serie micasa
escribo porque afuera hace frio. Afuera. Porque el silencio es diferente, porque el internet es lento. Porque tengo que probarme a mí mismo que puedo enfrentar el odio, porque tengo que mantenerme con vida, porque sí, porque me dijeron que escribir era bueno para la salud, porque escribo y el mundo explota, porque exploto desde el mundo y escribo, y sólo de eso se trata. V.M.T, nombre de un robot que no escribe: produce el mundo. Escribo mientras pasa el tiempo, el tiempo del tiempo, eras completas. No retrocedo, porque no soy tan buen escritor, sólo (solo) me muevo a tropezones hacia adelante, letra por letra, corrigiendo cada dos palabras y dejando pasar cientos de errores, sólo para avanzar, para no permanecer sentado en esta cafetería fría (frívola), para esperar a que salga el sol y poder sentarme con las gafas oscuras y leer y perderme y olvidarme para que cuando vuelva sea un poco menos sabio, un poco menos saturado: leo para crear un vacío dentro de mí, que lleno escribiendo. Y viceversa, en realidad. Mientras escribo, se agota la batería. El café ya se acabó también, mis fuerzas, quedan pocas. Escribir es congelar energía, secuencias de código que diosgoogle almacenará para que alguien más consuma mientras produce otras secuencias, expansión fractal de universos vacíos, como las hipotecas. Ahora sale el sol, todo aumenta de temperatura, mi escrito se balancea y se aproxima al vacío. Una duda más y decidiré no publicarlo (“publicarlo”), quedará almacenado únicamente en el entendimiento de dios preo nunca accesible a nadie más, fracasará. El pensamiento no se puede ver, puede pasar al frente tuyo, puede estar produciendo la revolución más improbable y tu vas a seguir aquí, con el cafeshito.
En mi grupo nuevo toca un japonés. De lujo, es todo lo que puedo pensar. Ahora hago parte de mi propia novela, ahora pertenezco a una ola, ahora mi fracaso no será estruendoso, sólo fatal. Hacemos revoluciones todos los días, pero las olvidamos. Whowatchestheselfasheiswatchedfromtheoutside? Glenn Branca, profundo en tu interior; sólo reciclas.
sonida: atlas sound micromix.
ahora resulta que entre más lees, menos puedes escribir. Esas palabras que antes te desbordaban, que se organizaban de formas tan sorprendentes y coherentes, no están más. Podrás odiar la imagen del “pantano de la filosofía”, pero sin duda algo así parece tragarse ahora las palabras. Se va el sentido, se va la coherencia, se va la necesidad. Pero no, no es un pantano, es sólo un reto más grande: el mundo no es tan sencillo, ten más cuidado, hay que ir despacio para moverse más rápido. Suena a los consejos que te daban los profesores, quizás reconociendo en ti esa etapa que dejaron y que ahora tu mismo reconoces. El mundo, el pensamiento. A veces era muy fácil dar con la respuesta, seguir ese camino que, innovador y rebelde, no era más que el primer impulso. Ahora vas tras uno, tras otro, todo pierde consistencia, pierdes tus fundamentos: es mejor pensar y olvidar que nunca haber pensado. O algo así. Pero no te detengas, o mejor, no vuelvas a empezar por ese otro lado, no lo olvides. Ya te enfrentaste al afuera, ya viste el vacío, ahora te toca aventurarte y recorrerlo: el mundo empieza por aquí. Y quedan también las sospechas, queda el pensamiento, el recuerdo del enthousiasmos que te atravesaba, que lo dirigía todo. ¿Acaso era una ilusión? Ese terremoto del pensamiento, ese éxtasis y estupor ante las ideas, el mundo desplegándose en sentido, nunca determinado, nunca cerrado, pero significativo, simplemente en explosión. Dispersión, discreción, disolución: el pensamiento tiene consistencias tan variables, que a veces se te olvida el mundo.
Lo que no debes perder es la escritura, el éxtasis, la lectura. Desde muchas perspectivas estás mejor así, sin suelo, es lo que siempre has buscado: “se un extranjero, siempre.” La escritura cada vez como problema, el pensamiento cada vez como límite, las ideas cada vez destruyendo y reconfigurando tus moléculas de nuevo: Lo que a veces parece anarquía adolescente se convierte aquí en compromiso ciego, allí en liberación hueca, más acá en pereza intelectual, y a la vuelta de la esquina en conservadurismo. De hecho todos son términos intercambiables. En medio de todo has encontrado una mirada, una clave: desde el silencio se escucha mejor el rumor del pensamiento: el mundo se despliega, el fuego ha estado ahí desde siempre, tú estás ahí, abierto, el mundo implacable cada vez, y tus palabras se retiran. Cada vez entiendes menos y el mundo se abre más. Sin duda no es el pensamiento lo que dejas de entender, no es el mundo lo que deja de tener sentido para tí, pero con cada inscripción que se implanta sobre el mundo, con cada nueva destrucción, vuelan las palabras, [...]
Vuelve a escribir vuelve a escribir vuelve a escribir. Tardes al sol, agotamiento físico destructor/deshilvanador/desmolecularizador. Persigues el ser, lo Uno, te adentras en el silencio: no hay nada como tu propia lectura, eso permanece. Pero debes permanecer abierto, disfruta las ideas, permite que cada idea te destruya una y otra vez, aunque no sea nueva, aunque no brille, aunque no refleje al mundo sobre cada una de sus caras mientras te penetra, destrozando tu piel, desencajando todos los huesos para conformar anomalías siempre nuevas; hay ideas que son sólo repeticiones, pero pertenecen al pensamiento, pertenecen a su conectibilidad infinita, tienen el poder de desplegarse, de dar un giro inesperado y descarrilar el tren que tan lentamente te transportaba: ese tren destruirá al siguiente y de nuevo serás nuevo.
La escritura. Entre la necesidad y el esfuerzo se juega el compromiso. Tú olvidas compromisos, sucumbes al agotamiento e ignoras la lógica imposible, pero la escritura permanece, ahí donde ya no hay nada, ahí donde fuiste, donde el mundo será mundo, persiguiéndote y rompiéndote los huesos. La escritura permanece en ese rincón cálido, sentado, ciego a tu vida o a lo necesario, infame o inmune, 11:11:11, redefines el sufrimiento. El caso es que permanece, puedes volver, aunque todo lo que hayas escrito sea basura.
sonida: Here comes Mary, The Raveonettes.