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“… pobre hombre que soy, no puedo contraer bastante el corazón para reventar las venas. Me gustaría ahogarme de dolor, pero, en lugar de eso, doy a luz a una roca”.
-Henry Miller, trópico de capricornio

sonida: before three, the cure

March 15, 2009

donald judd, 15 untitled works in concrete, 1980-1984

estaba listo. Todo iba a ser de la misma manera que había sido siempre, repetición del dia, paso por paso, con los mismos resultados, según deducciones lógicas e infinitas, asegurando la equidistancia de los puntos y la equivalencia de las variables, una parada del bus que aboliría el azar, mirada por la ventana sólo para constatar que cada nube permanece en su sitio, o que recorre el camino para ocuparlo, mirada al reloj para constatar que pronto dispararían el cañón que constataría que era la hora en la que el cañón debía a ser disparado, a la hora del té, todos a sus posiciones, el café—porque aquí tomamos más café que té—ya estaba listo, la misma temperatura, y las letras iban cayendo en orden, una tras otra, asegurando la posición de la anterior y previendo la siguiente, scrabble universal que escribiría el orden del mundo, que se escribiría al mismo tiempo en una moleskine, en una hypomnenata, en un cuaderno del taller de encuadernación y en un jean book, y en hojas de papel sueltas, agrupadas luego por ganchos universales o en carpetas de plástico verde transparente, siempre ese verde, el mismo verde, para conservarlas sin arrugas, siempre limpias, conservar el contenido impecable, así como el orden infinito que lo dicta, conservar el presente infinito, y el orden infinito que lo controla, que te controla, que te impulsa a escribir, un poco, quizás un poquito, depronto por un lado no más, que te impulsa a escribir—otra cosa—a escribir siempre según ese orden—romperl—nunca distinto, nunca nuevo, cristalino, eterno, medieval, como tus dias, como tus dias, como tus dias, como la vida que te recorre, como las conversaciones en las que saturas incoherencias y que no se rompen que no se rompen como la escritura parafernalia mística caos del mundo permanencia incandescencia y el pensamiento se retira para imponerse y se niega para afirmarse en la presencia infinita del vacío que el pensamiento ha dejado en su retirada vaca(sic) nueva, mugre limpia y nuevas conexiones que te rompen que te rompen que te rompen y que de nuevo repiten el dia y vuelves a empezar cada vez por la mañana a la misma hora y la misma alarma y el mismo recorrido, el dia siempre nuevo, siempre igual, siempre lleno de contenido siempre igual, deducciones a priori, el a priori del a priori, el mundo intacto, impecable, igual a sí mismo, contenido dentro de la permanencia del ser y permanencia atada a tu cotidianidad y a las palabras, a las palabras, siempre idénticas a sí mismas, siempre infinitas en su valor de verdad, formalizaciones eternas, inmutables, verdades lógicas, tautologías, tautologías, el mundo real, la tautología real, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post, el mismo post. Terminó su café y salió a la calle. No llovía.

sonida: big sky, Yo la tengo.

March 12, 2009

taku


Muerte en Pereira (¿en vivo?), originalmente cargada por .postbop.

en: Uncategorized — pin2 @ 1:41 am

Haiku

ramones

oh ramones

ramones

por Taku.

sonida: pinch, Can.

en: haiku, outsiders, poe.mas — pin2 @ 1:37 am
March 10, 2009

bo()du*m

un poco de escritura. Ahora que hay silencio. Unas líneas que se muevan entre líneas, unas palabras que lloren su opacidad, todo lo que falta. Después del silencio, después de todo el trabajo y a través de todo lo que ha sido necesario, volver a estar en el mismo punto, el sol brillando ahí a dos metros y una ventana y un vacío que te impiden alcanzarlo. Ausencia de intencionalidad, el espacio sonoro no se pliega sobre una sola fuente, se distiende y ocupa todos los rincones, adquiere todas las tonalidades, un sonido que contiene todos los sonidos, (como la luz blanca contiene todos los colores). Ocurre lo mismo, siempre ocurre lo mismo: el silencio es eso que desaparece cuando intentas decir qué es. Eso que muchos llamarán divino, aquello que la escritura no cesa de perseguir, eso que envuelve la taza de café que descansa, casi vacía, tan cerca de tu brazo que puedes tumbarla en cualquier momento.

Este es el momento en el que reconoces cuánto tiempo ha pasado, cuánto te has movido, y sin embargo qué tan poco has avanzado. Un momento que es igual a todos los momentos, que después reconocerás como el momento en el que ya estabas en otra parte pero aún no lo sabías, esa parte que será integrada luego como comienzo, como el origen de algo que ahora desconoces, y que has perseguido por siempre. También has escapado, y eso está bien; ahora no podrías volver atrás, aunque quisieras. Ahora, en lo que escribes, habla lo que has olvidado, pero en cuanto olvidado, te resulta ilegible. Quizás olvides haberlo olvidado y puedas volverlo a leer, o quizás la creatividad si se agote con la edad, quizás el crecimiento y el olvido sí sean lo mismo y ahora no estés más que nunca caminando en círculos, círculos lógicos y dialécticos, los más viciosos de todos. Este es el tipo de cosas que puedes escribir sólo ahora, mientras la mañana se distiende, mientras el mundo te abraza y buscas la salida.

El retorno no será vacío, pero tampoco es buscado. Espera.

sonida: la espera.

March 8, 2009

Beethoven Grosse Fuge pt-1

en: Uncategorized — pin2 @ 6:56 pm
March 5, 2009

op. 21, I Ruhig schreitend

la explosividad contenida y siempre devastadora de las mañanas. El tiempo inexorable (que es ya no decir nada); choques de temperatura y el mundo que arremete por la ventana. Todo lo que aún resuena de ayer, todo lo que queda inconcluso, todo lo que hoy-tiene-que-ser. Todo eso, increíble, no cabe en una sola taza de café, lo has aprendido a la fuerza. Debes olvidar tus certezas con un poco de música, mirar el reloj, escribir unas palabras que retumbarán de nuevo en tu cabeza, aunque sea para callar esas otras palabras de anoche que aún se agitan. Leer el cielo. Leer los minutos y sentir el tiempo, en cada trago de café. No podrías retratarlo todo aunque quisieras, una obra total de la mañana, completa con flautas que imitan los pajaritos (transcripción cortesía de Messiaen); la mañana sólo existe como unidad en lo que se perfila, nunca en lo que puedas llegar a poseer realmente. No hay otra cosa. Todo marcha, muchas dimensiones, distribución espacial de la experiencia; el sonido se expande por el cuarto, te mueves en sincronía, de forma calmada y coordinada. Piezas cortas, con forma de pera quizás, intentos sencillos que intentan atrapar al mundo de un solo movimiento, como los 9 minutos de la sinfonía de Webern, una totalidad diferente, un espectro, una superficie deslumbradoramente cristalina que se empaña cuando te acercas, en la mañana, con tu taza de café.

sonida: sinfonía op. 21, Anton Webern.

March 2, 2009

De las redes del pensamiento, la dispersión y el olvido. Acerca de Horacio Potel y su presencia.

de la diseminación a la dispersión a la pérdida del pensamiento. Lo que a veces determina y demuestra su inmanencia a veces retorna desconocido y lo hace huir. La inmanencia es tan válida como activa, mientras su espacio entre lo visible sea siempre productivo, mientras se escape a la metafísica o a la reclusión, sea académica o capitalista. La inmanencia es la forma más activa de estar-ahí, si por eso se entiende responder cada vez inmediatamente a las condiciones, de cualquier tipo, que la determinan. Y así el espacio llamado virtual, que lo es en tanto real, pero también en tanto efectúa una apertura de las posibilidades infinitas de su propio espacio. A parte de eso, es completamente actual, activo y sujeto también a todas las fuerzas que actúan sobre él. Es un campo de fuerzas, también, pero el tipo de combates que se libran ahí es mucho más desigual, a velocidades intrazables y que atraviesan estratificaciones que aún no están mapeadas. Los textos, el pensamiento, recorren el espacio, imparables, diseminación como nunca antes se ha visto. Se trata de la disponibilidad, de la aperturidad y el acceso, se trata del mundo, del comportamiento de la palabra, de sus huídas, del olvido. El olvido del olvido, como en Blanchot, que no depende de que todo esté ahí sino que permanezca como lo que se olvida, que no se olvide aunque se olvide, que nunca se olvide de ser olvidado. No se trata de una comunidad creativa en la que todo vale y todo sirve, se trata del pensamiento, únicamente el pensamiento, que brota, que se oculta, que viaja y se transporta, en textos, en cuerpos, en .pdf, con etapas de actividad y etapas de receso, de calma, de silencio. No es, por lo tanto, una apología a los derechos infinitos y a una comunidad imposible; sólo respeto ante la palabra, ante su silencio, y ante lo que puede, cuando no está atada por reglas que pertenecen a otros juegos.

Una especie de solidaridad con la palabra, con el pensamiento, y con un profesor que ha tenido el mismo compromiso, y que, sin conocerlo, me ha acompañado desde hace años. Tres textos que tenía guardados antes de la caída de las páginas de Heidegger y Derrida en español. Parásitos del capitalismo, pensamiento transversal y pensamiento, sólo pensamiento.

El Ser Escrito – Jacques Derrida

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Introducción a qué es la metafísica – Martin Heidegger

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La época de la imagen del mundo – Martin Heidegger

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sonida: not a robot but a ghost, Andrew Bird.