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serie micasa 

November 30, 2007

67.

Cuántas veces, presa de la superficie y de la hechicería, me siento hombre. Entonces convivo con alegría y existo con claridad. Floto. Y me resulta agradable recibir el sueldo y volver a casa. Siento el tiempo sin verlo, y hay algo orgánico que no sabría definir y que me agrada. Si medito, no pienso. En días así, me gustan mucho los jardines públicos. En días así, tengo talento, lo que escribo dice algo y la gente me mira. Si miro para arriba y me distraigo un poco más, la gente me admira. Me siento hombre, por eso puedo hablar con los demás y les soy grato. La distracción proviene a veces de un buen sonido en el saxofón, de un comentario elogioso o de una mañana apresurada con un desenlace agradable. Siento el tiempo sin verlo, pasa a través de mí confundido con el movimiento y se despliega en acción. Bueno, no sabía que los jardines públicos me gustaban por eso, tan distraído estoy. Pero hace días que éste es el paisaje que me pertenece, y en el que entro como uno más del elenco en una tragicomedia. En los días que son así estoy equivocado, pero, al menos de cierto modo, soy más feliz. Esa felicidad se ve amenazada siempre por el recuerdo lejano de la realidad, por que no olvido que me engaño, pero me engaño para creer que mi recuerdo es el engaño. El tiempo, ahora que (no) lo pienso, comienza cada vez en esos días y mis recuerdos no tienen nada que ver conmigo. Si me distraigo llego a creer que realmente tengo casa, hogar adonde volver. Si me olvido, soy normal, tengo propósitos, cepillo mi traje y me leo todo el periódico. 
Pero la ilusión no dura mucho, tanto por el hecho en sí de que no dura como porque no llega la noche. Y el color de las flores, la sombra de los árboles, el trazado de las calles y canteros, todo se diluye y repliega. Por sobre el error en que consisto y por sobre el hecho de sentirme hombre, se me abre de repente, como si la luz del día fuese un telón de teatro que se descorriese para mí, el gran escenario de las estrellas. Y entonces mis ojos se olvidan de la platea amorfa y aguardo los primeros actores con una expectación de niño en el circo. En ese momento, mientras cae el telón y se descorre de nuevo para marcar el cambio de acto, escribo.

Soy un liberto ¿un libreto? y estoy perdido.
Siento. Ardo en fiebre fría. Soy yo.

en: Uncategorized — pin2 @ 12:19 am
November 29, 2007

sobre el pensar

frecuentemente, al ponerlo por escrito, el pensar pierde su dinamismo y, sobre todo, es muy difícil que mantenga la característica pluridimensionalidad de su ámbito. A diferencia de lo que ocurre en las ciencias, el rigor del pensar no consiste sólo en la exactitud artificial -es decir, teórico-técnica- de los conceptos. Consiste en que el decir permanece puro en el elemento de la verdad del ser y deja que reine lo simple de sus múltiples dimensiones.

Martin Heidegger

en: despensa(miento), outsiders — pin2 @ 7:52 pm

Claro y distinto

La memoria no la constituyen entonces únicamente las marcas que dejan los objetos en nuestra mente, y Funes el memorioso es la prueba de ello. La memoria de Funes es efectivamente un retrete, un “vaciadero de basura”, en la que no sólo está presente “cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que las había percibido o imaginado”. Descartes pretende prescindir de la memoria por ser falible, Funes “sabía las formas de las nubes australes del amanecer del 30 de abril de 1882 y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho.” Pero también dudaba Descartes de la imposibilidad de borrar los prejuicios y percepciones erradas de sus sentidos o sus sueños; de hecho, los sueños de Funes “son como la vigilia de ustedes”.*

*Todo esto puede sonar algo ‘poético’, pero no es para nada claro. Esta última frase, si la miras bien, no parece tener mucho sentido. Jorge Aurelio Diaz.

Ireneo Funes, que puede intuir plenamente las muchas caras de un muerto en un largo velorio y que nunca ha dudado de tales recuerdos, es incapaz, efectivamente, de cerrar los ojos y los sentidos para hacerse familiar a sí mismo (Med III); Un hombre que no puede olvidar “no creería ni siquiera en su propio ser”.

El sentido no se encuentra en las frases. El sentido no es la conexión lógica entre dos enunciados. El sentido, o su ausencia, no se encuentran al «mirar bien esta última frase», se encuentra al mirar el conjunto, su movimiento, sus vacíos, el intersticio del entre. El único argumento es que no todo es memoria de recordar las cosas y de unir enunciados, existe un trasfondo, un horizonte, y sí, si se puede entender.

¡Y lo ‘poético’! ¡Con las comillas! ¡Borges no es ‘poético’! Claro, como en filosofía sólo se puede hablar con argumentos y silogismos y pruebas, ¡ciencia idiota! ¡Memoria sin pensamiento, eso es! Yo también sospecho que no es capaz de pensar. El problema es que pensar no es únicamente olvidar diferencias ni generalizar ni abstraer, en eso son especialmente buenos y ciegos los filósofos. No, pensar es poder sentir el vacío de la cabeza haciendo succión, es desaparecer como persona y ser miles, cada uno una idea distinta sin conexión, sin relación, pero por eso mismo relacionado.

«Más que lograr una articulación consistente, lo que se produce es una mezcla de elementos heterogéneos, sin que se llegue a conclusiones convincentes» dice también. Bueno, exactamente, eso es pensar.

«Todo cuanto es acción, sea guerra o razonamiento, es falso; y todo cuanto es abdicación es falso también». ¿Qué queda? el intersticio, el fragmento, lo incompleto, lo heterogéneo, el fracaso. Es que Pessoa sí sabe pensar.

Pues claro, ¿qué ‘sentido’ (ahora sí con comillas) va a tener hablar de alguien cuyos sueños son iguales a la vigilia de la gente común? ¡Eso no le sirve a la filosofía, la filosofía necesita hechos! ¡la filosofía es una ciencia! Una ciencia lela, diremos. La ciencia del no pensar.

«El problema de integrar puntos de vista tan diversos, es que exige un gran cuidado para precisar los contornos, establecer con claridad los puntos de encuentro y las divergencias». ¿Y qué decir frente a esto? ¿Acaso hay algo que tenga contornos? ¿Acaso las divergencias no son los puntos de encuentro? Los puntos de vista no están integrados, ni se intenta hacerlo, están ahí tirados, están puestos, simplemente puestos (lo cual es una forma irónica de hablar porque las cosas no están «simplemente puestas», las relaciones que se crean son muchas más de las que se pueden enunciar, no hay nada que esté simplemente junto a algo, repetir las relaciones es hacer tautologías y, como muestra el arte, sólo hay que hablar de las más evidentes, las demás desbordan las posibilidades formales del texto).

Yo no puedo sino reconocer la falta de esfuerzo por pensar, por ver en las imágenes y por comprender el sentido del sentido. Esto no es claro, claro que no. La música es clara, el pensamiento es opaco, oscuro y denso, son miles de capas superpuestas, sin contornos ni límites. La claridad del pensamiento es artificio. Pero claro, es un curso sobre la filosofía de Descartes y todo eso está prohibido. Claro y distinto.

en: despensa(miento) — pin2 @ 1:46 pm
November 28, 2007

lunch

en: dearte, musical(es), outsiders, pollystream — pin2 @ 5:57 pm
November 26, 2007

COMPENDIO DE MUSICA

su objeto es el sonido.

Su finalidad es deleitar y provocar en nosotros pasiones diversas. Ahora bien, las cantilenas pueden ser tristes o alegres, y no debe extrañarnos que suceda algo tan opuesto, pues los poetas elegíacos y los autores trágicos agradan más en tanto excitan en nosotros una mayor aflicción. 

Compendio de Música, René Descartes (1650)   
en: despensa(miento), musical(es), outsiders — pin2 @ 11:26 pm
November 19, 2007

suma de dias:

mugre en la cocina.
mugre en el suelo.
mugre en la ropa.
mugre en las uñas.

más problemas.
más issues.
más dudas.
más incertidumbre.
más depresión.
más compromisos.
más decepciones.
más distancia.
más odios.
más negación.
más fracasos.
más intentos fallidos.
más canciones.
más libros leidos.
más libros por leer.

menos plata.
menos comida.
menos perspectiva.
menos comprensión.
menos placeres.
menos música.
menos energía.
menos claridad.

repetición
de los dias.
de lo mismo.
de lo diferente.
de lo igual.
de lo parecido.
de lo similar.
de lo inevitable.
de lo impredecible.
de lo inesperado.
de lo obvio.
de lo de siempre.

permanece
el amor.
el movimiento.
el cambio.

en: Uncategorized — pin2 @ 10:24 pm

música mística

ya no existen los espacios de la música. Ya no existe su momento sagrado, su contemplación absoluta, trascendental. ¿Cómo comprender el temor de Agustín frente a su poder místico, que pudiera quizás alejar a los hombres de Dios?  No no es posbile, con nuestra experiencia de la música, pensar en una religiosidad musical. La música como espacio de elevación total para el hombre ha desaparecido. Es más, nosotros mismos, como hombres, nos hemos encargado de desacralizarla, de robarle sus espacios y la contemplación que nos exigía. Pero ella intenta, aún hoy, hacerse notar en nuestra vida, introducirse a través de audífonos en nuestra cabeza, llegar a través de torres de sonido a miles de personas a la vez y atravesar el espacio de inmediato en forma de radio y formas digitales, que se acumulan en nuestras bibliotecas exigiendo pacientemente la atención que una vez le dimos. Los espacios existen, y se los otorgamos, pero apenas como una más de nuestras ocupaciones. Ponemos fechas, precios y localidades a los conciertos, vendemos y compramos las grabaciones, los derechos y las acciones sobre ella como si se tratara de un objeto más a nuestra disposición. Gastamos nuestra inteligencia y dinero en fabricar y comprar equipos de super alta fidelidad para lograr un “sonido” impecable, y nos definimos por su marca, sin preocuparnos por lo que suena en realidad. La estudiamos, la analizamos y la disecamos, y recibimos calificaciones y reconocimiento por hacerlo. La usamos sin pudor para musicalizar comerciales, propagandas políticas y ambientar espacios sociales, para llenar los momentos incómodos que puedan surgir entre nosotros y nuestros tontos asuntos importantes. 

Existen momentos de contemplación. En una mañana soleada podemos dejarnos llevar por la música a través de los audífonos, sentir el sol que arde en la piel, ver cómo la ciudad se distorsiona por los rayos que hieren nuestros ojos y abandonarnos a los sonidos, que nos guían y nos ponen a caminar a su propio ritmo, nos elevan con su movimiento ex–tático y redefinen nuestros espacios. Somos capaces de saborear el vibrato del cello, ver los colores que se reflejan en la superficie de un pad de sintetizador tan profundo que se pierde en el tiempo vertical, dejarnos atrapar por las imperfecciones de la voz del cantante mientras gime y murmura cosas incomprensibles, o elevarnos en lo sublime de una sinfonía aunque no podamos comprender su forma. Quizás alcanzamos a contemplar un instante de lo que constituye realmente la detención temporal que la contemplación mística pudo darle a los músicos de la antigüedad.

Pero el mundo “real” nos arrebata de esos estados: en medio de un loop que nos tiene absorbidos la cajera nos pregunta si es para llevar, encima de las Variaciones Goldberg, un vallenato se impone a través del equipo super hi–fi de la buseta. No podemos cruzar la calle sin detenernos en medio de un compás a mirar si vienen carros, y los pitos y gritos del tráfico entran en fortissimo en medio del piano sostenuto que nos invadía hace un instante. En casa el teléfono suena a contratiempo, el celular introduce percusiones inusuales en medio del trio, igual que en los conciertos, llenos tanto de pretensiosos como de ignorantes que la música no encuentra dónde establecerse. Es que simplemente ya no comprendemos la contemplación, ya no existe en nosotros. Nuestra experiencia de la música no puede ser ahora más que fragmentada e incoherente, una canción de Rolling Stones después del Arte de la Fuga, mientras se oye al fondo un vallenato y la gente que canta con él. Los compositores son apenas referencias de biblioteca, los nombres de  los grupos son formas de medir el status y la inteligencia de la gente que conocemos, buscamos siempre la música que anime el espacio donde nos encontramos, algo chévere para bailar y conversar. La música antes debía ser contemplada en éxtasis, elevarnos y comunicarnos su mensaje inefable, nos exigía atención para su espacio. Ahora apenas le damos un espacio en nuestras vidas inconexas, apenas somos capaces de atrapar pequeñas estelas de su vuelo y dejarnos llevar por lo que podemos comprender de ellas, durante un instante que no alcanza a detenerse completamente.

sonida: la cathédrale engloutie, Claude Debussy.

en: despensa(miento), musical(es) — pin2 @ 9:45 pm

podría entenderse de muchas maneras. En realidad se trata de lo mismo. Ir tantas veces y volver con dos momentos diferentes. Sentarse a escribir en una mañana fría, antes de todo. No escribes sobre ti, no escribes sobre nadie, ni sobre nada. Es, y lo sabes, la relación única que tienes con tu computador, con el suave teclado, con las palabras que van apareciendo en el orden que deseas en la pantalla, si que necesites otra explicación. Escribes como si alguien fuera a leerlo, como si nadie fuera a leerlo, como si pudiera perderse. Escribes para sentir eso que tantas veces has intentado describir (ahora tal vez ya ni lo intentas), ese espacio en donde moldeas las palabras. El pasto se mueve! No es el viento, es muy pequeño, muy delgadito, muy duro… Se mueve, es la vida! Ahí es a donde quieres llegar, la contemplación. Con razón antes se emocionaban tanto con la naturaleza. Y los colores, esos colores. Es un ambiente (así lo explicaba ella, seguramente tu ni le entendiste, no podrías…), pero no es que uno use un color para dar un ambiente, (no es imitar la naturaleza…), sino que el color está ahí, todo estaba ahí! En los bordes era más clarito, y hacia adentro era el mar… Desabstraer! (se ve aún más increíble cuando la escribes…  Y la naranja rosada salmón que parecía un trozo de carne humana, claro que la entiendes! pero, entenderla… Si, claro que si la entiendes, quizás no puedas ver todos los colores en este momento pero te has sentido igual con respecto a las nubes, al pavimento, a la sombra de un mueble que no acaba de parecerse a lo que la produce… Tu también te quedas mirando las fotos que van pasando en la pantalla del computador y puedes dejarte llevar tanto hasta que sólo ves piscinas, caras y corredores mal iluminados que aparecen sobre el espacio, también te dejas cegar por el sol en tus ojos, acostado en el pasto (que se mueve!) y sientes que te estás moviendo entre los sonidos, que cambias de textura con la música. Si, también quisieras acariciarla con los sonidos… Y es por eso que sentarte al frente del computador, coger un libro, oír música, hablar con ella o con algunas personas más y esas cosas son experiencias tan desbordadoras para tí. Te sientes absolutamente pequeño, incapaz… Perdido en tanta información, no sabes por dónde empezar, ni siquiera sabes escribirlo bien, ni siquiera quieres escribir más. Pero hay que empezar la semana escribiendo, hay que poner un par de cosas en palabritas negras para poder pensar, para poder entender la forma de las cosas, para sentir que tienes algo en tus manos, algo que puedes palpar y girar y explorar, que tal vez puedas entender, en algún momento.

 sonida: passenger seat, Death Cab for Cutie.

trampas…

¿Qué es esto? –Es una trampa. ¿Para quién? –Para mi mismo, está ahí mortalmente lista para cuando esté desprevenido. ¿Una trampa para ti mismo? –Sí, las tendemos todo el tiempo, ésta es solamente más radical. ¿Tienes miedo? –Es más fácil así. ¿Cuál es el punto. –No saber cuando viene, pero estar siempre preparado. ¿No es así siempre? –No, somos demasiado cobardes.

–un cortocircuito en el calentador del agua cuando te bañes.

–recorridos por lugares inapropiados a horas inapropiadas.

–un reguero de agua en un punto estratégico del apartamento.

–un tornillo suelto en tu carro.

–comida con la fecha de vencimiento pasada en la nevera.

–pasar debajo de un puente que no se ve tan resistente.

sonida: vergüenza es robar y que lo vean, Juana Molina.

en: selfwatchingfromtheoutside — pin2 @ 10:20 am
November 16, 2007

en: dearte, musical(es), outsiders — pin2 @ 5:57 pm
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