sí, van a ser dos años. Cosas que cambian y cosas que no cambian.
sonida: Reptilia, The Strokes.
poner en perspectiva y girar, una cámara que muestra un paisaje, el mismo paisaje, el mismo paisaje, es casi místico poder reconocerlas como diferentes, y reconocerse en cada uno, como uno, como lo mismo, como lo que ya no es y lo que se integra a su propia diferencia cambiando, plegándose sobre sí mismo, como una tela, sí, como las líneas de la mano, como las hojas de un libro cuando lo cierras, ese contacto íntimo y sin estructura, sin narración, a base de contigüidades, de libertades, de azar, que hacen que los personajes se reconozcan otros, que las situaciones se repitan una y otra vez atravesadas por diferentes narraciones de lugares que nunca son parte de la novela atravesadas por tu lectura paranoica, desconcentrada, atemorizada, siempre intervenida por las singularidades de la sala de espera en la que intentas leer sin perder el avión, a la espera del vuelo, de la llamada, del momento, de ese momento en el que miras por la ventana y esperas poder dejarlo todo pegado del asfalto caliente de la pista y despegar únicamente con lo que ya no eres, ser parte del avión, no un ala, ni la cabina, ni siquiera una ventana, ser una corriente de aire expulsada de sus turbinas, ser una luz de seguridad que no se enciende, que no se enciende, que no se enciende, que se enciende, el pánico, ser el pánico, el vacío, ser tú mismo, ser tu mismo tú, ser tú mismo a las nueve de la mañana, bajando de la montaña a esa velocidad, a la velocidad cero del movimiento absoluto, gracias a todo eso, bajando de la montaña y enfrentándote a tantas velocidades, percibiéndolas, cada una, los carros que bajan veloces, con la seguridad, la de Robert Mailand, de que nunca se detendrán, de que estás abandonado, pero percibiéndolos como velocidades diferentes a la tuya, tú, que casi te deslizas transversalmente sobre el tiempo gracias a los desplazamientos que has efectuado dentro de tí mismo, gracias al amor, a las velocidades, a la mínima intuición de un acontecimiento que puedas haber tenido, a tu propia pérdida, ser tú mismo en ese momento en el que lo recobras todo y entonces no piensas en nada más, en el que todo tu mundo se resume en la cara de una moneda, esa estúpida subestimación del azar con el que pretenden dirigirte, y de nuevo intentas desaparecer, dejar de ser tú, en las palabras, en ese rastro plástico y metálico del metro que pasa a unos metros de tu ventana, disolverte en el calor, en las palabras de otros, en redes de redes que no logran hacerte imperceptible, ¿por qué? porque en este momento ya está todo referido a un sólo centro, tú, egoísta, solipsista, ingenuo, porque la destrucción del sujeto nunca ocurre desde adentro, ni como efecto de una voluntad, sino por medio del error, del azar del mundo, de la verdad. Lo único que puedes hacer es tratar de desaparecer en las palabras, esperando que entre las líneas aparezca esa otra línea que has de seguir. Por lo menos puedes seguir buscándola, y así olvidarte de lo inmediato.
sonida: canción animal, Soda Stereo.
“De día, estaban los actos del día, las frases cotidianas, la escritura cotidiana, algunas afirmaciones, valores, costumbres, nada de importancia y, no obstante, algo que era preciso confusamente denominar la vida. La certeza de que al escribir ponía precisamente entre paréntesis dicha certeza, incluso la certeza de sí mismo como sujeto de escribir, le condujo lenta pero inmediatamente a un espacio vacío cuyo vacío (el cero tachado, heráldico) no impedía en absoluto las vueltas y las revueltas de un recorrido muy largo.”
- Maurice Blanchot.
We think the same things at the same time
We just can’t do anything about it
también estoy leyendo Blanchot!
te quiero, amigo.