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las direcciones, los impulsos, las fuerzas, todo el movimiento hacia adelante -y hacia atrás-, son rectas que confluyen estúpidamente en el mismo punto. De repente el mundo es un cubo conformado por el movimiento, y yo me encuentro en uno de sus vértices, fin de todo movimiento. Puedo girar, puedo devolverme, puedo cambiar de dirección, [...]

December 27, 2008

Jack Kerouac, On the road

en: Uncategorized — pin2 @ 8:28 pm

la playa (lo cursi)


la playa (lo cursi), originalmente cargada por .postbop.

No escribí entonces. Escribí para ella, que en gran medida es escribir para mí, pero nunca será suficiente, nunca estará tan adentro. Nunca escribí. Ahora regreso y pronto me voy, de nuevo, a buscar, a perder. Ahora hay silencio, hay un espacio, una detencion en la que todo es perfecto. Y ahora sí escribo. Y voy a escribir, y luego voy a seguir haciéndolo hasta desangrarme. Pero entonces no leo. Entonces leí. Desde esa gran terraza, ese espacio gigante atravesándome las pupilas, las Martens increibles y su viaje eterno; el viento que me arrancaba la piel y la reemplazaba por una costra salada e igual de blanca. Entonces leí. Caulfield fui yo.

Perhaps the safest thing we can say about Holden is that he was born in the world not just strongly attracted to beauty but, almost, hopelessly impaled on it.
Original book jacket copy, possibly partially written by Salinger

No fui yo. Fuimos todos, lo olvidamos, lo evitamos. Holden al extremo, en picada, en un descapotable, con Sal Paradise y Dean Moriarty y Galatea y los demás (todos los que quieras, todos fuimos) y fuimos todos y cruzamos el mundo y destruimos el mundo y lo olvidamos. Y hubieramos disparado si el miedo no hubiera sido tanto, si el silencio no hubiera sido tan resistente. Sólo era mirar hacia abajo, ver nuestras botas, caminando, caminando, ver los zapatos enterrados en la arena, caminando ligeros, la arena no entra porque son altos, ni siquiera por los huequitos, los vendedores de la playa hablándonos en inglés, en español, en papúa, las RayBan(de imitación) ocultando nuestra mirada y el iPod silenciando sus gritos, su orgullo herido al ser ignorados, -mi piel es mejor que la suya-, te decían, con toda la razón. Todo lo que quieran. Entonces no leí y no escribí, pero hice fotos. -Beautiful, decían los negros de la playa. -Déjalo, sól es colombiano, decía otro.

Luego leí. Terminé con Caulfield y fuí Vila-Matas que fue Tabucchi que fue Hemingway que fue tantos más. Tantos más fuí que no recuerdo siquiera haber leído los cuentos antes, sólo ya sabía que iba a pasar, entonces no leí, fuí. Todos los días fueron uno, variaciones, inversos-retrógrados de lo mismo. Claro, porque estaba con Phillip y con Einstein en la playa. Mr. Bojangles, repetía, mientras el jet despegaba, ahora solo, con otro destino. Entonces leí y no leí y miré por la ventana. Ya había sido Holden, ya podía ser cualquiera. Jackbox, oyes ahora, Mr. Bojangles, oía entonces. Ahora vuelvo a la segunda persona, confidente, selfwatchingfromtheoutside, y lo evito (!) porque sí, porque ya empecé en primera, porque el que fuiste no es el mismo que eres, sino que son, y ninguno es sólo únicamente. Literalmente (y) en todos los sentidos. Todo luego pasaría rápido, tan rápido como no pasa nada rápido en ese lugar; tan rápido como lo que está siempre detenido, tan veloz como una roca al destruir su cráneo.

Acumulaba odios, limpiaba alacenas, quitaba la grasa del mundo. Entonces entre lo que pude componer, pensé. Entonces leí. Entonces escribí. En general, todo ocurrió sin que me diera cuenta, yo sólo observaba.

December 15, 2008


en: Uncategorized — pin2 @ 1:41 am
December 5, 2008

lost and found [inconclusoconcluido]

[encontrado en mi carpeta de documentos, con fecha del 26 de septiembre de 2008. No me acuerdo bien de ese día, pero sí de la idea.] {update: completado por @Rainoverlima de filmX}

la máquina de hacer capucchino que hay en JSB nunca deja de hacer vapor. En una noche de fin de semana se usa poco–aquí, como en todas partes, el ron y la cerveza fluyen más por la noche que el café–pero siempre está ahí, respirando. El silbido átono, regular, imperturbable, domina el ambiente y se mezcla, como puede, con la música que suena. Desde el jazz que empieza a sonar temprano en la tarde, ya sea que desemboque en una noche tranquila con bossa nova o en una descarga imparable de latin jazz–siempre según la gente que esté en las mesas esa noche–o que esté todo tan pesado que lo único por hacer sea deslizarse por la escala blues, dejar de pensar, ser un desconocido entre desconocido, ese silbido, como un drone, satura de tal modo la música que, nueva o conocida, es única en JSB. El apéndice por donde sale ese vapor eterno, pese a eso, siempre está cubierto con una placa blanca, años y años de uso, que los baristas expertos rechazarían sin pensarlo; esta máquina, que lleva aquí más tiempo que las paredes, que los discos y fotos que las cubren, que los personajes, quienes también hacen parte del inventario, que comentan sin descanso los discos y las fotos que cubren las paredes, esta máquina única y eterna impone sus propias reglas, y su café le da la autoridad que luego pueda necesitar. Improbable es la única palabra que recoge el sentido de lo que ocurre cada noche, cuando esa atmósfera húmeda y anisada de la ciudad adquiere consistencia suficiente; cambios de presión imperceptibles, intrazables, hacen que, ahí adentro, quizás activado por el flujo de vapor que sale del sucio apéndice en la parte de atrás de la barra, se condense una atmósfera

…donde las discusiones se llevan sensaciones como ese sonido del saxofón cruzado con la acerada mirada del músico. Una franja entre la blanca placa y lo que marca el ritmo. Una franja de tiempo y nebulosa. Todo es música, el silbido de la máquina, los pasos nerviosos de las muchachas que sonríen entre el humo y las miradas de sus acompañantes.

El músico espera.

sonida: I’m so tired, The Beatles.