ser el horizonte y percibir el horizonte no es lo mismo. Tiéndete al sol y permite que tus pestañas entrecerradas te muestren el mundo como realmente es: borroso, indiferenciado e inseguro. Hermoso.
Mira a través del tiempo, las alturas y cientos de ventanas que te observan. Mira las nubes y percibe sus cambios. Lo sabes, todo [...]
la semana pasada leí extasiado doscientas páginas de La posibilidad de una isla de Houellebecq; leí en la hamaca, en la playa, mirando la linea infinita, la arena abandonada, cocinando con leña, en el futuro, en esa era medieval, en mi propia distensión. Estaba allá, todo eso ocurría (ocurrió) con la toda la naturalidad del caso: en vacaciones me voy para la playa. Como si nunca hiciera falta nada más; como si la playa existiera, como si hubiera una conexión de causalidad entre mi decisión de ir a la playa en vacaciones y tostarme la espalda leyendo a Houellebecq (y todo lo demás que ocurrió, que se seguía también con la misma naturalidad, ese orden perfecto, esa realidad, esas palabras que podrían nunca haber estado ahí [que nunca habrían podido estar ahí]). Una de esas vacaciones que planeas, enfrentando contratiempos, sorprendiéndote con las coincidencias que permiten que todo ocurra más fácil, registrándolo todo, tal y como debe ser; y terminaron, también, como era de esperarse: no quedamos atados en la repetición infinita de la marea, no morimos, no nos olvidamos; aquí sigo y las vacaciones se convirtieron en recuerdos, en un relato, cada vez más corto, para los que preguntan. Ahora acabo de abrir el libro y leo, es el primer párrafo, lo que seguía desde cuando cerré por última vez el libro en mis vacaciones a falta de luz:
Poco antes de llegar, la carretera seguía una playa de arena negra sembrada de pequeños guijarros blancos; tengo que reconocer que era extraño, por no decir perturbador. Al principio miré con atención, luego aparté la mirada; aquella inversión de los valores me trastornaba un poco. Si el mar hubiera sido rojo, seguramente habría sido capaz de aceptarlo; pero seguía siendo tan desesperadamente azul como siempre.
De haberlo leído allá, ¿habría visto yo el mar rojo? ¿Hubiera cambiado algo? ¿He vuelto otro? Tal vez todo seguiría siendo tan desesperadamente azul como siempre; no lo hubiera notado siquiera. Luego, la literatura, y veo hacia atrás, ahora el escorzo; todo explota en colores, esa palabra que estuve buscando todo el tiempo, que podría haber sido arena (sin colores, sin atributos, sólo en el aturdimiento de su presencia), ahora abandona su necesidad: todo es tan desesperadamente azul, como el mar. No lo hubiera notado, no escribiría. ¿A dónde se ha ido la escritura? escribía hoy mismo. Se había quedado en la playa, esperando la arena, que dejó de venir. La literatura la ha traído de vuelta y ahora escribo.
***
Todos. Toda la gente que has conocido en los últimos 3 años, como si fuera la última escena de tu vida. Unos saludan, efusivos, con un abrazo; otros se alejan; otros más, inesperados, te preguntan en palabras certeras por tu vida, sonríes sorprendido, recorres el lugar atestado de gente; desconocidos, pero todos como especialmente seleccionados para estar ahí esa noche, para que nada pasara desapercibido: no tenías nada que hacer ahí, sin embargo, todos han venido. Es tu despedida. Como si algo así fuera a hacer cambiar algo de repente, como si mañana pudieras efectivamente abandonarlo todo e irte a meditar en una montaña de Laos. Como si esperar una despedida no fuera demasiado. Y sin embargo, todos desfilan, casi, haciéndose notar, otros obligándote a atravesar el lugar para decir dos o tres palabras en un tono que sólo la muerte podría cambiar. Pero un vacío. Más palabras o menos palabras, alguien que se daba la vuelta, alguien que te prometía: saturación.
sonida: A Sweet Quasimodo Between Black Vampire Butterflies For Maybeck, Charlemagne Palestine.
Son las spirales, como el acto de mirar de una manera luego de leer algo que te transforma.
Voces diversas que nos alteran.
Aquí en Lima, está agotada Las partículas elementales y sólo es posible leerla en las más dotadas bibliotecas.
En la más grande de la ciudad he leído varias hojas de LPE, pero me falta mi carnet de usuaria de entidad especializada. Las primeras hojas tumbarían y tumbam supongo al lector que espera algo “literario”. Pero H marca con un tono frío el comienzo que dura varias páginas con una terminología científica filo-exasperante. Todo va en ese lenguaje adrede y cuando deja ese tono para dar la sensación de apartarse de lo despersonalizado, el giro no se siente liberador sino natural. No creo que eso sea fácil de lograr.
Daniel, sucede en otra coordenada lo que escribes. Nunca suscitas indiferencia. La playa, por la divinidad machine y humana!, la playa la playa y su resonancia…
Tan sólo sigo por aquí, lo necesito.
Salutes Persuación.
Excelente libro, igualmente lo que escribes.
Saludos desesperadamente lejanos.