www.lapersuasion.com -work in progress.--

[encontrado en mi carpeta de documentos, con fecha del 26 de septiembre de 2008. No me acuerdo bien de ese día, pero sí de la idea.] {update: completado por @Rainoverlima de filmX}

la máquina de hacer capucchino que hay en JSB nunca deja de hacer vapor. En una noche de fin de semana se usa poco–aquí, [...]

March 31, 2008

oyó, no yo


“Nietzsche no nos dice: sed rápidos, él no era muy rápido. Se puede ser rápido marchando lentamente, se trata de una cuestión de relación diferencial entre velocidades y lentitudes, se puede ser muy rápido sin moverse, se pueden hacer viajes sobre el lugar de una rapidez loca, estar de vuelta antes de haber partido”. .G.D

Recuerdo esas velocidades. Recuerdo lo que se sentía vivir toda mi vida en 32 compases, sentir la duración de una redonda, sentir todos los tiempos no pulsados jalonándonos en todas las direcciones para desmembrarnos, para romper la seg
uridad, mi identidad, para hacernos perder en el tiempo. Ya siempre a salvo al otro lado, nunca intentabamos ir muy rápido, nunca nos deslumbraban los 300bpm (lentitud, falsa velocidad); siempre atrás, o adelante, siempre escapando del pulso, no yo mismo sino todo lo que nos atravesaba. Recuerdo no estar nunca en el centro, nunca músico, nunca saxofonista, nunca jazzista, nunca nada más, atravesado y atravesando diferentes velocidades, intensidades que se formaban, potencia de permanecer en reposo. Lo que siempre me ha costado es la relación diferencial, odio la física, y nunca las pude coordinar. Ahora, frente al mundo, no me muevo, no miro, no veo, no actúo. No como resistencia, sino como incapacidad, el yo es quien toma las decisiones, y aquí, en esta zona, ya no hay yo. 

Devenir otro en música, devenir niño, por ejemplo, significa renunciar a todo significado. Devenir niño, en medio de gigantes molares que aplastan y que dirigen con batutas composiciones retrógradas, significa permanecer incomprensible. Devenir niño, cantar con otra voz, inventar más devenires, glosolalia musical, eso escapa y desborda las posibilidades del 4/4. Desterritorializo mi saxofón dejándolo guardado por tres meses en su estuche, en silencio, mandándolo a viajar en esa oscuridad, esperando encontrarlo todavía caliente el día en que decida que es hora de andar. 

El último obstáculo consiste en poder tocar sin moverme. Llegará un día, y no es esto deseo ni proyección, en el que el silencio ya no será ni el grado cero ni parte de la máquina ni el ambiente sino que será mi voz reterritorializada, espacio absolutamente liso y abierto. Me puedo apropiar del silencio. No hacer obra, perder el pasado, silenciar mi instrumento, guardar los libros y olvidarse del mundo para devenir imperceptible cerca del centro, mi línea de fuga la guía una marca de silencio. Y en esto ni Cage ni Boulez ni nadie han comprendido el silencio como yo lo necesito, algo como un plano de inmanencia, como la hoja en blanco de Mallarmé, que contiene todas las posibilidades, el silencio como pura virtualidad que abre el mundo en todas las dimensiones posibles, el silencio que habito para evitar agotar el mundo en velocidades inútiles. Me muevo para comprender el silencio.

silence | war
art | silence
silence | cave
inhuman | silence

silence | dreaming
avenue | silence
silence | tape
mirror | silence

silence | absence
“in memory” | silence
silence | blind
breaths | silence

silence | coda
overall | silence
silence | between
day | silence

silence | seconds
lesson | silence
silence | da capo
lips | silence

silence | rest
mourning | silence
silence | non-music
endless | silence

silence | one
two | silence
silence | zero
screen | silence

silence | meal
bottle | silence
silence | black
white | silence

silence | dirt
skin | silence
silence | prison
rain | silence

silence | unthinkable
loss | silence
silence | speechless
unspeakable | silence

silence | stone
comedy | silence
silence | string
formula | silence

silence | number
implosion | silence
silence | chair
school | silence

silence | reduction
dissemination | silence
silence | waiting
remaining | silence

silence | shock
naked | silence
silence | wigwam
secret | silence

silence | dice
book | silence
silence | joke
perfect | silence

silence | step
silver | silence
silence | radio
symphony | silence

silence | “as if”
secret | silence
silence | impossible
double | silence

silence | grave
before | silence
silence | castle
exhibit | silence

silence | noise
absolute | silence
silence | pausing
connected | silence

silence | who
into | silence
silence | nothing
voice | silence

silence | named
interrupted | silence
silence | before
finally | silence

silence | modul
pleasure | silence
silence | place
silence | silence

 

— silence | silence (for Jacques Derrida)
Ralph Lichtensteiger, Jan 25, Jan 28, 2005

 

sonida: inventiones & sinfonias, Johann Sebastian Bach.

en: despensa(miento), esquiZO, musical(es), outsiders — pin2 @ 11:17 am
March 30, 2008

devenir animal – devenir niño

sonida: dayvan cowboy, Boards of Canada.

en: esquiZO, outsiders — pin2 @ 10:59 pm
March 27, 2008

Manamana

en: Uncategorized — pin2 @ 3:35 am
March 25, 2008

Chigurh.exe

http://www.cracked.com/article_16053_30-error-messages-you-never-want-see.html

en: outsiders — pin2 @ 3:13 pm
March 20, 2008

de 9 0 0 0

en: outsiders — pin2 @ 10:27 am

desaparece

poner en perspectiva y girar, una cámara que muestra un paisaje, el mismo paisaje, el mismo paisaje, es casi místico poder reconocerlas como diferentes, y reconocerse en cada uno, como uno, como lo mismo, como lo que ya no es y lo que se integra a su propia diferencia cambiando, plegándose sobre sí mismo, como una tela, sí, como las líneas de la mano, como las hojas de un libro cuando lo cierras, ese contacto íntimo y sin estructura, sin narración, a base de contigüidades, de libertades, de azar, que hacen que los personajes se reconozcan otros, que las situaciones se repitan una y otra vez atravesadas por diferentes narraciones de lugares que nunca son parte de la novela atravesadas por tu lectura paranoica, desconcentrada, atemorizada, siempre intervenida por las singularidades de la sala de espera en la que intentas leer sin perder el avión, a la espera del vuelo, de la llamada, del momento, de ese momento en el que miras por la ventana y esperas poder dejarlo todo pegado del asfalto caliente de la pista y despegar únicamente con lo que ya no eres, ser parte del avión, no un ala, ni la cabina, ni siquiera una ventana, ser una corriente de aire expulsada de sus turbinas, ser una luz de seguridad que no se enciende, que no se enciende, que no se enciende, que se enciende, el pánico, ser el pánico, el vacío, ser tú mismo, ser tu mismo tú, ser tú mismo a las nueve de la mañana, bajando de la montaña a esa velocidad, a la velocidad cero del movimiento absoluto, gracias a todo eso, bajando de la montaña y enfrentándote a tantas velocidades, percibiéndolas, cada una, los carros que bajan veloces, con la seguridad, la de Robert Mailand, de que nunca se detendrán, de que estás abandonado, pero percibiéndolos como velocidades diferentes a la tuya, tú, que casi te deslizas transversalmente sobre el tiempo gracias a los desplazamientos que has efectuado dentro de tí mismo, gracias al amor, a las velocidades, a la mínima intuición de un acontecimiento que puedas haber tenido, a tu propia pérdida, ser tú mismo en ese momento en el que lo recobras todo y entonces no piensas en nada más, en el que todo tu mundo se resume en la cara de una moneda, esa estúpida subestimación del azar con el que pretenden dirigirte, y de nuevo intentas desaparecer, dejar de ser tú, en las palabras, en ese rastro plástico y metálico del metro que pasa a unos metros de tu ventana, disolverte en el calor, en las palabras de otros, en redes de redes que no logran hacerte imperceptible, ¿por qué? porque en este momento ya está todo referido a un sólo centro, tú, egoísta, solipsista, ingenuo, porque la destrucción del sujeto nunca ocurre desde adentro, ni como efecto de una voluntad, sino por medio del error, del azar del mundo, de la verdad. Lo único que puedes hacer es tratar de desaparecer en las palabras, esperando que entre las líneas aparezca esa otra línea que has de seguir. Por lo menos puedes seguir buscándola, y así olvidarte de lo inmediato.

sonida: canción animal, Soda Stereo.

en: esquiZO, soultripping — pin2 @ 12:51 am
March 18, 2008

yo soy vila-matas

“los otros (incluidos los otros escritores, y de entre éstos sólo los que nos gustan, los que llevamos con nosotros) actúan de un modo extraño que hace que nos resulte imposible aislarnos de ellos. Por lejos que uno se encuentre en un sentido físico (aunque esté en una isla desierta o encerrado en una celda solitaria), descubre que está habitado por otros. Qué lejos esta sensación o esta idea de aquello que le sucedía al siniestro Unamuno, pensador de primer orden pero egotista ridículo, que llegó a sospechar que los otros no existían, que eran sólo una invención suya para evitar la angustia que le provocaría descubrir que estaba solo en el mundo.” 


absolutamente de acuerdo con Vila–Matas, vaya si Unamuno es egotista ja! pero la sensación más básica es la de sentirse inexistente en medio de los otros. Quizás dependa del media y la velocidad, el solipsismo ya no está de moda.



Enrique Vila–Matas, entrevista en Letras Libres 

sonida: bridges and balloons, The Decemberists.

en: outsiders, soultripping — pin2 @ 4:58 pm
March 17, 2008

Teorema – Pier Paolo Pasolini [1968]

en: outsiders — pin2 @ 2:17 am
March 14, 2008

ciertos ruidos (ciertos ruidos ciertos ruidos ciertos ruidos )en ciertas notas me espantan, 

prefiero el silencio. (                                                   )

Prefiero la contemplación, o mejor, la ejecución,

(imposible llamarla tema u obra de arte)

de mis propios ritmos (de todos los de 

mi cuerpo) junto con los del mundo, cosmología.

incluso quisiera escribir esto en blanco.

No tengo  en mi razones para pensar que puedo llenar

de mis propios sonidos el mundo, de saturar el espacio.

Escribo para dejar marcas, trazos de existencia, (trazos, marcas, rastros, memorias, mentiras)

          pero frente al sonido

cualquier cosa es demasiado, it’s too fucking loud.

Por más zen que parezca alguien que estudia 14 horas seguidas

saxofón

yo siento que pierdo el mundo, tratando de llenarlo.

y peor es aprender

los temas de Coltrane, al derecho y al revés

para demostrar mi talento.

 ! Yo no tengo de eso.





Sólo Cage, que se retira para no tocar

para permitir que la verdad del mundo como azar se de cita

en una pieza con marcas científicas que se abre y muestra el mundo

sólo Cage entiende

y me deja a mí en el lugar de quien lo sigue cuarenta años después, en silencio.





En algún momento voy a tocar

en algún momento

en un lugar

que sea mío

que esté demarcado en todos sus límites por mi mismo, que esté aislado

para no interrumpir el mundo





en algún momento voy  a tocar

entenderé que el sonido

puede ser como una marca escrita

puede ayudarme a dibujar mi plano

a ver el espacio, a abrir el mundo,

(como antes)

pero ahora

no toco nada.

en: poe.mas — pin2 @ 11:49 am

para leer solo en la tarde, en la 72, y compartirla por la noche con quien lo aprecie.

“de la blanda substancia de insípido tufillo se ha filtrado ese algo como un vapor, un vaho… se está condensando… las gotitas de las palabras ascienden en fino chorro, empujándose unas a otras, y vuelven a caer. Ascienden otras y otras más… Ahora ha caído del todo el último chorro. Ya no queda nada.

Todo eso tiene que volver a empezar a toda costa. Dejarse hundir de nuevo… quedarse flotando… acurrucado, a merced del más leve oleaje… Esperar a que se esbocen en lo hondo del cieno ese ciego desenroscarse, ese replegarse hasta que de ahí se desprenda algo otra vez…

Ahí, le parece notar… parece que hay ahí como un latido, un pulso… Se detiene, se reanuda con mayor fuerza, vuelve a detenerse y vuelve a empezar… Es como el ruidito intermitente, obstinado, el rascar, el leve roer que revela al que lo escucha en tensión, en medio del silencio de la noche, la presencia de algo vivo…

Crece, se abre… Tiene el vigor, la intacta lozanía de los brotes jóvenes, de las primeras briznas de hierba, crece con la misma violencia contenida, propulsando palabras que lo van precediendo… Se atraen entre sí… Su delgado chorro se estira lentamente… El impulso se vuelve más fuerte de repente, es una breve erupción, las palabras ruedan cuesta abajo con impulso irresistible y luego todo se calma.

Ahora que ha cesado el tumulto, puede tomárselo con calma y mirar bien, observar atentamente esa forma fundida de una sola vez, erigida por las palabras.

Da la impresión de que por aquí algunas palabras desperdigadas en desorden la enturbian. Hay que cambiarlas de sitio… que permanezcan encerradas entre contornos completamente nítidos…

Si se las mira con despacio, recuerdan más bien conchas, piedrecitas muy lisas y redondas atravesadas por un hilo. Se las puede cambiar de sitio y mirar qué efecto causan. Pueden hallarse otras distintas de las que surgen espontáneamente. Otras que den a la forma que trazan mayor fuerza, mayor pureza. Otras que, se está seguro de ello, no es posible cambiar, por mucho que se indague no se puede encontrar ninguna capaz de ocupar su sitio.

Se despliegan, el hilo que las atraviesa se pone tirante, vibran… escucha cómo se expanden sus resonancias… Solo con ellas, totalmente enderezado a su vez, fuera de la substancia blanda e insípida en la que estaba sumergido, se deleita con sus movimientos, las pone y las quita para que formen arabescos perfilados con mayor arte. Su vibración se amplifica, es ahora una música, un canto, una marcha muy acompasada, los ritmos nacen unos de otros, acuden palabras de todas partes, como si algo las atrajera… fascinado, contempla sus movimientos, suben, bajan, vuelven a elevarse y caen de nuevo. Las guía con precaución. Ahora parece que ya se han acostumbrado y se doblegan solas a determinado ritmo… Se arriman unas a otras, se elevan… Espera el momento en que, al llegar a cierta altura, vuelvan a caer por su propio peso.

Las palabras ahora tienen un brillo mayor, no paran de llegar otras, más raras, más exquisitas, los juegos de sus matices, de sus destellos son más sutiles, su melodía más elaborada, cada vez se torna más potente, como si viniera de un concierto de instrumentos… Es el momento en que conviene pararse. Tomar algún descanso. Se ha llegado a un límite. Se puede, con esto que lo está esperando a uno, correr fuera, colmado de energía desaprovechada, derrochar alegremente parte de ella, retozar… saltos, brincos, cabriolas, risas contagiosas… juegos de niño protegido, despreocupado.


Entre la vida y la muerte, Nathalie Sarraute. p. 69-72

sonida: child psychology, Black Box Recorder.

en: outsiders — pin2 @ 1:54 am
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