de nuevo escribes. de nuevo pasa. de nuevo el cielo se cierra y la noche es insoportable. la soledad y el silencio, la oscuridad, la oscuridad. porque todo es igual, porque los dias no son sino acumulaciones pesadas de golpes sin sentido, porque ser feliz es olvidar. la contemplación del mundo, mirar por la ventana, [...]
Regreso (a mis lugares, a casa, al pasado)
comprendo nuevas situaciones y veo el sentido (a veces disperso)
de los espacios en mi interior.
y así sigo en el ir y venir, entre el mundo y yo, sin sentirme en casa en ninguno de los dos. poco a poco, con mucha ayuda y después de más errores que aciertos, alcanzo a vislumbrar una parte del sentido. me siento superado por situaciones que ya no intento aprehender, me alejo de las representaciones y de las expectativas, tratando de estar enfrentado al afuera. Serenidad. no me arrojo a una creencia mística, no me represento el mundo como creación, pero al ser superado por el pensamiento, al comprender el afuera, el mundo como horizonte, la palabra como origen y verdad, siento cómo puedo dejar de ser yo para ser con el mundo. entre más me esfuerce por comprenderme más me voy a alejar del mundo y de cómo él me comprende a mí. sólo queda esperar, en realidad, y seguir aquí.
existe la música, existen las ideas y los libros, existen los lugares que puedo visitar, y existe ella.
el resto son apenas encuentros casuales entre los anteriores.
lo puedo manejar.
sonida: cuarteto de cuerdas No. 2 en A menor, Béla Bartók.
dos horas sentado en una banca. no-lugar. confluencia. luego, pasos, mala comida, desencuentros, más pasos. finalmente una silla, café y libros. tranquilidad. atravesado música, por palabras, gestos impropios (de no propios y de inapropiados), palabras que no están. un silencio que no es mio, impuesto, no logrado, no siloquente->> mutismo.
no sé cómo comprender nada, no sé cómo actuar, no sé cómo hacerme comprensible al mundo, o viceversa. presión de-presión. a veces es malo madrugar tanto.
y no tengo ganas de escribir. nada.
sonida: cuarteto de cuerdas No. 2 en A menor, Béla Bartók.
Pensaba en mí, pensaba en la hermosa mujer que caminaba a mi lado, pensaba en ella y en mí, y luego volvía a pensar en mí. Estaba en una edad en que, mirara lo que mirase, sintiera lo que sintiese, pensara lo que pensase, al final, como un boomerang, todo volvía al mismo punto de partida: yo.Norwegian Wood, Haruki Murakami
si ahora me relajo me haré pedazos. Desde hace tiempo he sido incapaz de vivir de otra manera, y todavía lo soy. Si bajara la guardia, aunque fuera una sola vez, sería incapaz de recomponerme a mí misma. Me haría pedazos y éstos volarían con un soplo de viento. N.W.
Vivo en la experiencia constante de la destrucción de mi propio yo. Vivo en el peligro de que se haga pedazos, de que me confunda tanto con el exterior que termine por desvanecerme completamente. Soy el puente que va desde lo que no tengo a lo que no quiero. Soy el gesto que intenta apresar la experiencia, cristalizar un momento para comprenderlo, pero no puedo eliminarme a mí mismo de esa experiencia, de su temporalidad. Ese yo del que hablo, al que me refiero siempre y me hace egoísta, siempre está saltando, saltando de un lado a otro, saltando en cinco patas, saltando en pedazos. Ese yo no está en ninguna parte. Es a veces la experiencia de mi mundo, es a veces la proyección de posibilidades, a veces las coordenadas, o el campo de posibilidades en donde se es posible encontrarlas, sin que sea posible definirlas (definirme) nunca. Quiero ser atravezado por los flujos, quiero estar enthousiasmado, pero, de alguna manera, tengo que mantener unidos los pedazos en alguna dimensión. Esa dimensión es mi experiencia. Soy egoísta por reducción. Me aferro a lo único que es en alguna manera estable, a la única palabra que puede concretarlo todo de alguna forma y evitar esa destrucción inminente/inmanente. No es un cartesianismo, no lo tengo como certeza única: para mí el mundo tiene más realidad que yo mismo, ese es el problema. Tengo que concretar, en medio de la tormenta de flujos que hacen el mundo, un punto mínimo en el que algo sea yo. Es la añoranza del yo. La búsqueda de identidad es una lucha contra el mundo. El egoísmo reductivo es una estrategia de defensa ante el mundo.
Y sin embargo es imposible. Aquí estoy, respondiendo preguntas de otros, con palabras de otros, sin saber dónde estoy ni para dónde voy. Hay tantas preguntas, hay tanta incertidumbre, hay tanto ruido… Tengo direcciones, tengo objetivos y situaciones, pero sigo atrapado en el mismo problema de siempre: cómo conciliar el exterior con el interior, lo móvil con lo fijo, lo múltiple y lo uno. La respuesta siempre es la dinámica, pero tengo tal vez nostalgias y dolores, deseos románticos que me atan a ciertos polos y no me permiten experienciar. Tal vez la experiencia es siempre desconcertante porque es desbordadora. Estoy siendo siempre desbordado por el mundo, en una experiencia que cada vez deja de ser la mía. Al final de todo, escribo más de mí y sobre mí y mi yo que antes, cuando lo que quería era comprender mi egoísmo. En este momento, no sé nada.
sonida: like a child, The Junior Boys.
Y entonces desde tu (mi) ventana no aparece nada de lo que alcanzamos a ver, ni las luces de otras ventanas, ni tampoco nuestro reflejo que entre estas formas se interpone, sí. Lo que (no) se ve es lo que aparece allí. Será que sólo aparece nuestra presencia. Será que esos somos. Será que ahí estamos. Será que ahí estamos y esos somos y nueva-mente.Y es hoy, por lo menos, un bonito reflejo.
sonida: like eating glass, Block Party.