no somos más que tristes amantes de atardeceres. Los otros nos encontrarán contemplando en silencio la caída estática del sol al final de la ciudad, y nos tomarán por locos o extraños. Pero no somos más que eso, observadores de lo estático. Es posible comprender nuestros días como una espera solitaria que se demora en [...]
Amaba las Matemáticas. Había estado contando los latidos de su corazón, lo atormentaban. Alguna vez estuvo contando los Árboles Caídos en el paisaje de su Memoria inalcanzable. Memoria… Ah… Donde hay vida, hay memoria- y para las dos había opciones innegables y apasionadas en él. Había escogido la primera, y la segunda era el curso que seguía. [Encontrar un curso y seguirlo. Escoger. Seguir la vida].
La vida había sido una opción, y estaba apasionado por ella. Las maldiciones lo rodeaban, cuestionaban y respondían su Identidad. Dejó de deambular, y los ángeles temieron que un día pudiera llegar a Casa. Su paz turbulenta estaba tan bien practicada que incluso las Tormentas lo pensaron un momento antes de entrar en su cráneo. Pero cuando se formaron… dejaron memorias inclementes, de nuevo. Como un Flashback muy bien visitado. Y recordado, también.
En esta noche particular caminaba contando. La noche tumultuosa trataba con fuerza hacerlo parpadear. Había un poco de tinta Azul de Prusia en la noche, y sonrió. Iba a ser una de esas noches, de nuevo, pensó para sí mismo. Las premisas estaban disponibles fácilmente. Siguió caminando por un par de latidos, hasta que por fin miró hacia arriba. Es como uno de esos momentos en los que presumes tranquilamente que todo es rutina, y todas las facultades en el departamento de Lógica de tu mente están presentes, pero el parpadear de un sentido mal nombrado te desordena. Y como él era una delicia sesquípeda, sabía qué hacer. Así que miró hacia arriba sin detenerse. [Él era un instante, una circularidad que lo engloba todo, gira muy rápido y lo refleja todo, nos refleja a todos].
La lluvia estaba recta esta noche- no como otras noches.
La tormenta estaba en calma, no como otras miradas.
El cielo Nocturno había cambiado, también- como si estuviera tratando de borrar un punto en su memoria. Se plantó justo encima de su cabeza, calculando, con sombras del verde más oscuro que jamás había producido, y el terciopelo más opaco que había fumado. Miró hacia arriba. La lluvia golpeó sus ojos tan duro, que después de medio segundo sintió sus globos oculares flotando en la lluvia que se había acumulado en sus cuencas. El dolor en sus ojos no lo preparó para el destello que estaba a punto de cegarlo en un instante. [Producir el acontecimiento, la situación propicia para el acontecimiento. La noche, la lluvia, la consciencia completa del círculo en el que se gira].
*
La lluvia plateada bailaba con ella. Como si eso no lograra llevarla de regreso a casa. Las criaturas como ella siempre habían sido un defecto- retozando en la Tierra, el Cielo y todo lo que hay en medio. No eran ni siquiera realmente desviadoras. Ella bailó, luego, sabiendo completamente la sutileza de su existencia y de la esencia de su ser. El satín negro se había pegado a ella, para salvarse a sí mismo de estar seco. Ella se rió, y éste se envolvió alrededor de ella con prisa. En la distancia desde donde él la miraba, no estaba seguro de dónde venía la oscuridad de su cuerpo. Ella estaba desnuda exceptuando la Noche. [Ella y la noche. Ella danza en la Noche, que la oculta y la expone. Se confunden, ella y la noche].
La Noche siempre le hacía bromas a su mente. Y ahora él miraba a la mujer con un insulto y una pequeña carcajada- su lógica le decía que estaba a salvo. Pero él permaneció ahí, diciéndose a si mismo, asegurándose de que no podía haber sustitutos o imitación. La miró, despreocupado por el momento, de manera insidiosa. [Mirarse y llamarse, mantener las posiciones pero hacer grandes movimientos].
Las hojas húmedas verdeoscuras besaron sus pies, sus mejillas y sus brazos. Fue ese contacto lo que inició la Música. Ahora podía oir sus latidos incrementados en intensidad por miles. La definición de intensidad que dan las Matemáticas no impresiona la psicología, después de todo. Sus latidos se convirtieron en el Trueno. Lentamente notó la simetría de los pies de la mujer y los relámpagos le permitieron ver un destello de su alma. Si uno pudiera ver el Trance en una sinfonía perfecta de asimetría- eso era él. Sus párpados se volvieron pesados, sus globos oculares flotaban con el éxtasis en el que se disolvían. [Sentir el mundo retando la lógica, los contactos forzando las uniones, el suelo temblar...].
Sintió sus latidos tratando de hacer un pulso del sonido. Sintió sus pies atados a la Tierra. Sintió la Tormenta tratando de tocar su alma. Sus capas fueron arrancadas, una por una… Hasta que no quedó nada excepto su Alma.
El Relámpago lo transportó hasta el carmesí plateante que fluía incesantemente de los ojos de ella, y eso que lo llevó al Espacio y a la Esfera de una Libertad cautivadora. [Comprender el relámpago en la mirada, transportarse en un instante]. Su lógica abrazó la locura y él sintió su alma atrapada en ese momento. Podría volver y retroceder la cadena completa de rocío, y sin embargo no podría soltar la Libertad. La Locura de sus movimientos, la humedad del momento lo invitaba a un Universo- ellos ya se habían visto. [Toda la Locura, la Libertad, fluyen y lo (me) transportan, es trascendencia].
El quería quitar sus ojos de ese reino, sentarse y verla a ella y a sí mismo atrapados en ese momento prohibido y sin embargo, no lo hizo. Simplemente no se iría. La mujer bailó, tomando su alma, retándolo a mirar a otro lado, trascender en una luz que siempre le ganaba a la oscuridad. La Noche lo retaba a liberarse, a quedarse quieto en ese remolino de maravilla, hundirse en el Negro, en el Plata. El relámpago Carmesí en los ojos de ella lo tentó a poner todo en juego. La Locura permanecía llamándolo.
El paroxismo tomó su muerte.
sonida: burning from the inside, Bauhaus.
Hi. Thank you for dropping by, and embracing a piece of insanity.