la compostura. (Es decir, sentir cómo el espacio dentro de tu cabeza se hace tan grande como el cuarto que la contiene, sentir cómo el cuerpo ya no necesita de sus partes.) Atento a los sonidos, atento a los cambios de temperatura, con ese sacrificio que haces al apagar el ruidoso a/c para oir las teclas, para oir cómo cruje la casa al calentarse en el verano. Lo único que esperas es que el cuerpo se desintegre. Necesitas un grito, necesitas que tus gafas exploten (o que se pierdan en Central Park, en honor al Titán), necesitas alguna técnica para fotografiar tu cuerpo mientras pierde toda consistencia, cuadro por cuadro. Es como si pretendieras salir ileso de ese enfrentamiento con Bacon, con Giotto y con Caravaggio, con Rembrandt aunque escaso, con toda la pintura del Renacimiento, con Aquelao en forma de toro; es como si, después de haber mirado a Sócrates a los ojos (cuencas vacías para piedras preciosas robadas hace mucho tiempo), después de haber visto a Aristóteles con sombrero italiano y de haber atravesado los grandes salones de tantas galerías donde se despliega el imperio Romano, quisieras pronunciar de nuevo tu nombre y sentirlo ligero, sentir su posibilidad. Pero bueno, cuatro horas dentro del Knitting Factory y su drone eterno, sus bandas acumulando decibeles ya hicieron lo suyo para sacar todo lo que había dentro de tí y dejarte hecho una costra, de nuevo.
sonida: bookmusic, Will Redman.