no sé nada sobre mí. No sé qué, quién o cómo soy. No puedo dibujar un esquema básico de lo que me conforma, más que decir que soy, como lo he dicho tantas veces antes, un no-lugar de paso para las ideas. No sé si en realidad no soy nada, o simplemente no lo comprendo, [...]
en todos los seres hay que distinguir tres elementos, que son los que permiten adquirir la ciencia de estos mismos seres: ella misma, la ciencia, es un cuarto elemento; en quinto lugar hay que poner el objeto, verdaderamente conocible y real. El primer elemento es el nombre; el segundo es la definición; el tercero es la imagen; el cuarto, la ciencia. Pongamos un ejemplo para que se comprenda mi pensamiento y que sirva para aplicarlo a todo. «Círculo» es la expresión de una cosa, cuyo nombre es este mismo que acabo de pronunciar. En segundo lugar, su definición, compuesta de nombres y verbos: aquello cuyos extremos equidistan perfectamente del centro. Esta es la definición de lo que se llama redondo, círculo, circunferencia. En tercer lugar está el dibujo que se traza y se borra, la forma que se delinea en forma circular y que es perecedera. En cambio, el círculo en sí, al que referimos todas estas representaciones, no experimenta nada semejante a esto, pues es totalmente distinto. En cuarto lugar está la ciencia, la intelección, la opinión verdadera, relativas a estos objetos: esas cosas constituyen una clase única y no residen ni en los sonidos proferidos ni en las figuras materiales, sino en las almas. De donde resulta evidente que se distinguen tanto del círculo real como de los tres modos que he dicho. De entre estos elementos, la inteligencia es la que, por afinidad y semejanza, está más cerca del quinto elemento; los otros se alejan más de este. Las mismas distinciones podrían hacerse respecto de las figuras, rectas o circulares, así como respecto de los colores, de lo bueno, de lo bello, de lo justo, de un cuerpo cualquiera, fabricado artificialmente o natural, del fuego, del agua y de todas las cosas semejantes, de toda especie de seres vivos, de las cualidades del alma y de las acciones y pasiones de toda clase. Si alguien no llega a captar, de cualquier manera, las cuatro representaciones de estos objetos, no obtendrá nunca una perfecta ciencia del quinto elemento. Por otra parte, todo esto expresa tanto la cualidad como el ser de cada cosa, por medio de este débil auxiliar que son las palabras; por eso, ningún hombre razonable se arriesgará a confiar sus pensamientos a este vehículo, y mucho menos cuando este queda fijo, como ocurre con los caracteres escritos. Y hay aún una cosa que hay que entender bien. Todo círculo concreto, dibujado o hecho con el torno, está lleno del elemento contrario al quinto: en todas sus partes, en efecto, limita con la línea recta, mientras que el círculo en sí, decimos nosotros, no contiene ni poco ni mucho la naturaleza opuesta a la suya. El nombre, decimos, no tiene en ninguna parte fijeza. ¿Quién nos impide llamar recto a lo que llamamos circular o circular a lo que llamamos recto? El valor significativo no será menos fijo cuando se haya-,hecho esta transformación y se haya modificado el nombre. Otro tanto diremos de la definición, puesto que ella se compone de nombres y de verbos: no tiene nada que sea suficientemente firme. Y hay mil razones para demostrar la oscuridad de estos cuatro elementos. La principal de ellas es la que dábamos un poco más arriba, a saber, que de los dos principios, la esencia y la cualidad, el alma busca el conocimiento, no de la cualidad, sino de la esencia. Pues bien: ella no busca que estos cuatro modos le presenten esto en los razonamientos o en los hechos, ya que la expresión y la manifestación que ellos nos dan es siempre fácilmente refutada por los sentidos, lo cual coloca al hombre, por así decirlo, ante un paso sin salida y lo llena de incertidumbre.
carta VII.Platón
ser un trirreme. Ser un círculo, limitar con todo. Ser un trirreme pero responder a otro nombre, a tantos nombres. También quisiera evitarlo, quisiera ser idéntico a mí mismo. No es tan fácil, nada es tan fácil. Ser un trirreme, por móvil, por veloz, porque escapa lo fijo. Ser un trirreme a las 3 y cuarto, crucero en altamar. Ser un trirreme crepuscular, entrando en la bahía, las armas listas para atacar. volver la mirada, sentir el sol y su juicio implacable. Tantos trirremes, tantas palabras, nada es uno. Volver luego sobre mí mismo (trirreme o doble amante de cyborgs) y descubrir que ya me he movido, que no permanezco. Nada es fijo. Olvidar las palabras, olvidar la escritura, pensar en un círculo, en el quinto elemento. Un círculo que no es línea, un círculo que no es palabras (pensar en un círculo sin palabras, pensar sin palabras, pensar, círculo). Círculo crepuscular que limita con dos trirremes (porque son cyborg). CyBorg(e)s: al sur, a través de un laberinto de código sobre iteraciones infinitas del presente
sonida: white winter, Fleet Foxes.
Pin2, volveré para comentar. Sólo quiero decir que suelo estar aquí y que hoy, después de un extenuadísmo día, antes de descansar vine a esta inmanente zona y que sí, vuelvo…
Salute.
salute rain, ojalá vuelvas siempre, y que lo disfrutes.
Un trirreme inquieto, iconoclasta, llevándose por delante toda señal metafísica, ¿existirá? ¿o ya no sería trirreme?