An appeal to one’s own heart is, after all, the best reply to the sophistry just noticed. No one who trustingly consults and thoroughly questions his own soul, will be disposed to deny the entire radicalness of the propensity in question. It is not more incomprehensible than distinctive. [...]
porque la escritura es así, porque nunca es nuestra, nos enfrentamos a ese momento de pánico en el que las palabras simplemente se niegan a un orden, y menos a uno que nosotros decidamos, y menos aún a uno que alguien más decida que debemos decidir. Las palabras no son así, y no son para eso. Con la conciencia de este hecho podrían cerrar cientos de periódicos y editoriales, pero ciertamente podríamos leer y respirar más. Cuando la concienca es sobre el propio acto de impotencia, podríamos perder el trabajo. Esa extraña devoción por las palabras, escribir 12.000 en una mañana, como Hemingway, es únicamente una plegaria de fertilidad y compañía para evitar caer en un hiato en el momento inadecuado. No es el lugar común de la página en blanco, siempre se pueden llenar cientos y cientos de páginas, es simplemente que el orden no se da. Como ese primer paso que nos lleva de estar en el muelle para estar en el barco, que nunca es seguro, que se da con los ojos cerrados, con la única seguridad de saber que, la última vez que lo dimos, el barco era real. Porque es fácil confiar en la tierra, pesada y recorrida, pero un barco es tan literario, tan dado al viento y al movimiento, tan propio de si mismo, que estamos seguros de que lo abordamos sólo porque él lo permite. Cuando se planta, con esa calma de los caballos briosos cuando deben parar, tratando por todos los medios de tumbar a su jinete (en unos días, se supone, podré hablar con propiedad sobre la perspectiva hegeliana del amo y el esclavo), no podemos más que convertirnos muy literariamente en marinos hijos del mar y dar un paso, con la propiedad del capitán, y cerrar los ojos en el último instante, imaginando cada una de las junturas de cada uno de los maderos que hacen el barco para darle existencia material y no caer del muelle al agua negruzca sobre la que yacía nuestro espejismo. Escribir es igual pero claro, por más que se imaginen todas las palabras, todas sus combinaciones, todas las lenguas y todas las formas de celos, todos los órdenes, todos los comienzos y las formas de terminar un párrafo, nunca podremos dar un paso si las palabras no se prestan primero completas a nosotros. De todas formas, toda escritura es ilusión.
sonida: wake up, Arcade Fire.